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Francisco (XXII): Declaraciones-bomba que nunca serán portada
© Simón Itunberri (@SItunberri / laexcepcion@laexcepcion.com)
www.laexcepcion.com (19 de abril de 2016)

En artículos anteriores ya hemos analizado la responsabilidad de los últimos papas, incluido Francisco, en el encubrimiento de la pederastia en su iglesia: Los papas y la pederastia, Los legionarios del papa, Francisco (XX): Pederastia, una realidad aún vigente y Francisco (XXI): Protector de los encubridores de pederastia.

Como ya hemos explicado, una de las claves fundamentales para saber si se está actuando contra la pederastia, además de fijar nuevas normas y mecanismos protectores de los niños para el futuro, consiste en poner a disposición de la justicia civil a los responsables de los miles de crímenes cometidos en el pasado. Y eso no se está haciendo ni, previsiblemente, se hará.

En esta entrega recogemos declaraciones de víctimas de la pederastia ofreciendo datos y argumentos que señalan directamente a Francisco como responsable de que no se haya avanzado significativamente en hacer justicia a las víctimas de los clérigos que durante décadas han abusado de niños.

Javier Paz, víctima de abusos por un cura desde los diez hasta los 20 años, publicó una carta abierta al papa (Público, 10.12.14):

Ahora resulta que usted, Papa Francisco, pretende convertirse en adalid de esta causa –y muchas otras, según leo–, y de repente se moviliza para salvar almas en pena, supuestamente ejecutando justicia a diestro y siniestro, sin reparar en medios. Aunque la mayoría de víctimas no veamos ningún resultado real más allá de grandilocuentes brindis al sol. […] Sigo esperando que usted me llame y se interese por mi estado, que castigue a los negligentes y cómplices que durante años permitieron que algo sabido fuera a mayores.

Y sigo esperando que su justicia no esté por encima de la de los hombres y mi abusador cumpla condena como cualquier otro pederasta.

Pues si así no se hace, creo que este teatro de expiación y de arremeter contra ciertos casos no es más que un bonito decorado dentro de una campaña de marketing que, al igual que las de los políticos, solo pretende fidelizar a los ya adeptos y lavar una imagen mancillada por el paso de los años y de las complicidades. […]

En este caso, Su Santidad no se movilizó, todo quedó en la sombra, a pesar de las repetidas llamadas de auxilio. Algo que a mí y a muchas otras víctimas de abusos nos hace preguntarnos: ¿Tendrá valor para limpiar la casa de arriba abajo, o se quedará en detalles, espectáculos magníficos y puntuales para hacer campaña pero sin meterse de verdad en harina?

Víctimas de abusos sexuales de religiosos en América declararon que «no bastan las palabras» ni los gestos «ambiguos y contradictorios» que creen que Bergoglio ha expresado públicamente ya que «no generan procesos institucionales hacia la verdad y la justicia». Uno de ellos, confesándose «profundamente traicionado» por Francisco, clamó: «Le exigimos al Papa que, por lo menos, cumpla lo que está diciendo porque para dar titulares todos somos buenos. ¡Ya basta de titulares!». Recuerdan que en sus tiempos como cardenal Bergoglio «nunca recibió a nadie» pese a la insistencia de las víctimas para reunirse con él. «El papa podría parar esta situación, pero rehúsa tomar acciones al respecto», añadió la presidenta de la asociación de víctimas SNAP, Barbara Blaine (Religión Digital [RD], 17.2.15).

 El responsable de la comisión de investigación sobre abusos sexuales a menores en Australia, Peter Saunders, calificó al cardenal Pell, actual “ministro de Finanzas” de Francisco, de “sociópata”, denunció su “frialdad e indiferencia” en el trato con las víctimas y solicitó que fuera retirado (RD, 1.6.15). Saunders declaró que la inacción del Vaticano ante nuevos casos de violación y abuso de menores le hizo «perder la fe en el proceso y perder la fe en el papa Francisco». La respuesta del Vaticano ha sido obligar a Saunders a abandonar la comisión de la “Santa” Sede contra los abusos. La agencia vaticana Zenit (15.2.16) informaba de esta destitución con un lenguaje de tono estalinista: «Se decidió que el señor Peter Saunders tomará un período de licencia en su participación como miembro para reflexionar cómo él pueda contribuir del mejor modo en el trabajo de la comisión».

