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Verdades y mentiras sobre Siria (IX): Asad, los sirios y la guerra
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (27 de diciembre de 2013)

A pesar del aparente giro del conflicto sirio en septiembre de 2013, la guerra de Siria continúa, y es necesario seguir exponiendo algunas de sus claves.


1. ¿Cómo es el régimen de Asad?

David Alandete, en un medio sistemáticamente contrario a Basar el-Asad como es El País, explica que cuando Basar llegó al poder «trajo aires de reforma que aún se recuerdan, la llamada primavera de Damasco: permitió nuevos medios de comunicación, abrió el país a Internet y liberó a 700 presos» (El País, 24.9.13). Fue la revuelta armada de marzo de 2011 la que desestabilizó todo.

Según el periodista Bahar Kimyongür, totalmente contrario a la intervención extranjera en Siria, «el régimen sirio es una dictadura paradójica que ofrece muchas ventajas a la población: libertad de culto, protección de las minorías y del patrimonio histórico, promoción del arte y la cultura, sistema médico eficaz, soberanía alimentaria, enseñanza de calidad, seguridad social, etc. La otra cara de la moneda consiste en un clima de sospecha y de violencias insoportables: torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, amenazas e intimidaciones contra los opositores, impunidad, censura» (CIAR, 26.11.13; añadimos negrita en las citas). Este tipo de acciones se han intensificado en el contexto de la guerra contra los "rebeldes", en la que también están teniendo lugar ataques militares con daños a civiles.


2. ¿Lo que hay en marcha en Siria es una revolución democrática?

Continúa Kimyongür: «La oposición siria tenía razón de rebelarse. Pero la escalada militar ha eclipsado cualquier perspectiva de democratización del país. Ni la salida o incluso el asesinato del presidente sirio cambiarían la situación, por la sencilla razón de que Bachar Al-Assad está apoyado por millones de sirios que lucharán para sobrevivir. Además, de ahora en adelante, los beligerantes están enfrentados a un enemigo común: Al Qaeda y sus numerosos satélites sirios» (CIAR, 26.11.13).

Alandete recoge la opinión de Mohammed Sadat, cristiano sirio de 74 años: «Al principio parte de la población pensó que aquellas manifestaciones traerían un tipo de gobierno nuevo, no visto en el mundo árabe», pero ahora han comprendido que «esa lucha no es por la libertad. Mucha gente que apoyó a los que llaman rebeldes se ha dado cuenta de que son terroristas. No luchan contra Bachar sino contra lo que nosotros hemos sido, nuestro país e historia». Y reconoce el periodista: «No se encuentra fácilmente en Damasco la narrativa del dictador que aplasta sin piedad una revuelta popular. Donde otros gritan despotismo, muchos damascenos ven un esfuerzo del gobierno por mantener unido un complejo mosaico religioso y social. "Si en dos años y medio de crisis Bachar se mantiene en pie, no es porque sea un déspota. Es porque aquí a Bachar se le quiere", asegura Bachar Aljahin, de 42 años […]  "Esta no es la lucha de un régimen contra unos revolucionarios. Es todo un sistema que resiste contra una amenaza extranjera"» (El País, 24.9.13).

Algunos periodistas que trabajan sobre el terreno comienzan a entender de qué va este asunto…


3. ¿Es el sirio un régimen alauí? ¿Es un estado confesional?

«Archifalso. Esta alegación simplista es, por añadidura, una ofensa para todas las partes en conflicto. Es una ofensa para los numerosos ministros, diputados, dirigentes de sindicatos y de cuerpos profesionales, jefes de estado mayor, oficiales superiores y medios, soldados, policías, y otros cientos de miles de funcionarios no alauíes. Es igualmente una ofensa para los numerosos opositores alauís que luchan contra el gobierno. El origen alauí del presidente sirio y de algunos miembros de su entorno no hace del Estado sirio un "régimen alauí". Siria es un Estado culturalmente marcado por el islam suni de rito hanefí y a la vez el único Estado laico del mundo árabe. La laicidad siria está consagrada por una formula omnipresente en boca de los sirios: […] "La religión es de Allah y la patria es de todo el mundo". Curiosamente, ningún medio ha oído hablar de este principio fundamental que hace de Siria un remanso de paz intercomunitario.

