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Verdades y mentiras sobre Siria (XII): Reacciones
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (6 de febrero de 2014)

Respondemos a preguntas como: ¿Qué significa rechazar la "intervención" occidental en Siria? ¿Por qué no se ha movilizado la población, como hiciera contra la guerra de Irak en 2003?


¿A qué nos referimos cuando hablamos de "intervención" en Siria?

Lo primero que hay que recordar es que Occidente lleva años interviniendo en Siria; más exactamente, contra Siria, como hemos mostrado en las partes II y VI de nuestra serie.

Pero los amos del mundo, y los medios a su servicio, vienen utilizando el término "intervención" (a veces con el apellido "humanitaria") para referirse al bombardeo de Siria (también se contempló la entrada de tropas terrestres) con el objetivo de derrocar a Asad.


2. Criticar la "intervención" en Siria ¿significa apoyar a un dictador?

Hace dos años Jean Bricmont respondía con palabras que siguen siendo válidas: «Recordemos al mayor filósofo racionalista del siglo XX, Bertrand Russell. ¿Qué le pasó cuando estalló la Primera Guerra Mundial, a la que se oponía? Le acusaron de apoyar al Káiser, evidentemente. El ardid que consiste en denunciar a quienes se oponen a las guerras como partidarios del otro bando es tan viejo como la propaganda de guerra. En las últimas décadas yo también he "apoyado" a Milosevic, Sadam Hussein, los talibanes, Gadafi, Asad y mañana, quizá, dirán que apoyo a Ahmadineyad» (La Haine, 24.2.12; añadimos negritas en las citas).


3. Entonces, ¿qué significa rechazar la intervención?

«En realidad no apoyo a ningún régimen, apoyo una política de no injerencia, es decir: no sólo me opongo a las guerras humanitarias, sino también a las elecciones compradas, a las revoluciones de colorines, a los golpes de estado urdidos por Occidente, etcétera; propongo que Occidente haga suya la política del movimiento de países no alineados que en 2003, poco antes de la invasión de Irak, abogaban por "fortalecer la cooperación internacional para resolver los problemas internacionales que tengan un carácter humanitario, respetando estrictamente la Carta de las Naciones Unidas" y reiteraban que "el movimiento de no alineados rechaza el autodenominado derecho de intervención humanitaria, que no tiene ningún asidero en la Carta de las Naciones Unidas ni en el derecho internacional"» (Jean Bricmont, La Haine, 24.2.12).


4. Con sus "intervenciones", ¿ha sido Occidente capaz de solucionar otras guerras?

«Si los occidentales son tan capaces de resolver el problema de Siria, ¿por qué no resuelven antes los de Irak, Afganistán o Somalia? También señalaré que hay un principio moral elemental cuando un país interviene en los asuntos internos de otro país: cargar con las consecuencias. Los occidentales, por lo que se ve, piensan que hacen el bien en todas partes, pero los millones de víctimas causadas por las guerras de Indochina, África Austral, América Central y Oriente Próximo seguramente lo ven de otra manera» (Jean Bricmont, La Haine, 24.2.12).


5. Rechazar la "intervención" ¿significa alinearse con la extrema derecha?

«La izquierda occidental se ha dejado convencer completamente por los argumentos favorables a la injerencia humanitaria y, en este sentido, critica con frecuencia a los gobiernos occidentales porque, a su entender, no se injieren lo suficiente.

»De modo que las pocas veces que me manifiesto, lo hago con quienes están de acuerdo en hacerlo, que ni por asomo son todos de extrema derecha (a no ser que se considere de extrema derecha toda oposición a las guerras humanitarias), pero tampoco son de izquierda en el sentido usual de la palabra, dado que la mayoría de la izquierda apoya la política de injerencia. Como mucho, una parte de la izquierda se refugia en el "ninismo": ni OTAN ni el país de turno atacado.

»Personalmente considero que es nuestro deber luchar contra el militarismo y el imperialismo de nuestros propios países, no criticar a los que se defienden de ellos, y que nuestra posición no tiene nada de neutral ni de simétrica, contrariamente a lo que sugiere el eslogan nini» (Jean Bricmont, La Haine, 24.2.12).


6. ¿Se puede reducir la posición en este asunto a categorías de "izquierda" y "derecha"?

