Black Hawk derribado
Black Hawk down, Estados Unidos, 2001

Director

Ridley Scott

Guión

Ken Nolan y Steve Zaillian;
basado en el libro de Mark Bowden

Intérpretes

Ewan McGregor (Compañía Clerk John Grimes)
Tom Sizemore (Teniente Coronel Danny McKinght)
Eric Bana (Sargento de 1ª Clase Norm Hooten)
William Fichtner (Sargento Mayor Paul Howe)
Ewen Bremner (Especialista Mike Kurth)
Kim Coates (Soldado Wex)
Hugh Dancy (Sargento de 1ª Clase Kurt Schmid)
Ioan Gruffud (Sargento Beales)

Fotografía

Slavomir Idziak

Música

Hans Zimmer, Jeff Rona y Mel Wesson

Duración

144 minutos

Un producto de consumo belicista para la nueva realidad internacional

Black Hawk derribado es una recreación minuciosa de una breve operación mediante la que Estados Unidos intentó detener al "señor de la guerra"somalí Mohamed Farrah Aidid en 1993, durante la campaña de la ONU "Devolver la esperanza" (ver Glosario de eufemismos de política internacional).

¿Qué se puede esperar de una película de guerra? Si las grandes realizaciones del género han alcanzado esa categoría, ha sido trascendiendo el acontecimiento bélico específico. De esta manera, recurriendo a la guerra como tema o marco, la película alcanza su cualidad artística mediante procedimientos creativos tan diversos como integrar una historia personal en el contexto bélico, desarrollar un alegato antibelicista, interpretar simbólicamente los hechos, construir una trama argumental sólida, concentrar las vías de reflexión en un desenlace sorprendente, parodiar la guerra...

En cambio, Ridley Scott ha realizado un film de acción pura, con personajes planos y estereotipados, secuencias previsibles y repetitivas. Si bien hay que reconocer que Scott tiene una gran habilidad narrativa e incluso un estilo propio (cierto virtuosismo visual con toques de brutalidad), al perseguir como primer objetivo el impacto visual, su cine ofrece unos resultados manifiestamente pretenciosos.

Black Hawk Derribado no pasa de ser un simple espectáculo de sangre y fuego; ni siquiera alcanza la categoría de ejercicio de estilo innovador, pues, aparte de algunos recursos visuales de poco interés, se tiene la sensación de que todo se ha visto previamente. El abuso del efecto de saturación (que en Gladiador supo compensar con la construcción de personajes más complejos, una trama con más recovecos y algunos elementos simbólicos de gran belleza) resulta aquí agotador y, por tanto, aburrido.

Como en todas las películas de guerra convencionales, el combate está narrado exclusivamente desde la perspectiva de uno de los bandos: el sufrimiento heroico de cada uno de los 18 soldados estadounidenses muertos y de muchos de los 73 heridos se presenta con gran crudeza. Por el contrario, los 500 somalíes que se estima que fallecieron en la operación son una masa humana movida por un salvajismo ancestral y suicida. Sólo puntualmente el dolor y la angustia de la población más indefensa aflora en la emocionante mirada de una mujer en torno a la que se agolpa un tropel de niños. El recurso a la emotividad (los soldados evocan a sus familias, muestran fotos...) resulta muy pobre desde el punto de vista dramático.

Por momentos parece que el film interpreta la guerra como un escenario de dilemas morales en el que el propio sentido de la misma se cuestionaría. Pero Scott no oculta su intención de justificar las intervenciones militares "pacificadoras". Las dudas en torno a las decisiones más adecuadas en cada momento no hacen más que reforzar la idea principal: sabemos que la guerra implica injusticias e irregularidades, pero son fatalmente inevitables ante el objetivo final. Las reflexiones que en este sentido asoman en los diálogos (que destacan por su simplicidad, incluso simplismo) apuntan en esa dirección: "No entienden por qué lo hacemos. No entenderían que es por el hombre que está a tu lado", afirma uno de los soldados.

Black Hawk Derribado recupera el tono de las películas bélicas realizadas tras la Segunda Guerra Mundial, pero sin llegar a alcanzar el carácter épico o la calidad dramática de algunas de éstas. Su belicismo se adapta a la realidad internacional actual, al mundo de las intervenciones militares “humanitarias”, de las tensiones entre el liderazgo militar estadounidense y el papel de las Naciones Unidas. Corruptos señores de la guerra se enfrentan a ejércitos equipados con las últimas tecnologías pero sometidos a imprevistos que pueden entorpecer una intervención eficaz.

La película, rodada antes del 11-S, no puede considerarse oportunista; pero desde luego resulta oportuna, en la medida en que una película pueda contribuir en la creación de un clima social. Es significativo que haya contado con la cooperación del Pentágono, y que el secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, aprobara el film en el estreno (ver "¿Entretenimiento o propaganda?", en la revista al-margen). Recuérdese que Somalia, que viene siendo señalada desde aquella fecha como una de las principales sedes del terrorismo internacional, puede ser objeto de una nueva intervención cuando la situación internacional lo permita y Estados Unidos lo decida.

Los amantes de la brutalidad cinematográfica disfrutarán con este producto bélico. Si su madurez es limitada, como en el caso de los adolescentes (entre los que se incluyen, psicológicamente, muchos adultos), se encontrarán además con un excelente recurso de educación para la guerra y la violencia.

© G. S. V. [guillermosanchez@laexcepcion.com]
(25 de abril de 2002)
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