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I Am Not Your Negro
I Am Not Your Negro, Estados Unidos, 2016

Director

Raoul Peck

Guión

Raoul Peck

Reparto

Samuel L. Jackson y James Baldwin

Fotografía

Bill Ross, Henry Adebonojo y Turner Ross

Música

Alexei Aigui

Duración

95 minutos


Un mazazo todavía necesario

En 1979 el escritor James Baldwin comenzó un escrito, Remember This House, que nunca terminaría. El director Raoul Peck toma ese texto como base del impactante documental I Am Not Your Negro. Casi cuarenta años después, las palabras de Baldwin siguen sonando actuales. Baldwin era un pensador agudo, y su discurso es tan profundo que sería necesario volver a ver la película para asimilar algunas de sus ideas; o, mejor, leer tranquilamente el texto para poder meditar sobre ellas.

Baldwin desmonta la falacia del “sueño americano”, y expone cómo la identidad de Estados Unidos está construida en gran medida sobre la aniquilación y la negación del otro, sea el nativo, sea el negro. Quizá alguna de sus afirmaciones pueda resultar algo extrema, pero la contundencia de su análisis es un mazazo todavía necesario, pues perviven esquemas de pensamiento y pulsiones que fluyen desde la larga historia de la opresión, mal asimilada todavía en amplias capas de la población.

Cuando Robert Kennedy predijo que quizá en cuarenta años Estados Unidos estaría preparado para tener un presidente negro, Baldwin criticó ese comentario por su paternalismo y porque estaba emitido desde la percepción de un blanco poderoso, ignorando el punto de vista de los innumerables negros marginados en el país. Cuando Peck inserta a continuación la imagen de Obama tomando posesión del cargo presidencial, quizá lo hace para mostrar la evolución experimentada por el país, pero yo quiero ver una alusión crítica: ni siquiera con ocho años de un presidente negro se ha conseguido encuadrar correctamente “la cuestión negra”.

Si el conjunto de la nación tiene todavía una deuda pendiente con su pasado, qué diremos de muchas de sus iglesias, en cuyas filas se alimentó el espíritu diabólico de integristas cristianoides que predicaban que la segregación era la voluntad de Dios, y combatieron con auténtico odio –como se puede ver en la película– a los partidarios de la integración. Pero, gracias a Dios, el cristianismo estadounidense también alumbró figuras como Martin Luther King y muchos otros defensores de la dignidad humana, que supieron aportar como nadie un enfoque constructivo imprescindible para avanzar. Quizá al análisis de Baldwin le falte algo de ese espíritu constructivo. Pero su contribución es esencial, y la plantea sin victimismo pero sin paños calientes, sin caer en el síndrome de Estocolmo pero sin sed de venganza: solo sed de justicia.

Qué interesante paralelismo el que establece Baldwin (y Peck muestra con imágenes cuidadosamente seleccionadas) entre la cultura del espectáculo propia de su país y las drogas, ambas al servicio del Sistema porque narcotizan y sumen a sus usuarios en ensoñaciones fantasiosas, desactivando la capacidad de respuesta crítica de sus víctimas.

El mensaje de I am not your negro no es exclusivo para estadounidenses: nos concierne a todos. Cada sociedad tiene sus “negros”. Y en definitiva el asunto central de esta película es la identidad, que erróneamente nos empeñamos en explicar con modelos polarizados. Por eso Baldwin dice: “No soy un negrata, soy un ser humano”. Mientras no integremos esta óptica en nuestra aproximación al otro, seguiremos atascados en esquemas equivocados.

© Simón Itunberri (30 de mayo de 2017)
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