René Girard. Veo a Satán caer como el relámpago
Barcelona: Anagrama, 2002. 248 páginas.

Hay muchos tipos de valor, y en consecuencia muchos tipos de héroe. René Girard, al escribir este libro, ha demostrado ser un auténtico valiente, y su libro se puede considerar, con toda justicia, una hazaña intelectual.

La hazaña de Girard ha consistido en enfrentarse a doscientos años de inercia intelectual, a una tendencia que hoy es absolutamente hegemónica en el pensamiento de Occidente. Este antropólogo se ha atrevido a defender, no ya la vigencia de Dios, sino la validez de una religión en particular: la cristiana. Desde la misma introducción expresa su propósito con descaro; afirma que no tiene intención de escribir una “demostración de Dios”, puesto que tal tipo de demostraciones, hasta ahora, sólo han servido para justificar las innumerables variantes del deísmo, y a la larga no ayudan a la supervivencia de una religión tan rica, y llena de matices, como el cristianismo. No; su intención es demostrar que la doctrina de Cristo es cierta. Tan simple y tan revolucionario como eso. En una época como la nuestra, donde se da por sentado que no existe “una verdad”, sino “muchas verdades”, resulta perturbadora la confiada, casi arrogante, pretensión del autor francés. Su libro tiene esa fuerza, esa confianza, que llenaba los escritos de los pensadores en otros tiempos, antes de que triunfase el relativismo. Llama la atención, sobre todo, que un desafío como éste a las ideas hoy hegemónicas, venga precisamente de un antropólogo, cuando ha sido la antropología una de las disciplinas que más ha ayudado a erosionar la idea de una “verdad absoluta”.

El libro no se apoya para desarrollar sus tesis, apenas, en ninguna de las escuelas teológicas cristianas. Los teólogos cristianos, según Girard, han cometido durante siglos un mismo error: atomizar, despedazar los evangelios, en vez de intentar comprenderlos como una obra unitaria. El segundo error, que surgió en la época de decadencia del pensamiento cristiano, fue ceder a la arrogancia de los ateos. Desde hace siglos, éstos han venido ridiculizando aspectos fundamentales de la religión, tachándolos de paparruchas, de mitos grotescos. Girard, al contrario de muchos otros apologistas “posmodernos”, no cede al chantaje, no intenta conciliar el pensamiento cristiano con el escepticismo cientifista; no expurga los evangelios de aquellos temas que resultan más repugnantes, risibles o inverosímiles a los enemigos de la religión. Abiertamente habla de ideas como Satán, el infierno, o la Segunda Venida. Se enfrenta a estos conceptos básicos del Cristianismo y los traduce a un lenguaje comprensible para nuestra mentalidad. Incluso se atreve a explicar la dimensión histórica del Dios de los evangelios.

Dios no es un amo ciego e inmutable, sino que se relaciona con la Humanidad de acuerdo con un plan a largo plazo. Girard, en lo que constituye la mayor osadía del libro, se atreve a esbozar ese plan, y lo relaciona con el rumbo que ha seguido la historia, desde el Antiguo Testamento hasta nuestros días. Llega al extremo de localizar en el tiempo el “reinado de los mil años” de Satán sobre la Tierra, tal y como está anunciado en el Apocalipsis. Afirma (y justifica convenientemente) que el “triunfo de Cristo” es un hecho, no una frase de esperanza irracional, incluso cuando las iglesias estén hoy vacías.

No quiero explicar, ni esbozar siquiera, la tesis fundamental de Girard; baste decir que me ha resultado muy convincente. Por supuesto, cada lector deberá hacerse su propia opinión. El libro está escrito como una apología, y por tanto el autor se ha esforzado para que se le comprenda perfectamente. La idea principal se repite varias veces a lo largo de sus páginas, formulada de distintas maneras. Esto puede llegar a hacer cansina su lectura, pero al mismo tiempo facilita la comprensión. No es un libro para disfrutar leyendo, sino para pensar. Como cualquier libro, éste también se puede criticar; es evidente que el entusiasmo de Girard a veces lo arrastra a posturas discutibles, como su profundo filosemitismo. En todo caso, no afectan al cuerpo principal de su tesis.

Una obra imprescindible para creyentes y escépticos por igual. Aunque sólo fuese por la ácida crítica de los principales pensadores anticristianos que contiene, merecería la pena leer “Veo a Satán Caer como el Relámpago”. Ya era hora de que alguien pusiese a Nietzsche en su sitio...

© Cristobo de Milio Carrín (enero de 2003)
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