¿Así que los asesinos son 'ellos'?
© Juan Fernando Sánchez
www.laexcepcion.com (20 de septiembre de 2008) [Previamente publicado en El Blog de Cordura]

Si estás en el mundo, sabrás que los:

  • etarras
  • terroristas “islámicos”
  • pederastas
  • y similares

son unos asesinos y/o unos completos depravados.

Con algo de refinamiento intelectual, no mucho, quizá no te cueste comprender que:

  • el Genocida en Jefe
  • los otros Azores
  • Putin
  • y similares

son también lo susodicho.

Sí, ellos son malos. Pero, ¿y tú? ¿Qué me dices de ti?

Ah, que tú nunca has matado... Que jamás cometiste una fechoría comparable...

Haz el favor de mirar la siguiente escala:

  1. El jefe que te hace metódicamente la puñeta porque es el jefe.
  2. Tu pareja, cuando descubres que te engaña.
  3. Los banqueros en cuya sucursal tienes tu dinero y que te sustraen comisiones.
  4. El compañero pelota (y, por tanto, potencialmente traidor).
  5. Las niñas que se ríen de tu hija en el cole porque no lleva ropa de marca.
  6. Las vecinitas ruidosas que están siempre de fiesta y no te dejan dormir (o leer, o pensar...).
  7. El individuo que fuma en un lugar público y te echa el humo a conciencia (a ti, que odias el tabaco y eres más bien asmático/a).
  8. El tío jeta (y cachas) que se te cuela en la caja del súper.
  9. El sujeto, macho o hembra, que, simplemente, te precede en una cola (de tráfico, del súper, del cine...) y tú vas con prisa.
  10. El tipo de al lado (vecino, compañero...) que, sin saber bien por qué, te cae gordo.

Sé que es algo muy subjetivo, pero he tratado de ordenarlos de mayor a menor “gravedad”. (He puesto diez sólo para que fueran diez).

Ahora viene el test, que estaría bien respondieras con la mano en el corazón...

a) Imagínate que conoces a un matón que te garantiza un “trabajo limpio” a cambio de, pongámoslo barato, mil euros. ¿A cuántos te cargarías y con cuántos te bastaría, no sé..., una buena paliza, o unos minutos de descarga eléctrica controlada, o tal vez aquello del ahogamiento simulado, o tan sólo una buena humillación en público (eso sí, que le traumatice un poco)?

b) ¿Que te parece muy caro? El gorila, como es de medio pelo, te lo deja en cien euros. ¿A cuántos...? (¿Seguro que ni al jefe?).

c) Si el problema sigue siendo el dinero, suponte que el matón está de oferta y te hace hasta cinco operaciones gratis. ¿Qué víctimas escogerías?

d) ¿Escrúpulos morales por relacionarte con un criminal a sueldo? Imagina entonces que no hay tal, sino que por un precio razonable te has agenciado un milagroso mando a distancia con un menú de botones que puede hacer el mismo trabajo pero (aún) más limpiamente. Piénsalo bien: lo programas, aprietas el botón deseado y enseguida tienes constancia informática de que el jefe se ha vaporizado (sin sufrir), las vecinitas se han quedado sordas (bueeeeno, sólo temporalmente, hasta que se cambien de piso) y el primer chulo que se te cuela siente repentinos retortijones de estómago. Y todo, por supuesto, sin que nadie pueda pillarte jamás. ¿A que mola?

e) Pero demos un paso más. Ahora imagínate que el mando sólo puede matar... Mejor dicho, como eso suena muy mal, dejémoslo en “hacer desaparecer”. Pulsas el botoncito y tus problemas sencillamente se desvanecen, de manera completamente indolora tanto para ellos como para ti. El poderoso mando, por cierto, tiene un radio de acción de cien kilómetros...

f) ¿Que te gustaría tener una constancia más directa...? (Más que nada, ya lo sé, por comprobar que en efecto no sufren...). Bueno, pues figúrate que el mando a distancia es un aparatito más discreto, manejable y ergonómico que un teléfono móvil, así que lo puedes llevar a cualquier parte (al trabajo, a la tienda, al banco, al cole...). De modo que ves al objetivo, pulsas y ¡zas!, desaparecido delante de tus narices (y sólo tú conoces el motivo, ¿no es fantástico?). Sin sufrimiento para nadie y no poco placer para ti, ¡guaaauuu! (¿Quedaría alguno en la larga fila que te precede...? ¿Se libraría al menos esa señora del ascensor, tan cariñosa pero que tanto se enrolla con sus achaques...?).

g) Espera un poco todavía... Ahora hazte a la idea de que el mando funciona sólo a distancia, como el del punto 'e', pero lo hace provocando ciertas reacciones en el objetivo antes de hacerlo desaparecer. Le llegan mensajes como: “Esto por haberte ido con mi mejor amiga” y de repente ve que un cuchillo volador va directo e imparable hacia su yugular. O: “Los jefes también se mueren”, frase firmada por ti en un papelito súbitamente aparecido ante sus ojos y que, al ser leído, despide un efluvio letal de efectos inmediatos. O: “A fumar al infierno. (El de la sala de espera del otro día)”, texto que el objetivo ve escrito, longitudinalmente, en su siguiente cigarrillo, justo antes de que éste explote proyectando al tipo y a su casa hasta el océano más cercano.

h) Ahora olvídate de matones, de mandos a distancia e incluso de nuestra desagradable lista de víctimas potenciales. Si todavía has dejado a alguno vivo (¡es un decir!), sitúate en un campo de concentración en el que llega un capo y, por capricho, te dice que o asesinas a tu compañero de litera (ése que no mata una mosca) o te asesina él a ti. (Vaaaaaale, te dejamos que lo hagas con el mando a distancia, pero no con el indoloro).

i) ¿Y así sucesivamente?


Epílogo

Hubo uno que podía haber apretado el “botón”, y no por tener problemas con el jefe, ni porque su mujer le fuera infiel, ni porque a su hijo en edad escolar le humillasen sus compañeros. La tentación venía del hecho de que le perseguían para matarle y finalmente, tras diferentes torturas físicas, le clavaron en una cruz. ¿Apretó el botón? (La solución está en Lucas 23: 34).

Pero no nos pongamos ñoños... El caso es que él, antes de aquello, ya nos advirtió de que hay muchas maneras de matar (y sin necesidad de ser etarra ni de llamarse George W. Bush).

¿Eres un asesino?

Nota final: La pregunta anterior también la formulo mirándome a un espejo.

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