Textos Excepcionales

Recogemos a continuación algunos textos irrepetibles de la historia de la humanidad que en LaExcepción.com adoptamos como punto de referencia y fundamento.

Decálogo
El sermón del monte
Blaise Pascal: Pensamientos (antología)
Federico García Lorca: Grito hacia Roma
(Desde la torre del Chrysler Building)
Dietrich Bonhöffer: “Oración ante la muerte”
Declaración Universal de los Derechos Humanos
Erich Fromm: “El amor, la respuesta al problema de la existencia humana”
Hans Urs von Balthasar: ¿Por qué soy todavía cristiano?
 
  Decálogo
 

Dios pronunció estas palabras: «Yo soy Yahvé, tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, del lugar de esclavitud.

No tendrás otros dioses fuera de mí.

No te harás escultura ni imagen alguna de lo que hay arriba en los cielos, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas ni les darás culto, porque yo Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian, pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.

No pronunciarás el nombre de Yahvé, tu Dios, en falso; porque Yahvé no dejará sin castigo a quien pronuncie su nombre en falso.

Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso en honor de Yahvé, tu Dios. No harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el forastero que habita en tu ciudad. Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día del sábado y lo santificó.

Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que Yahvé, tu Dios, te va a dar.

No matarás.

No cometerás adulterio.

No robarás.

No darás testimonio falso contra tu prójimo.

No codiciarás la casa de tu prójimo, ni codiciarás la mujer de tu prójimo, no su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu prójimo.»

Éxodo 20: 1-17 (Biblia de Jerusalén)

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  El sermón del monte
 

Al ver a la multitud, Jesús subió a un monte, se sentó y se le acercaron sus discípulos. Y él empezó a enseñarles. Dijo:

«Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Bienaventurados sois cuando os insulten y persigan, y digan de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestra recompensa es grande en el cielo, que así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.

Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de una caja, sino sobre el candelero, y así alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.

No penséis que he venido para abolir la Ley o los Profetas. No he venido a invalidar, sino a cumplir. Os aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra, ni un punto de la Ley perecerán, sin que todo se cumpla. Por lo tanto, el que viole uno de esos Mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los hombres, muy pequeño será en el reino de los cielos. Pero el que los cumpla y los enseñe, ése será grande en el reino de los cielos. Porque os digo, que si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y los fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Oísteis que fue dicho a los antiguos: “No matarás. El que mata será culpado del juicio”. Pero yo os digo, cualquiera que se enoje con su hermano, será culpado del juicio. Cualquiera que diga a su hermano: “Imbécil”, será culpado ante el sanedrín. Y cualquiera que le diga: “Fatuo”, estará en peligro del fuego del infierno. Por tanto, si al llevar tu ofrenda al altar, te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y ve a reconciliarte primero con tu hermano. Entonces vuelve, y ofrece tu ofrenda. Reconcíliate pronto con tu adversario mientras estás con él en el camino; no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al guardia, y seas echado en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí, hasta que pagues el último centavo.

Oísteis que fue dicho: “No cometerás adulterio”. Pero yo os digo, el que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti. Es mejor que pierdas uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti. Es mejor que pierdas uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

También fue dicho: “Cualquiera que se divorcia de su esposa, déle carta de divorcio”. Pero yo os digo, el que se divorcia de su esposa, a no ser por fornicación, la expone a cometer adulterio. Y el que se casa con la divorciada, comete adulterio.

Además, habéis oído que fue dicho a los antiguos: “No jurarás en falso, sino que cumplirás al Señor tus juramentos”. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni juréis por vuestra cabeza, porque no podéis cambiar ni un solo cabello de blanco a negro. Sino que vuestro “sí” sea “sí”, y vuestro “no” sea “no”. Lo que pasa de esto, procede del maligno.

Oísteis que fue dicho a los antiguos: “Ojo por ojo y diente por diente“. Pero yo os digo: No resistáis al malo, antes al que te golpee en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra. Al que te quiera poner a pleito y quitarte la ropa, déjale también la capa. Al que te obligue a llevar una carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no le vuelvas la espalda.

Oísteis que fue dicho: “Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo“. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que maltratan y persiguen. Para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que envía su sol sobre malos y buenos, y manda lluvia sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen lo mismo los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen lo mismo los paganos? Sed, pues, perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.

Guardaos de ejercer vuestros actos de justicia ante los hombres, para ser vistos por ellos. De esa manera no tendréis merced de vuestro Padre celestial. Así, cuando des limosna, no toques trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Os aseguro que ya tienen su recompensa. Pero cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto. Y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.