«Creo que tengo derecho a reunirme y hablar con quien quiera; a veces hablo con personas que usted calificaría de extrema derecha (aunque la mayoría de las veces no estoy de acuerdo con esa calificación), pero más a menudo lo hago con personas de extrema izquierda y mucho más aún con personas que no son ni lo uno ni lo otro. Si me intereso por los sirios que se oponen a la política de injerencia es porque pueden proporcionarme informaciones sobre su país que contradigan el discurso dominante, mientras que a través de los medios conozco de sobra el discurso de los sirios favorables a la injerencia.

»El mundo es demasiado complicado para tener una actitud "pura" que sólo nos permita juntarnos y hablar con gente de "nuestra cuerda"» (Jean Bricmont, La Haine, 24.2.12).


7. ¿Dónde está realmente la extrema derecha?

«También tengo un problema con la definición de "extrema derecha". No sé muy bien lo que usted entiende por eso, pero para mí lo que cuentan son las ideas, no las etiquetas. Agredir a un país que no te está amenazando (tal es la esencia del "derecho de injerencia"), para mí, es una idea de extrema derecha. […] Arrebatar a los países su soberanía y con ella el fundamento de la democracia, como hace cada vez más la "construcción europea", para mí, es una idea de extrema derecha. Decir que "a Israel lo critican mucho porque es una gran democracia", como si no hubiera otros motivos para criticar a Israel ―la frase es de […] François Hollande […]―, para mí, es una idea de extrema derecha. Oponer de manera simplista a Occidente al resto del mundo y en particular a Rusia y China, como hace hoy gran parte de la izquierda en nombre de la democracia y los derechos humanos, para mí, es una idea de extrema derecha» (Jean Bricmont, La Haine, 24.2.12).


8. ¿Es peor el régimen de Asad que el de Sadam Huseín?

Cuando en 2003 las encuestas en países como España decían que el 90% de la población estaba en contra de la anunciada invasión de Irak por Estados Unidos, cuando millones de personas salieron a la calle en las capitales de todo el mundo para clamar contra la guerra, sólo algunos fanáticos imperialistas alegaban que con ello se estaba defendiendo a Sadam Huseín. Casi todo el mundo comprendió que era un movimiento contrario a que se masacrara a un pueblo y se dominara un país, con la excusa de que su régimen era inhumano y que el dictador tenía armas de destrucción masiva –cosa poco creíble y que se demostraría falsa– con las que pretendía desestabilizar la región e incluso atacar a Estados Unidos. Los hechos, y la situación actual de Irak, demuestran que los del "No a la guerra" teníamos razón.

Ciertamente los crímenes de Sadam eran entonces más graves que los atribuídos a Asad (al menos los que ya en 2011 se esgrimieron como excusa para defender la "intervención humanitaria"). En 2003 la izquierda en general, y grandes sectores sin adscripción política precisa, no se tragaron el cuento de las armas de destrucción masiva. Pero el Imperio aprendió la lección, y han sabido preparar bien el terreno con una demonización de Asad más hábil que la ejercida con Sadam: han generado una guerra aparentemente interna antes de su planeada invasión, siguiendo así un esquema que ya habían aplicado anteriormente en Libia (ver Libia, Siria, Irán: Paradas sucesivas del tren imperialista y Muamar el Gadafi, asesinado por los dictadores del mundo).


9. ¿Por qué la mayoría condenó la invasión de Irak y no la de Siria?

Cuando en 2013 Obama amenazó a Siria con "intervenir" si traspasaba la línea roja de usar armas químicas, los grandes medios, cada vez más descaradamente al servicio del Imperio, asumieron todas las mentiras sobre los ataques químicos, y en la propia izquierda sociológica, sus supuestos representantes apoyaron mayoritariamente el anunciado ataque.

«En junio de 2003 en el marco de la guerra y ocupación de Iraq no fue muy complicado, en el ámbito universitario, en el de la cultura y en la militancia de izquierdas, que se alzaran cientos de voces contra la guerra. […] ¿Qué ha pasado para que no surja o para que no se dé continuidad al movimiento que emergió en el 2003? Seguramente haya diversas razones entrecruzadas pero me gustaría destacar dos que me parecen centrales: los medios de comunicación masivos han hecho un buen trabajo disuasorio y una parte de los intelectuales de izquierdas que antes eran referentes políticos contra la guerra han optado por servir en el otro bando» (Ángeles Diez, LaExcepción, 20.9.13).