»Pero a esos mismos periodistas no les importuna utilizar los mismos términos que los yihadistas relacionados con Al Qaeda para calificar al Estado sirio. Ven privilegios alauíes en todas partes. Sin embargo, los alauíes viven la mayor parte con medios precarios y ni siquiera se les reconoce oficialmente como a una comunidad religiosa. Bajo la presidencia de Bachar el Assad, cerca de 5.000 mezquitas suníes y 250 iglesias han sido construidas o restauradas. En cambio, jamás el Estado sirio dedicó un solo céntimo al mantenimiento de los lugares santos alauíes ni a la remuneración de los cheikhs alauíes.

»La obsesión de algunos medios y expertos en querer designar su enemigo por su identidad étnica o religiosa es sintomática de ese viejo reflejo racista y colonial que consiste en inferiorizar al otro encerrándole en una identidad simplista, englobante, despersonalizadora y llegado el caso claramente estigmatizante. Estigmatizante, puesto que algunos medios occidentales y yihadistas tienen a los alauíes por colectivamente responsables de los crímenes cometidos por escuadrones de la muerte progubernamentales sin embargo surgidos de todas las comunidades del país. Nos parece normal decir "el presidente alauí Bachar el Assad" pero nos chocaría si alguien dijese "el ministro judío de asuntos exteriores Laurent Fabius"» (Bahar Kimyongur, www.michelcollon.info, traducido en La Haine, 1.9.13).


4. ¿Qué testimonios tenemos de ciudadanos sirios sobre la situación del país?

La periodista suiza Silvia Cattori ofrece el testimonio de un hombre sirio de 75 años residente en la provincia de Homs: «Yo viví la mayor parte de mi vida fuera de Siria. Mi cultura es casi europea. Cuando volví a Siria estaba en desacuerdo con la política de mi país; pero comparado con lo que sufrimos ahora creo que era un mal menor. Vivíamos apaciblemente. Vivíamos en paz, estábamos contentos, pero había cosas que no eran perfectas. Mi hija podía ir de Homs a Damasco, viajar por la noche sin ningún problema.

»No imaginábamos que un día, cristianos, drusos, alauitas y musulmanes serían repentinamente víctimas del fanatismo de los extremistas musulmanes. Todo por desestabilizar el estado sirio. Para empezar los jóvenes se han dejado reclutar en los pueblos. Recibieron dinero, recibieron armas. Atacan edificios gubernamentales, disparan a los policías, a las fuerzas armadas, a los sirios que se oponen a ellos. Un policía de nuestro pueblo fue asesinado en Homs en agosto.

»Esta plaga nos ha venido de fuera. Los sirios no matan por matar […]. Son gentes cultas y de naturaleza pacífica. Hablé al principio con estos jóvenes reclutados. Les pregunté: "¿Porqué están actuando así?" Me respondieron: "Porque está bien pagado. Los hombres reciben 600 libras al día (10$ US) y las mujeres 400 libras; esto sólo por manifestarse y dejarse filmar. Es mas agradable que ir a trabajar al campo y mucho mejor pagado." Así es como la sangre comenzó a correr. Cada asesinato, cada atentado tiene un salario» (CIAR, 27.3.12).

Más testimonios en el breve vídeo de TeleSUR "No podrán quebrantar y doblegar nuestra voluntad de vivir: sirios" (28.8.13).


5. ¿Cómo interpretan muchos sirios el actual conflicto?