Cuando ores, no seas como los hipócritas, que gustan orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. Os aseguro que ya tienen su recompensa. Cuando tú ores, entra en tu aposento, cierra tu puerta, y ora a tu Padre que está en secreto. Y tu padre que ve en secreto, te recompensará en público. Y al orar, no uses vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe qué cosas necesitáis, antes que las pidáis.

Vosotros pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad en la tierra, como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdona nuestras deudas, como nosotros también perdonamos a nuestros deudores. Y no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del mal.

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial os perdonará también a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

Cuando ayunéis, no pongáis cara triste como los hipócritas, que desfiguran su rostro para mostrar a los hombres que ayunan. Os aseguro que ya tienen su recompensa. Pero cuando tú ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no mostrar a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto. Y tu padre que ve en secreto, te recompensará.

No acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corroen, y los ladrones socavan y roban. Sino acumulad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido corroen, ni ladrones destruyen ni roban. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.

La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo será luminoso. Pero si tu ojo es malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así, si la luz que hay en ti es oscura ¿cuán grande será esa oscuridad?

Ninguno puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o será leal a uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por tanto, os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni juntan en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas? ¿Quién de vosotros, por más que se afane, podrá añadir un codo a su estatura?

Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen sin fatigarse ni hilar. Sin embargo, os digo que ni Salomón con toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy es y mañana es echa al horno, ¿no hará mucho más por vosotros, hombres de poca fe?

Así no os afanéis, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los paganos buscan todas estas cosas, que vuestro Padre celestial sabe que necesitáis. Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así, no os afanéis por el día de mañana, que el día de mañana traerá su cuidado. Basta al día su afán.

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida que medís, seréis medidos. ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y dejas de ver la viga que está en tu ojo? O, ¿cómo dirás a tu hermano: “Déjame sacar la paja de tu ojo, cuando tienes una viga en tu ojo?“ ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu ojo, entonces podrás ver para sacar la paja del ojo de tu hermano.

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas a los puercos; no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Pedid, y os darán; buscad, y hallaréis; llamad, y os abrirán. Porque todo el que pide, recibe; el que busca, halla; y al que llama, le abren. ¿Qué hombre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿Y si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro padre que está en los cielos, dará buenas cosas a los que piden?

Así, todo lo que queráis que los hombres os hagan, hacedlo también vosotros por ellos. Esta es la Ley y los Profetas.

Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a perdición, y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos la hallan.

Guardaos de los falsos profetas, que viene a vosotros vestidos de ovejas, y por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Se cosechan uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buen fruto; pero el árbol maleado da malos frutos. El buen árbol no puede dar malos frutos, ni el árbol maleado dar buenos frutos. Todo árbol que no lleva buen fruto, se corta, y se echa en el fuego. Así, por sus frutos los conoceréis.

No todo el que me dice: “Señor, Señor“, entrará en el reino de los cielos; sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. En aquel día muchos me dirán: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?“ Entonces les diré: “¡Nunca os conocí! ¡Apartaos de mí, obradores de maldad!“

En fin, todo el que oye estas palabras, y las practica, será como el hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Y descendió lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y dieron contra aquella casa. Y no cayó porque estaba fundada sobre la roca. Pero el que oye estas palabras, y no las practica, es como el hombre insensato que edificó su casa sobre la arena. Y descendió lluvia, vinieron torrentes, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra esa casa. Y cayó, y fue grande su ruina.

Cuando Jesús acabó estas palabras, la gente quedó admirada de su doctrina; porque les enseñaba con autoridad, y no como los escribas.»

Mateo 5-7 (Nueva Reina-Valera 1990)

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  Blaise Pascal: Pensamientos (antología)
 

[Según la numeración de Lafuma y la traducción de J. Llansó (Alianza Editorial).]

44 [...] Si los sacerdotes no tuvieran sotanas y mulas, y los doctores no usaran bonetes cuadrados y togas demasiado amplias, de cuatro partes, jamás hubieran engañado al mundo, que no puede resistir esta auténtica ostentación. Si tuvieran la verdadera justicia, y si los médicos tuvieran el verdadero arte de curar, no tendrían que llevar bonetes cuadrados. La majestad de esas ciencias sería lo suficientemente venerable en sí misma, pero, no teniendo más que ciencias imaginarias, es preciso que tomen esos vanos instrumentos que llaman a la imaginación, con la cual tienen relación; y por ahí, en efecto, se atraen el respeto.