Esta comisión depende directamente del papa, y es él a quien ha de considerarse responsable de la expulsión de Saunders; pero los medios se siguen empeñando en ver al papa ¡como víctima de la decisión!: «La decisión significó un revés para los esfuerzos de Francisco de demostrar su intransigencia en materia de abusos, ya que la presencia de Saunders y la de otra sobreviviente, Marie Collins, daba credibilidad a la comisión» (RD, 7.2.16). No abrirán los ojos…

Otra víctima perteneciente a la misma comisión, Marie Collins, declara: «No habrá cambios de la noche a la mañana, y eso es frustrante. Pero si podemos modificar las normas y crear normas que se apliquen en el mundo para la seguridad de los niños en el futuro, vale la pena tomarse el tiempo necesario para hacerlo bien». Los que están en el asunto saben que lo único que se puede esperar de estos procesos vaticanos son medidas preventivas; a los miles de víctimas del pasado nadie les hará justicia, ni legal ni moralmente.

El ex sacerdote Alberto Athié considera que «a pesar de que los discursos de Francisco son muy buenos», algunas de sus iniciativas «son ambiguas e incluso contradictorias», como la Comisión Pontificia para la Tutela de los Menores. «Fue impulsada por el papa en 2013 y no conocemos en términos escritos ni el objetivo, ni los estatutos ni qué ha hecho en forma pública», denuncia. Francisco «no está dispuesto a asumir la responsabilidad del Vaticano como miembro de la Convención Mundial de los Derechos del Niño», de la ONU, pese a pertenecer a ella desde 1990.

Para la periodista Sanjuana Martínez, que ha investigado el tema, el papa «no ha cumplido con su promesa de justicia ni de tolerancia cero». Según ella, el papa tiene «una posición amable con las víctimas» y su discurso es «muy simpático, muy campechano, muy mediático», pero no basta. «Dentro de su pontificado hay casos muy llamativos de protección de sacerdotes pederastas», como el del nuncio del Vaticano en la República Dominicana, Josef Wesolowski, que supuestamente pagaba por mantener relaciones sexuales con menores en el país caribeño, lamenta. «Tenía que haber sido puesto a disposición de las autoridades judiciales ordinarias mientras que el papa lo protegió», hasta que falleció oportunamente en Roma en agosto de 2015 antes de enfrentarse a un juicio en el Vaticano.

Con motivo de la visita del papa a México en febrero de 2016, las víctimas quisieron reunirse con él, «pero el papa tiene una agenda muy apretada» y «políticamente correcta», opina Martínez (Listín Diario, 5.2.16), así que no pudieron verle (ya en su visita al país Benedicto XVI se negó a verlas también). Durante toda la visita estuvo rodeado por los poderosos del país, incluido el cardenal Rivera, encubridor de Marcial Maciel (ver Los legionarios del papa). Por supuesto, el responsable de la agenda es el propio papa, por mucho que se quiera hacer creer siempre que otros toman por él decisiones de tal calibre (para la prensa, los “éxitos” de Francisco son obra exclusiva suya, y las “insuficiencias”, culpa de “su entorno”).

Según Martínez, la jerarquía católica mexicana «no ha cambiado un ápice» con Francisco. Esta «sigue negando todos los casos, protegiéndolos, trasladando a los abusadores de parroquia en parroquia, de país en país».

Quizá el único titular en un medio de la prensa del Sistema en el que se señala directamente al papa es el de la noticia de El País Francisco desaira a las víctimas de abusos sexuales de la Iglesia en su visita a México. Recoge las declaraciones de la madre de un joven violado por un cura al saber que el Vaticano ha vetado un encuentro de las víctimas de abusos en México: «Lo que hay que hacer es callar porque lo que han hecho aquí es proteger y encubrir.»

Martín Faz, representante legal de las víctimas, solicitó a la jerarquía que se encargara de tramitar un encuentro con el papa Francisco durante su visita. «Esta comisión nunca entró en contacto con las víctimas, no nos buscaron», señala. Y, por supuesto, el papa que un día tuvo el gesto mediático de llamar por teléfono a un joven español que había sufrido abusos, no ha tenido la iniciativa de reunirse con representantes de miles de víctimas. Los próximos ignorados que no digan que se sienten “decepcionados”. Bergoglio es así, como los anteriores.