El mismo ciudadano de Homs comenta: «Lo que pasa aquí es todo lo contrario de lo que se dice en su país. […] Nuestros soldados no son mercenarios. Son los hijos del pueblo, todas las religiones mezcladas. Son mi hermano, mi hijo, mi tío. Esto es nuestro ejército. Es imposible que los hijos maten deliberadamente a su padre. Nuestros soldados se enfrentan durante muchos meses a los mercenarios pagados por los fondos exteriores para cometer sus asesinatos. La masacre de mujeres y niños en los barrios de Karm al-Zeitoun y d'al-Adawiyé, la han cometido ellos, para luego acusar a las fuerzas del gobierno. Hay dos pruebas: los habitantes de los barrios de Bab Sebaa, Nazihine y Nazha han reconocido entre las víctimas de esta masacre parientes secuestrados y por los que habían pedido rescate los mercenarios.»

Él cuenta lo que le narró un conciudadano: «Todos los hombres de nuestro barrio fueron obligados por las milicias de Baba Amro a llevar armas y a usarlas contra el régimen. Ellos nos decían que el que se negara sería degollado. Mi padre, mis hermanos y yo entonces tomamos las armas. Después de la toma de Baba Amro, el 1 de marzo, cuando el gobierno ha llamado a dejar las armas, mi padre, mis hermanos y yo las hemos dejado. El 10 de marzo, cuando los saldados descubrieron muchos hombres degollados en Shomari, he reconocido entre los cuerpos a mi padre y mis dos hermanos. Las milicias habían degollado a todos los hombres que habían dejado las armas. […]

»Entre los musulmanes armados que masacraron hay fanáticos. Pero son una pequeña minoría. Son sobre todo jóvenes. Entre ellos hay hombres venidos del extranjero. El joven que os he contado dijo que en Baba Amro había iraquíes, libaneses, franceses, qataríes, egipcios, etc. El poder hace lo que puede para combatirlos» (CIAR, 27.3.12).


6. ¿Está toda la oposición a Asad implicada en la guerra?

Los medios de masas han tergiversado la información tratando de mostrar que el conflicto es una revuelta democrática, y que los principales "rebeldes" eran la auténtica oposición al régimen. Con el tiempo, los hechos han puesto en evidencia que quienes dirigen los principales ataques son grupos terroristas, mayoritariamente islamistas y en gran medida extranjeros (ver nuestra parte V).

En su reportaje "La base social de la oposición civil siria" (Rebelión, 4.11.13), Leila Shroms, radicalmente contraria a Asad, recoge numerosas iniciativas de oposición no violenta al régimen, grupos que a la vez ven necesario posicionarse «contra los militantes de los grupos yihadistas y el extremismo religioso». Reconoce que «algunos han tenido que poner fin completamente a su organización. La mayor parte de esas iniciativas no tiene apoyo y no encuentra solidaridad en el exterior de Siria, cuando eso sería necesario para permitirles continuar». Seguramente muchos han parado su actividad porque no quieren verse alineados con unos "rebeldes" monopolizados por la violencia y dirigidos por el Imperio.

Por tanto, el conflicto armado, en lugar de promover la democratización de Siria, ha frustrado todos los intentos de auténtica revolución democrática.


7. ¿A qué bando apoya muy mayoritariamente el pueblo sirio?

Obviamente, la población está dividida. Pero «es sencillamente innegable, guste o no, el enorme apoyo popular que conserva Asad (ver 1, 2 y 3), y que se evidencia en las casi continuas manifestaciones masivas a su favor […]. No cabe recordar un fenómeno comparable a favor de Ben Alí (el déspota tunecino) o de Mubarak (el egipcio). Sí, en cambio, del líder libio después asesinado» (La Excepción, 6.4.12).

Es significativo que la propia OTAN estime que el 70% de los sirios apoya a Asad (Red Voltaire, 5.6.13). Según ese informe, en la categoría «sin opinión» aparece un 20% de la población y el respaldo a los «rebeldes» no va más allá del 10%. Abou Ahmed, jefe de una milicia contraria a Asad, coincide en estimar un apoyo al régimen del 70% de la población de Alepo (Bahar Kimyongur, www.michelcollon.info, traducido en La Haine, 1.9.13).