Sólo los guerreros no se disfrazan de esa guisa, porque su papel es, en efecto, más esencial. Éstos se imponen por la fuerza, los otros por disimulo. [...]

51¿Por qué me matas? Yo no tengo armas. –¡Cómo!, ¿acaso no vives al otro lado del agua? Amigo mío, si vivieses en este lado, sería un asesino y sería injusto matarte de ese modo. Pero, ya que vives del otro lado, soy un valiente, y eso es justo.

60 [...] ¿Puede haber algo más ridículo que el que un hombre tenga derecho a matarme porque viva más allá del agua y su príncipe esté querellando con el mío, aunque yo no lo esté con él? [...]

110 [...] Aquellos a quienes Dios ha dado la religión por sentimiento de corazón, son muy felices y están legítimamente convencidos; pero a quienes no la poseen así no podemos dársela más que por razonamiento, esperando que Dios se la dé por sentimiento de corazón, sin lo cual la fe no es más que humana e inútil para la salvación.

114 La grandeza del hombre es grande en cuanto se conoce miserable; un árbol no se conoce miserable.

Es pues, ser miserable conocer(se) miserable, pero es ser grande conocer que se es miserable.

131 [...] Si el hombre no hubiera estado jamás corrompido, gozaría de su inocencia, y de la verdad y de la felicidad con seguridad; y si el hombre no hubiera estado nunca más que corrompido, no tendría idea alguna, ni de la verdad, ni de la beatitud. Pero, para desgracia nuestra, y mayor que si no hubiera grandeza alguna en nuestra condición, tenemos una idea de la felicidad y no podemos llegar a ella. Sentimos una imagen de la verdad y no poseemos más que la mentira. Incapaces de ignorar absolutamente y de saber ciertamente, tan manifiesto es que hemos estado en un grado de perfección del que hemos desgraciadamente caído. [...]

Hay dos verdades de fe igualmente constantes.

Una, que el hombre, en el estado de la creación, o en el de la gracia, ha sido elevado por encima de toda la naturaleza, hecho como semejante a Dios y partícipe de la divinidad; la otra, que en el estado de corrupción y de pecado, ha decaído de este estado y ha sido hecho semejante a las bestias. [...] Se ve claramente que el hombre, por medio de la gracia, ha sido hecho semejante a Dios y partícipe de su divinidad, y que sin la gracia es considerado semejante a las bestias.

149 [...Dios] ha dado señales visibles de sí a los que le buscan y no a los que no le buscan.

Hay la suficiente luz para los que no desean sino ver, y suficiente oscuridad para los que tienen una disposición contraria.

192 El conocimiento de Dios sin el de la miseria propia produce el orgullo.

El conocimiento de su miseria sin el de Dios produce la desesperación.

El conocimiento de J[esu]-C[risto] constituye el punto medio, porque en él encontramos a Dios y a nuestra miseria.

214 La verdadera religión debe tener como señal el obligar a amar a su Dios. Esto es muy justo, y sin embargo ninguna lo ha ordenado; la nuestra lo ha hecho.

Incluso debe haber conocido la concupiscencia y la impotencia; la nuestra la ha hecho.

Debe haber aportado remedios para ellas; uno es la oración. Ninguna religión ha pedido a Dios amarle y seguirle.

219 Las otras religiones, como las paganas, son más populares, pues descansan en lo exterior, pero no son para las personas cultas. Una religión puramente intelectual sería más adecuada para los cultos, pero no serviría para el pueblo. Sólo la religión cristiana se adecua a todos, siendo una mezcla de lo exterior y lo interior. Eleva el pueblo con lo interior y rebaja a los soberbios con lo exterior, y no es perfecta sin ambas cosas, porque hace falta que el pueblo entienda el espíritu de la letra y que los cultos sometan su espíritu a la letra.

251 Quien quiere dar el sentido de la Escritura y no lo toma de la Escritura es enemigo de la Escritura. [...]

252 Dos errores. 1. Tomar todo literalmente. 2. Tomar todo espiritualmente.

309 Pruebas de J.-C.

J.-C. ha dicho las cosas más grandes tan sencillamente que parece que no las ha pensado, y tan claramente, sin embargo, que se ve bien lo que pensaba. Esta claridad unida a esta ingenuidad es admirable.

351 El cristianismo es extraño; ordena al hombre reconocer que es vil e incluso abominable, y le ordena querer ser semejante a Dios. Sin un tal contrapeso esta elevación le volvería horriblemente vana, o este abajamiento le volvería horriblemente abyecto.

