El show de Truman
The Truman Show, Estados Unidos, 1998

Director Peter Weir
Guión Andrew Niccol
Intérpretes Jim Carrey (Truman Burbank)
Ed Harris (Chritof)
Laura Linney (Meryl Burbank/Hannah Gill)
Noah Emmerich (Marlon/Louis Coltrane)
Natascha McElhone (Lauren Garland/Silvia)
Holland Taylor (Madre de Truman)
 
Fotografía Peter Biziou
Música Philip Glass
Burkhart von Dallwitz
Duración 102 minutos

Un programa de televisión lleva 30 años de emisión. Su escenario es un plató gigante, que simula una isla llamada Seaheaven.

Este programa trata de la vida de Truman. Los espectadores han visto su nacimiento, boda, trabajo... El mundo que le rodea es artificial (aunque él no lo sabe), está lleno de actores que representan su papel según lo va ordenando el director del programa (Christof). El único que es auténtico es precisamente Truman. El problema viene cuando este se enamora de la persona no elegida (Silvia) y ella, viendo que va a ser despedida, decide contarle a Truman la verdad. En ese momento el protagonista no se da cuenta de que está siendo manipulado, pero más adelante, y tras varios fallos de la organización, comprende que su «vida ha sido conducida en cierta dirección». «Pienso que el mundo gira a mi alrededor», dice en un momento de la historia. Truman se percata de que cuando hace algo imprevisto las cosas se estropean.

La película puede tener varias lecturas, pero la analizaré brevemente desde la óptica del director del programa y desde la de Truman.

Contemplando el asunto desde el punto de vista de Christof (el director en la ficción) es fácil evocar la posibilidad de una vida controlada. En la película el que parece controlado es Truman, pero él es el único que no finge. El mundo que le rodea es la parte controlada ya que ellos tienen que representar un papel toda su vida, les guste o no (el papel de madre, mujer, amigos...). El director del programa actúa como un dios que dirige la vida de todos (sean o no conscientes de ello). Y me pregunto: ¿Somos en realidad meras marionetas en la vida? ¿Es este mundo un tablero de juego? Si las respuestas son afirmativas ¿cómo podemos entender que nuestras vidas sean tan crueles? ¿Quién es el que nos controla? ¿Un Dios que nos trata como marionetas, quizá? ¿La sociedad? Y si no estamos controlados, ¿cuál es la razón de vivir? ¿La vida misma? ¿Un Dios-amor que nos aguarda al final del camino?

Desde el punto de vista de Truman: ¿Qué ocurre cuando nos damos cuenta de que estamos siendo manipulados por nuestro alrededor (televisión, radio, amigos, conocidos...)? ¿Nos dejamos arrastrar por la corriente? ¿O luchamos como Truman para salir de ella? En otras palabras, ¿estamos dispuestos a ser la excepción siempre que nos parezca éticamente necesario?

© J.Z.P. [javierzanuy@laexcepcion.com]
(septiembre de 2001)
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