8. ¿Por qué tiene tanto apoyo Asad?

David Alandete informa desde Damasco (El País, 27.9.13), donde se encuentra el monte Casium, «una fortaleza desde la que el Gobierno se defiende». Cuando Obama amenazó con bombardear el país, a ese monte acudió «un grupo de sirios, muchos de ellos jóvenes, que aún mantienen viva una campaña de desafío a la injerencia norteamericana que han bautizado "Sobre nuestros cadáveres".»

Raná Aisa, maestra de escuela, declaraba: «"Barack Obama decía que quería bombardear Siria para proteger a los sirios. No se defiende a un país bombardeando a su gente. Así que vinimos aquí a morir en el ataque si era necesario". […] En esta acampada, de 24 tiendas y muchas banderas, hay numerosas mujeres, casi todas ellas con el cabello descubierto. Dicen temer —señalando hacia zonas rebeldes en el horizonte—, a los que se refieren en árabe como takfirim, un término que significa "los que nos acusan de apostasía", y que, a efectos prácticos, se viene a emplear para describir a radicales islamistas, que las pondrían tras velos. "Nada de lo que dicen defender pertenece de verdad a la religión islámica", dice Raná […].

»"Estamos aquí para luchar contra mentiras", dice Baha Sawá, de 52 años. Pide que Occidente se desengañe. Asegura que en Siria no hay una revuelta popular mayoritaria contra un Gobierno. Es, defiende, un sistema que se protege: "Muchos ciudadanos apoyamos al Ejército. Yo tengo a un hijo en él y me duele que digan que a lo que se dedica es solo a matar civiles. No es cierto. Nos está defendiendo. Lucha contra terroristas e islamistas extranjeros"».


9. ¿Cómo era la convivencia interreligiosa en Siria antes del conflicto?

El ciudadano entrevistado por Cattori, que por lo visto no es musulmán, comenta: «En la campaña de Homs sólo hay dos pueblos que están contra el gobierno: Qousseir y Al Bowayda. Excepto estos dos pueblos no hay problema entre cristianos y musulmanes. Tenemos muy buenas relaciones con todos nuestros vecinos. En el pueblecito donde vivo con mi familia, estamos rodeados de musulmanes. Son nuestros amigos, no nos atacan. Nos sentimos bien con ellos, ellos se sienten bien con nosotros. Vamos a sus fiestas, ellos vienen a las nuestras. Estos lazos intensos son muy antiguos. Cuando hablamos con ellos, están tan afligidos como nosotros de que haya jóvenes fanáticos musulmanes. Nos dicen que no pueden controlar a sus hijos, que no saben cómo hacer que dejen de matar, pues reciben mucho dinero» (CIAR, 27.3.12).


10. ¿Cuál es la posición dominante entre los cristianos sirios?

Cristianos en Siria entre dos fuegosDedicaremos una entrega a este asunto, pero adelantamos algunas informaciones, como la de D. Alandete en El País (29.9.13): «Los cristianos de Damasco viven hoy con el miedo a que la ciudad en la que ellos y sus antepasados han habitado desde los tiempos de los apóstoles se convierta en el escenario de un nuevo exterminio religioso. Son un reducto de seguidores de Jesucristo en un país de mayoría musulmana, que durante las cuatro décadas de régimen de la familia El Asad han practicado su fe con libertad

Gabriel Daoud, ministro ortodoxo, sintetiza perfectamente la que sin duda es la posición mayoritaria en su colectivo: «Los cristianos de Siria no apoyamos al presidente, sino a un sistema. ¿Errores? El gobierno ha cometido muchos. No le defendemos solo a él, sino a este país». Según el nuncio de Vaticano, «los cristianos aquí han vivido de forma satisfactoria. Si han querido construir una iglesia han podido hacerlo, e incluso han recibido dinero del gobierno»; aclara que evalúa solo la «libertad religiosa, no cuestiones de derechos humanos o libertades fundamentales».