434 Imagínese un número de hombres encadenados, y condenados todos a muerte, varios de los cuales son degollados cada día a la vista de los otros, quienes ven su propia condición en la de sus semejantes, y, mirándose unos a otros con dolor y sin esperanza, aguardan su turno. Ésta es la imagen de la condición de los hombres.

449 [...] El Dios de los cristianos no consiste en un Dios autor simplemente de las verdades geométricas y del orden de los elementos; ésta es la parte de los paganos y de los epicúreos. No consiste solamente en un Dios que ejerce su Providencia sobre la vida y sobre los bienes de los hombres, para dar una feliz sucesión de años a los que le adoran; ésta es la parte de los judíos. Sino que el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob, el Dios de los cristianos, es un Dios de amor y de consolación; es un Dios que llena el alma y el corazón de los que Él posee; es un Dios que les hace sentir interiormente la propia miseria, y su misericordia infinita; que se une al fondo de su alma; que llena de humildad, de gozo, de confianza, de amor; que les hace incapaces de otro fin que no sea Él mismo. [...]

513 [...] Burlarse de la filosofía es verdaderamente filosofar.

562 No existen más que dos clases de hombres: los unos, justos que se creen pecadores; los otros, pecadores que se creen justos.

619 Todos los principios de los pirronianos, estoicos, ateos, etc., son verdaderos, pero sus conclusiones son falsas, porque principios opuestos son también verdaderos.

631 Es bueno estar cansado y fatigado por la inútil búsqueda del verdadero bien, a fin de tender los brazos al liberador.

665 El imperio fundado sobre la opinión y la imaginación reina durante algún tiempo, y este imperio es agradable y voluntario. El de la fuerza reina siempre. Así, la opinión es como la reina del mundo, pero la fuerza es su tirano.

677 El Papa odia y teme a los sabios que no le están sometidos por voto.

678 El hombre no es ni ángel ni bestia, y la desgracia quiere que quien haga el ángel haga el bestia.

759 El pensamiento hace la grandeza del hombre.

918 Consuélate. No me buscarías si no me hubieses encontrado.

952 [...] El mundo quiere naturalmente una religión, pero dulce. [...]

978 [...] Decir la verdad es útil para aquel a quien se le dice, pero desventajoso para los que la dicen, porque le hacen odiar. [...]

El hombre no es, pues, sino disfraz, mentira e hipocresía, y ante sí mismo y ante los demás. No quiere, por tanto, que se le diga la verdad. Evita decírsela a los demás; y todas estas disposiciones, tan apartadas de la justicia y de la razón, tienen una raíz natural en el corazón.

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  Federico García Lorca: Grito hacia Roma
(Desde la torre del Chrysler Building)
 

[De Poeta en Nueva York, 1929-1930.]

Manzanas levemente heridas
por finos espadines de plata,
nubes rasgadas por una mano de coral
que lleva en el dorso una almendra de fuego,
peces de arsénico como tiburones,
tiburones como gotas de llanto para cegar una multitud,
rosas que hieren
y agujas instaladas en los caños de la sangre,
mundos enemigos y amores cubiertos de gusanos
caerán sobre ti. Caerán sobre la gran cúpula
que untan de aceite las lenguas militares
donde un hombre se orina en una deslumbrante paloma
y escupe carbón machacado
rodeado de miles de campanillas.

Porque ya no hay quien reparte el pan ni el vino,
ni quien cultive hierbas en la boca del muerto,
ni quien abra los linos del reposo,
ni quien llore por las heridas de los elefantes.
No hay más que un millón de herreros
forjando cadenas para los niños que han de venir.
No hay más que un millón de carpinteros
que hacen ataúdes sin cruz.
No hay más que un gentío de lamentos
que se abren las ropas en espera de las balas.
El hombre que desprecia la paloma debía hablar,
debía gritar desnudo entre las columnas,
y ponerse una inyección para adquirir la lepra
y llorar un llanto tan terrible
que disolviera sus anillos y sus teléfonos de diamante.
Pero el hombre vestido de blanco
ignora el misterio de la espiga,
ignora el gemido de la parturienta,
ignora que Cristo puede dar agua todavía,
ignora que la moneda quema el beso de prodigio
y da la sangre del cordero al pico idiota del faisán.