La principal promotora en España de la invasión de Irak en 2003, y una de las personas que más la promovió en la ONU, la entonces ministra de Exteriores, Ana Palacio, escribe ahora un artículo lleno de mentiras y tergiversaciones en el que entre líneas apela a la "intervención humanitaria"; y es significativo que lo publique en El País (6.2.14). Pero la progresía no abrirá los ojos…


10. ¿Qué mecanismos han funcionado en la desmovilización de la izquierda?

«Podemos denunciar a las corporaciones mediáticas, a los políticos y publicistas que nos siguen vendiendo la guerra con la misma retórica moralista y con prácticas cínicas, pero el problema es que les sigue funcionando, por lo menos con la gente poco concienciada. La novedad es que ahora disponen de una cohorte de filósofos, intelectuales y artistas que se venden como estrellas mediáticas, aunque sea en medios alternativos, que incluso se creen lo que dicen, creen defender realmente los derechos humanos y estar del lado de los pueblos, pero su labor ha sido la de acompañar los discursos imperialistas y bloquear el surgimiento de movimientos de oposición a la guerra enfangándonos en discusiones estériles sobre su propio posicionamiento» (Ángeles Diez, LaExcepción, 20.9.13).

Esta vez no hemos tenido a los actores de los premios Goya clamando "No a la guerra", ni se han emitido manifiestos contra el bombardeo de Siria. Aunque en 2003 no frenaron la "intervención", al menos mostraron una concienciación y una reacción antibelicista y antiimperialista que hoy se ha extinguido.


11. ¿Cómo ha influido el cambio de presidencia en Estados Unidos?

Además, ha resultado decisiva la hiperlegitimidad atribuida a Obama. En 2003 el que amenazaba y el que invadió fue George W. Bush, el imperialista descarado, el ultraconservador y reaccionario. En 2013 el que amenazaba era Barack Obama, el progresista bienintencionado que no puede cumplir su programa popular porque "no le dejan". Como ya explicamos en nuestra parte II, Obama es tan promotor de las guerras imperiales como Bush, si bien él y su equipo manejan magistralmente el smart power.

Sobre el fraude llamado Obama, ver 1, 2, 3, 4, 5 y 6.


12. ¿Qué líderes de opinión supuestamente alternativos han contribuido especialmente a promover la guerra contra Siria?

Ángeles Diez (LaExcepción, 20.9.13) señala algunos de ellos, pero sin duda quien ha destacado ha sido el escritor Santiago Alba Rico. Véanse nuestros artículos sobre su apoyo a la invasión de Libia y su defensa de la guerra contra Siria.

En razón de ello, resulta preocupante que Alba Rico sea uno de los apoyos destacados del nuevo partido Podemos, que pretende presentarse como alternativa al Sistema actual.


13. ¿Se han mostrado todos los "analistas" pro imperiales a favor de la guerra contra Siria?

Cuando todos los medios del Sistema jaleaban a Obama para que bombardease Siria cuanto antes, personajes públicos que tradicionalmente apoyan la política exterior de Estados Unidos se manifestaron en contra de la intervención en Siria, no precisamente por una cuestión de principios, sino porque entendían que sólo agravaría la situación. Y es que hasta desde las posiciones más belicistas y cínicas la "intervención" en Siria resulta absurda.

Por ejemplo, el periodista Alfonso Rojo afirmaba en 2012: «Es para echarse las manos a la cabeza. Assad me parece detestable, pero creo que terminaremos echándolo en falta. Como nos pasó, aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta, con Sadam. La Siria que se perfila en el horizonte va a ser mucho peor que la que hemos conocido y ya es decir» (ABC, 8.8.12; aun así, el 28.8.13 no parecía tan crítico con la "intervención" obámica; pero el 23.10.13 volvía a advertir sobre el peligro de la victoria "rebelde").