11. ¿Hay desertores del ejército sirio que se pasan al bando "rebelde" por negarse a reprimir al pueblo?

«La prensa occidental y la prensa de los países del Golfo insisten en la presencia de desertores entre los miembros del ESL, lo cual no deja de ser cierto. Lo que sí es falso es que hayan desertado luego de haberse negado a reprimir manifestaciones políticas». El perfil de los mencionados desertores corresponde casi siempre a personas que aprovechan la confusión de la guerra para ejecutar venganzas o a «delincuentes e individuos que ya tenían problemas con la justicia se unieron a esos elementos», «atraídos por el dinero fácil». «En todo caso, en un ejército de 300.000 hombres siempre será posible encontrar fanáticos religiosos y delincuentes» (Thierry Meyssan, CIAR, 31.7.12)

Comparando la situación de Siria con dos casos previos de intervención imperial abierta, Bahar Kimyongur explica: «Los estrategas occidentales y sus subordinados árabes apostaban por un desmoronamiento comparable al del régimen iraquí a la víspera de la caída de Bagdad en 2003. En vano. Esperaban ver a partes enteras del ejército sirio unirse a la rebelión, como pasó en la guerra civil libia en 2011. En vano. Hace poco, Rami Abdel Rahmane tuvo que reconocer en la cadena de información France 24 que el peso de las defecciones se sobreestima. "Las defecciones no han pesado en el ejército sirio", afirmó» (www.michelcollon.info, traducido en La Haine, 1.9.13).


12. ¿Cómo se explican las deserciones de altos cargos del gobierno de Asad?

El propio diario ABC explicaba (24.8.12) el modo en que se compra a cargos públicos siros para pasarse a la oposición: «El intermediario siempre es un sirio, primero tantean tu disposición y si ven que no lo rechazas frontalmente te llega una oferta. El dinero y las garantías de seguridad futura las pone Qatar», denuncia Sharif Shehadi, diputado alauí, quien define las deserciones como «económicas, no ideológicas».

En la crónica se reconoce: «A diferencia de lo ocurrido en Libia, en Siria las deserciones de hombres importantes del sistema son escasas tras 18 meses de revuelta "y eso que desde Doha han activado una ofensiva mundial para comprar a todos los sirios que sea posible. Es otro frente de esta guerra, el económico"», explica el analista político Nabil Fayad, habitual colaborador de Al Yasira. No hay que olvidar, por cierto, que en Libia, aparte de que también llegó el dinero qatarí, las deserciones se produjeron sobre todo (como es habitual cuando se hunde un sistema) a raíz de la invasión de la OTAN contra ese país, que aun así aguantó otros ocho meses.

Un diputado alauí analiza el caso del primer ministro, Riyad Hyjab, que huyó a Jordania con el apoyo del "Ejército Sirio Libre": «Hyjab recibió diez millones de dólares (7,9 millones de euros) por desertar. […] Nos conocemos, Hyjab es baazista desde que nació, ha estado vinculado al régimen toda su vida y tras dos meses en el gobierno decide una mañana que quiere convertirse en opositor. No me lo creo».


13. Por otra parte, ¿hay desertores del bando "rebelde"?

Volvemos a un medio del Sistema: «"El liderazgo de las organizaciones extremistas y la falta de un modelo alternativo al del régimen ha empujado a muchos rebeldes a desertar", afirma Ilias Samman, responsable del Ministerio de Reconciliación Nacional. Este organismo, creado el pasado verano para intentar tender puentes entre las dos Sirias –la que controla Bashar al Assad y la que ha perdido este– ha recibido desde comienzos de año 3.260 solicitudes de reintegración por parte de combatientes de la oposición, de ellas el 75 por ciento en agosto, "la mayoría procedentes de zonas controladas por los grupos más radicales como el norte de Alepo o Raqqa", explica Samman» (ABC, 18.9.13).

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