Los maestros enseñan a los niños
una luz maravillosa que viene del monte;
pero lo que llega es una reunión de cloacas
donde gritan las oscuras ninfas del cólera.
Los maestros señalan con devoción las enormes cúpulas sahumadas;
pero debajo de las estatuas no hay amor,
no hay amor bajo los ojos de cristal definitivo.
El amor está en las carnes desgarradas por la sed,
en la choza diminuta que lucha con la inundación;
el amor está en los fosos donde luchan las sierpes del hambre,
en el triste mar que mece los cadáveres de las gaviotas
y en el oscurísimo beso punzante debajo de las almohadas.

Pero el viejo de las manos traslucidas
dirá: Amor, amor, amor,
aclamado por millones de moribundos;
dirá: Amor, amor, amor,
entre el tisú estremecido de ternura;
dirá: Paz, paz, paz,
entre el tirite de cuchillos y melenas de dinamita;
dirá: Amor, amor, amor,
hasta que se le pongan de plata los labios.

Mientras tanto, mientras tanto, ¡ay!, mientras tanto,
los negros que sacan las escupideras,
los muchachos que tiemblan bajo el terror pálido de los directores,
las mujeres ahogadas en aceites minerales,
la muchedumbre de martillo, de violín o de nube,
ha de gritar aunque le estrellen los sesos en el muro,
ha de gritar frente a las cúpulas,
ha de gritar loca de fuego,
ha de gritar loca de nieve,
ha de gritar con la cabeza llena de excremento,
ha de gritar como todas las noches juntas,
ha de gritar con voz tan desgarrada
hasta que las ciudades tiemblen como niñas
y rompan las prisiones del aceite y la música.
Porque queremos el pan nuestro de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos.

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  Dietrich Bonhöffer: “Oración ante la muerte”
 

(Escrita en prisión en 1943. El 9 de abril de 1945 fue asesinado por los nazis)

¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
que salía del encierro de mi celda
sereno, alegre, con firmeza,
cual hacendado de su rural vivienda.
¿Quién soy yo? Me dicen a menudo
cuando hablaba a mis guardianes
libre y amigable, claramente,
como si fuese yo quien diera las ordenes.
¿Quién soy yo? También me dicen
que soportaba los días de infortunio
tranquilo, sonriente, dignamente,
como acostumbrado a ganar siempre.
Pero ¿soy realmente lo que otros dicen que soy?
¿O soy solamente lo que yo mismo conozco de mí,
inquieto y anhelante y enfermo, cual pájaro enjaulado,
luchando por respirar, como si unas manos
me oprimieran la garganta,
suspirando por los colores, las flores, el canto de los pájaros, sediento de palabras cariñosas, de compañía,
moviéndome agitado, a la espera de grandes acontecimientos,
temblando impotente por amigos infinitamente alejados,
cansado y vacío al orar, al pensar, al actuar,
débil y presto a despedirme de todo?
¿Quién soy yo? ¿Éste o el otro?
¿Soy una persona un día y otra al siguiente?
¿Soy las dos al mismo tiempo? ¿Soy un hipócrita ante otros
y ante mí mismo un infortunado y despreciable cobarde?
¿O hay algo aún en mí, parecido a un ejército vencido
que huye desordenado de una victoria ya alcanzada?
¿Quién soy yo? De mí se burlan estas solitarias preguntas mías. Quienquiera que yo sea, tú lo sabes, oh Dios, soy tuyo.

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  Declaración Universal de los Derechos Humanos
 

PREÁMBULO

CONSIDERANDO que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

CONSIDERANDO que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad; y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

CONSIDERANDO esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no sea vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

CONSIDERANDO también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

CONSIDERANDO que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres; y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

CONSIDERANDO que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre; y

CONSIDERANDO que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso

La Asamblea General proclama la presente

DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS

como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.

Artículo 1
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Artículo 2
1. Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamadas en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

2. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía.

Artículo 3
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su personalidad jurídica.

Artículo 7
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo, ante los tribunales nacionales competentes que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier acusación contra ella en materia penal.

Artículo 11
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

Artículo 14
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país.

2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 15
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.

2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.

Artículo 16
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tiene derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia; y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse el matrimonio.

3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.

2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.

Artículo 18
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencias, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia,

Artículo 19
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

Artículo 20
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacificas.

2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Artículo 21
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos.

2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las funciones publicas de su país.

3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad.

Artículo 23
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo.

2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo igual.

3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y satisfactoria que le asegure así como a su familia, una existencia conforme a la dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros medios de protección social.

4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses.

Artículo 24
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de su medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.

2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social.

Artículo 26
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita al menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de los méritos respectivos.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales; favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos; y promoverá el desarrollo de las actividades de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá de darse a sus hijos.