Semejantes reservas han expresado atlantistas como Ramón Pérez-Maura (ABC, 29.8.13) o destacados miembros de la Brigada Antiprogre como César Vidal –que aprovecha para mover el agua hacia su molino antiiraní (La Razón, 29.8.13) o Pío Moa (Intereconomía, 28.8.13). En cuanto a Gabriel Albiac, expone su equidistancia entre Asad y los "rebeldes" (ABC, 22.5.13), e incurre en análisis disparatados cuando dice que «lo que se juega en todo el Oriente Próximo es si serán los chiíes o los suníes los que dirijan el linchamiento de no creyentes y mujeres sin velo» (ABC, 18.9.13), cuando todo el mundo sabe que el régimen de los Asad (al igual que hiciera el de Sadam en Irak) es uno de los pocos de la región que ha favorecido el laicismo y ha promovido la igualdad jurídica de la mujer. Pero todo vale para construir los monstruos que necesitamos…


14. ¿Qué opina la ciudadanía de Estados Unidos sobre la intervención?

Paradójicamente, parece que en el corazón del imperio ha habido más movimientos críticos contra la "intervención" de los que ha habido en Europa en general, y en España en concreto.

En agosto de 2013, cuando Obama blandía amenazas de bombardeo, solo un 9% de los estadounidenses lo apoyaba, «y un 25% lo haría en el caso de que se demostrase la utilización de armas químicas, según una encuesta de The Washington Post» (El País, 28.8.13).

El vídeo La invasión de Obama a Siria expuesta muestra algunas opiniones y movilizaciones críticas, incluida la de un marine veterano de Irak o la del congresista Ron Paul. Entre los evangélicos, tradicionalmente de perfil conservador, el 60% se declaró contrario al bomabardeo de Siria (Religión en Libertad, 6.9.13). Incluso un medio evangélico totalmente pro israelí (Religion Today) se hacía eco de una información de CBN News (27.6.13) en la que los cristianos sirios se preguntan «por qué Estados Unidos apoya a extremistas que quieren convertir a Siria en un estado islámico».


15. ¿Cuál ha sido la posición de la población y el gobierno británicos?

Una encuesta en el Reino Unido también ofreció la cifra de sólo un 9% de apoyo al bombardeo (Periodismo Alternativo, 28.8.13). Precisamente el hecho de que allí incluso numerosos diputados que apoyan al gobierno se mostraran contrarios a la guerra, contribuyó a enfriar el plan de Obama de "intervenir" y favoreció que triunfara, al menos de momento, el plan ruso de mediación y destrucción de los arsenales químicos.


16. ¿Es especialmente compleja la situación siria?

Todo conflicto es complejo, y por tanto siempre hay que huir de cualquier análisis simplista. Ahora bien, esta convicción no debe empañarnos la vista para comprender, al hilo de las evidencias (que venimos mostrando abundantemente en esta serie de artículos), cuáles son las claves. De este modo, muchas mentes sensatas e incluso sensibles quedan bloqueadas ante la "complejidad", y o bien sucumben ante la supuesta inevitabilidad de la "intervención humanitaria", o bien se refugian en la neutralidad (sin llegar a ver, quizá, que tal postura implica tomar partido por los que mueven los hilos).

Cuando la naturaleza brutalmente violenta y terrorista de los principales grupos "rebeldes" quedó en evidencia, los medios del Sistema que desde el principio defendieron el bombardeo de Siria, empezaron a destacar la "complejidad" de la situación (p. ej., N. Ramírez y L. Ruiz, El País, 26.9.13). Por supuesto, no ofrecen las claves fundamentales que ayudan a entender el asunto, y por tanto a tomar posición ante él: el plan de intervenir en Siria trazado por Estados Unidos en 2003, los bulos sobre las armas químicas, la intervención de enemigos del pueblo sirio que hacen llamar "amigos de Siria", los factores económicos, etcétera.


17. ¿Cuál ha de ser el principio ético básico en este asunto?

Desmontada la falacia de la "intervención humanitaria", ¿habría que resignarse a que en Siria se mantenga una dictadura?

No es cuestión de resignarse, sino de entender lo que algunos parece que han tardado casi tres años en comprender (cuando con algo de conocimiento histórico, de sentido común y de espíritu crítico hacia los medios de manipulación, era muy fácil de ver). Sólo al ver el país destrozado y a los grupos islamistas dominando parte del país, han concluido opinando que «Bashar al Assad es un tirano, pero ningún mal puede remediarse con un mal mayor» (Línea Editorial de la Cadena Cope, 19.12.13).

Ese fue el principio que movilizó a millones de personas que clamaron contra la destrucción de Irak. El Imperio ha sido hábil al convencer al mundo de que en Libia y en Siria no se puede aplicar, y que merecen ser destrozados por razones humanitarias y en defensa de los derechos humanos.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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