Artículo 27
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

Artículo 28
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos.

Artículo 29
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.

2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar general en una sociedad democrática.

3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición a los propósitos y principios de las Naciones Unidas,

Artículo 30
Nada en la presente Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.

Aprobado y proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948.

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  Erich Fromm: “El amor, la respuesta al problema de la existencia humana”
 

De El arte de amar (1956), capítulo II: “La teoría del amor”.

En una sociedad primitiva el grupo es pequeño; está integrado por aquellos que comparten la sangre y el suelo. Con el desarrollo creciente de la cultura, el grupo se extiende; se con vierte en la ciudadanía de una polis, de un gran Estado, los miembros de una iglesia. Hasta el romano indigente se sentía orgulloso de poder decir civis romanus sum; Roma y el Imperio eran su familia, su hogar, su mundo. También en la sociedad occidental contemporánea la unión con el grupo es la forma predominante de superar el estado de separación. Se trata de una unión en la que el ser individual desaparece en gran medida, y cuya finalidad es la pertenencia al rebaño. Si soy como todos los demás, si no tengo sentimientos o pensamientos que me hagan diferente, si me adapto en las costumbres, las ropas, las ideas, al patrón del grupo, estoy salvado; salvado de la temible experiencia dé la soledad. Los sistemas dictatoriales utilizan amenazas y el terror para inducir esta conformidad; los países democráticos, la sugestión y la propaganda. Indudablemente, hay una gran diferencia entre los dos sistemas. En las democracias, la no conformidad es posible, y en realidad, no está totalmente ausente; en los sistemas totalitarios, sólo unos pocos héroes y mártires insólitos se niegan a obedecer. Pero, a pesar de esa diferencia, las sociedades democráticas muestran un abrumador grado de conformidad. La razón radica en el hecho de que debe existir una respuesta a la búsqueda de unión, y, a falta de una distinta o mejor, la conformidad con el rebaño se convierte en la forma predominante. El poder del miedo a ser diferente, a estar solo unos pocos pasos alejado del rebaño, resulta evidente si se piensa cuán profunda es la necesidad de no estar separado. A veces el temor a la no conformidad se racionaliza como miedo a los peligros prácticos que podrían amenazar al rebelde. Pero en realidad la gente quiere someterse en un grado mucho más alto de lo que está obligada a hacerlo, por lo menos en las democracias occidentales.

La mayoría de las gentes ni siquiera tienen conciencia de su necesidad de conformismo. Viven con la ilusión de que son individualistas, de que han llegado a determinadas conclusiones como resultado de sus propios pensamientos -y que simplemente sucede que sus ideas son iguales que las de la mayoría-. El consenso de todos sirve como prueba de la corrección de “sus" ideas. Puesto que aún tienen necesidad de sentir alguna individualidad, tal necesidad se satisface en lo relativo a diferencias menores; las iniciales en la cartera o en la camisa, la afiliación al partido Demócrata en lugar del Republicano, a los Elks en vez de los Shriners, se convierte en la expresión de las diferencias individuales. El lema publicitario “es distinto” nos demuestra esa patética necesidad de diferencia, cuando, en realidad, casi no existe ninguna.

Esa creciente tendencia a eliminar las diferencias se relaciona estrechamente con el concepto y la experiencia de igualdad, tal como se está desarrollando en las sociedades industriales más avanzadas. En un contexto religioso, igualdad significó que todos somos hijos de Dios, que todos compartimos la misma sustancia humano-divina, que todos somos uno. Significaba también que deben respetarse las diferencias entre los individuos, que, si bien es cierto que todos somos uno, también lo es que cada uno de nosotros constituye una entidad única, un cosmos en sí mismo. Tal convicción acerca de la unicidad del individuo se expresa, por ejemplo, en la sentencia talmúdica: «Quien salva una sola vida, es como si hubiera salvado a todo el mundo; quien destruye una sola vida, es como si hubiera destruido a todo el mundo.» La igualdad como una condición para el desarrollo de la individualidad fue, asimismo, el significado de este concepto en la filosofía del iluminismo occidental. Denotaba (como lo formuló muy claramente Kant) que ningún hombre debe ser un medio para que otro hombre realice sus fines. Que todos los hombres son iguales en la medida en que son finalidades, y sólo finalidades, y nunca medios los unos para los otros. Continuando las ideas del iluminismo, los pensadores socialistas de diversas escuelas definieron la igualdad como la abolición de la explotación, del uso del hombre por el hombre, fuera ese uso cruel o “humanitario”.

En la sociedad capitalista contemporánea, el significado del término igualdad se ha transformado. Por él se entiende la igualdad de los autómatas, de hombres que han perdido su individualidad. Hoy en día, igualdad significa “identidad” antes que “unidad”. Es la identidad de las abstracciones, de los hombres que trabajan en los mismos empleos, que tienen idénticas diversiones, que leen los mismos periódicos, que tienen idénticos pensamientos e ideas. En este sentido, también deben recibirse con cierto escepticismo algunas conquistas generalmente celebradas como signos de progreso, tales como la igualdad de las mujeres. Me parece innecesario aclarar que no estoy en contra de tal igualdad; pero los aspectos positivos de esa tendencia a la igualdad no deben engañarnos. Forman parte del movimiento hacia la eliminación de las diferencias. Tal es el precio que se paga por la igualdad: las mujeres son iguales porque ya no son diferentes. La proposición de la filosofía del iluminismo, l´ame n'a pas de sexe, el alma no tiene sexo, se ha convertido en práctica general. La polaridad de los sexos está desapareciendo, y con ella el amor erótico, que se basa en dicha polaridad. Hombres y mujeres son idénticos, no iguales como polos opuestos. La sociedad contemporánea predica el ideal de la igualdad no individualizada, porque necesita átomos humanos, todos idénticos, para hacerlos funcionar en masa, suavemente, sin fricción; todos obedecen las mismas órdenes, y no obstante, todos están convencidos de que siguen sus propios deseos. Así como la moderna producción en masa requiere la estandarización de los productos, así el proceso social requiere la estandarización del hombre, y esa estandarización es llamada “igualdad”.

[…] El amor maduro significa unión a condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad. El amor es un poder activo en el hombre; un poder que atraviesa las barreras que separan al hombre de sus semejantes y lo une a los demás; el amor lo capacita para superar su sentimiento de aislamiento y separatidad, y no obstante le permite ser él mismo, mantener su integridad. En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos. […]

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un "estar continuado", no un "súbito arranque". En el sentido más general, puede describirse el carácter activo del amor afirmando que amar es fundamentalmente dar, no recibir.

¿Qué es dar? Por simple que parezca la respuesta, está en realidad plena de ambigüedades y complejidades. El malentendido más común consiste en suponer que dar significa "renunciar" a algo, privarse de algo, sacrificarse. La persona cuyo carácter no se ha desarrollado más allá de la etapa correspondiente a la orientación receptiva, experimenta de esa manera el acto de dar. El carácter mercantil está dispuesto a dar, pero sólo a cambio de recibir; para él, dar sin recibir significa una estafa. La gente cuya orientación fundamental no es productiva, vive el dar como un empobrecimiento, por lo que se niega generalmente a hacerlo. Algunos hacen del dar una virtud, en el sentido de un sacrificio. Sienten que, puesto que es doloroso, se debe dar, y creen que la virtud de dar está en el acto mismo de aceptación del sacrificio. Para ellos, la norma de que es mejor dar que recibir significa que es mejor sufrir una privación que experimentar alegría.

Para el carácter productivo, dar posee un significado totalmente distinto: constituye la más alta expresión de potencia. En el acto mismo de dar, experimento mi fuerza, mi riqueza, mi poder. Tal experiencia de vitalidad y potencia exaltadas me llena de dicha. Me experimento a mí mismo como desbordante, pródigo, vivo, y, por tanto, dichoso. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.

Si aplicamos ese principio a diversos fenómenos específicos, advertiremos fácilmente su validez.[…]

En la esfera de las cosas materiales, dar significa ser rico. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. El avaro que se preocupa angustiosamente por la posible pérdida de algo es, desde el punto de vista psicológico, un hombre indigente, empobrecido, por mucho que posea. Quien es capaz de dar de sí es rico. Siéntese a sí mismo como alguien que puede entregar a los demás algo de sí. Sólo un individuo privado de todo lo que está más allá de las necesidades elementales para la subsistencia seria incapaz de gozar con el acto de dar cosas materiales. La experiencia diaria demuestra, empero, que lo que cada persona considera necesidades mínimas depende tanto de su carácter como de sus posesiones reales. Es bien sabido que los pobres están más inclinados a dar que los ricos. No obstante, la pobreza que sobrepasa un cierto límite puede impedir dar, y es, en consecuencia, degradante, no sólo a causa del sufrimiento directo que ocasiona, sino porque priva a los pobres de la alegría de dar.

 

  Hans Urs von Balthasar: ¿Por qué soy todavía cristiano?
 

(1971)

7. La destrucción del peso escatológico

[…] Ser cristiano sólo tiene sentido si se conserva el peso escatológico determinante de la acción de Dios en Jesucristo; sería sin embargo absurdo si tal peso fuese relativizado y si otra instancia fuese igual o superior a él. Hoy muchos no tienen en cuenta esto; se dejan arrastrar, por razones de propaganda ante el mundo, hacia compromisos que parecen aceptables pero que en realidad suprimen la pretensión indivisible incluida en el acontecimiento-Cristo. En cuanto se comienza a manipular el dato primordial, es decir la pretensión de Cristo, la cruz en el abandono de Dios y la resurrección, son muy delicados los matices entre la «nueva formulación» actualizante y la falsificación de esa pretensión. La decisión sobre el acontecimiento habrá de tomarse teniendo conciencia del peso escatológico que no puede ser valorado por ninguna balanza científica de este mundo, sino que para que sea utilizable es necesaria una reflexión que asuma toda la existencia y una fe vigilante. Pero, ¿quién es un auténtico creyente? Muchos falsificadores involuntarios de ese peso pueden considerarse tales con una conciencia pura; otros que lo falsifican intencionadamente intentarán por todos los medios ser considerados como creyentes a pesar de sus convicciones íntimas; su interés consiste frecuentemente en privar a los verdaderos creyentes de la base escatológica, dejándolos en suspenso, entre la indiferencia y la incertidumbre, entre la fe y la increencia, estado en que se encuentran ellos mismos.

Para desintegrar el «átomo» pretensión*-cruz-resurrección hay que comenzar por el elemento más flojo de la cadena, partiendo de la «experiencia» pascual de los discípulos, que no es verificable y que reposa en el simple testimonio de algunas personas y que sin duda ha influido en la interpretación del valor de la cruz y de la vida de Jesús. Tampoco el pro nobis de la cruz, el significado salvífico que tiene la humanidad es concretamente verificable. Es necesario que la pretensión de Jesús –en caso de que los otros dos elementos desaparezcan y que se la quisiera considerar de buena fe– sea puesta fuertemente en evidencia en un segundo momento. De este modo sus palabras y sus actos pierden importancia, sus milagros son fácilmente vaciados de sentido, la espera cercana del reino de Dios se explica por la atmósfera contemporánea; puede ser que haya existido una gran conciencia profética o mesiánica, aunque la historia redaccional de los textos revela muchas tendencias a acentuarla. La mayor parte de los títulos veterotestamentarios, si no todos, sólo han sido atribuidos a Jesús después de pascua; algunas combinaciones de estos títulos están más o menos claramente individualizadas en la literatura judía contemporánea. En una palabra, la síntesis fundamental «Jesús –el hombre de Nazaret– es Cristo» (el ungido de Dios y por tanto el cumplimiento de todas las promesas escatológicas veterotestamentarias hechas por Dios a Israel y a la humanidad) es una afirmación sintética a posteriori (Bultmann).

Ante todo esto es necesario decir abiertamente que tales conclusiones están en contradicción con la fe central de la iglesia primitiva, cuyos principios teológicos convergen en la proposición «Jesús (es) Cristo» y todos ellos están apoyados internamente en esta dinámica de la que no se pueden separar; también están en contradicción con todo el evangelio de Pablo que, por una parte, se apoya en la fe ya existente y, por otra, partiendo de su propia experiencia de Cristo resucitado, consolida esta fe de nuevo, especialmente sobre las dos columnas de la cruz y la resurrección, mientras que la pretensión del Jesús histórico es un presupuesto obvio que permanece en segundo plano. Con todo esto está claro que quien pone en discusión estos fundamentos de la fe cristiana, relativizándola formalmente, debe lógicamente renunciar al nombre de «cristiano», dado a los discípulos precisamente porque creían que Jesús era el Cristo. Este podría llamarse a los sumo «jesuano» en función de un Jesús de Nazaret al que puede hipotéticamente reconstruir, cuya naturaleza y doctrina permanece en sombras, pero difícilmente podrá demostrar que esta persona y esta doctrina, prácticamente imposible de establecer, sean capaces de mover aún el mundo, dándole un peso escatológico determinante. «Aut Christus aut nihil». […]

*Se refiere a la pretensión de Jesús de ser “la Verdad”, según Juan 14: 6 (N. de LEx).

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