Tal y como informa La Jornada (3.2.16), hubo víctimas mexicanas que escribieron una carta a Francisco solicitando encontrarse con él, pero no obtuvieron respuesta. Sí la había recibido anteriormente Jesús Romero, una víctima que había escrito una carta al papa, y este le respondió con otra en la que le pedía perdón. Pero dice Romero: «En su momento fue emocionante. Pero en el fondo nada cambió». Los abusadores, continúa, «no están tras las rejas. Para las víctimas de estos pederastas sigue sin haber condiciones para acceder a la justicia, porque en México hay que enfrentar al Estado y a la Iglesia, que hacen causa común. Los gestos de la Iglesia parecen más una estrategia de mercadotecnia que otra cosa».

Y añade: «Lo que me queda claro es que el interés primordial de la Iglesia es no manchar la imagen de su institución. Porque interés en las víctimas no hay ninguno. A mí nunca nadie de la Iglesia se acercó para darme una mano, para preguntarme si requería atención sicológica –que obviamente sí necesitaba– ni siquiera después de una reunión que sostuvimos con el cardenal Norberto Rivera. Él nos aseguró que estaba dispuesto a apoyar en lo que fuera necesario. No fue cierto.»

La misma noticia informa de que un tribunal eclesiástico mexicano mantiene en reserva un expediente cuya publicación serviría para aclarar puntos con los que procesar a los culpables. ¿A qué espera el papa para desbloquearlo?

Sobre el arzobispo de Oaxaca recaen gravísimas acusaciones de encubrir a pederastas; las víctimas no fueron recibidas por Francisco, quien mantiene en su cargo al jerarca (Laicismo.org, 28.1.16).

«La pederastia clerical sigue vigente en el mundo con Francisco», dice el ex sacerdote Alberto Athié. «El papa es muy hábil con las palabras y los gestos, pero los cambios de fondo y las decisiones no llegan y no veo que vayan a llegar», agrega.

«El papa Francisco ya podría haber divulgado todo lo que han escondido sobre los abusos en el clero. Pero no, esto todavía no ha pasado», declara Barbara Blaine, portavoz de SNAP (El Periódico, 6.2.14). [La misma noticia informa de otro asunto gravísimo: tras el conocimiento del escándalo de los bebés robados en España desde el franquismo hasta los años ochenta (con amplia participación de sacerdotes y monjas), y «a pesar de que varias organizaciones católicas trabajan en el sector de las adopciones internacionales de niños, la Santa Sede todavía no ha adoptado medidas necesarias para que las organizaciones católicas no efectúen adopciones ilegales».]

Blaine declara: «La Iglesia ha demostrado estar más preocupada por su reputación que por proteger a los niños de los abusos». Según ella, incluso ahora «el Vaticano niega, minimiza y da excusas. El papa Francisco pone en marcha una comisión para estudiar los abusos sexuales en la Iglesia que elaborará recomendaciones, pero no hay autoridades. Es engañoso porque da la sensación de que en la medida en que el Vaticano analice más el asunto, parecerá que están haciendo lo correcto, pero nosotros no creemos que se necesite más análisis. Lo que se necesita es corregir y actuar. El Papa no ha hecho nada aún por proteger a los niños, siguen igual de expuestos que con Juan Pablo II o con Benedicto XVI». Ella considera imprescindible «relevar a todos los sacerdotes que han cometido abusos y ponerlos en manos de la justicia» (El País, 10.4.14).

A partir de algunos gestos y palabras que tuvo cuando fue designado en el cargo, los medios del sistema determinaron desde el principio que Francisco era un papa diferente, que traía grandes cambios, y desde entonces actúan según ese esquema. Así, reproducen en grandes titulares frases suyas supuestamente revolucionarias, a veces distorsionándolas (tal fue el caso del “¿Quién soy yo para juzgar a los gais?” que nunca pronunció), y se hacen virales sus citas de impacto. Por supuesto, la estrategia comunicativa del propio Bergoglio promueve este efecto.

La imagen de papa aperturista y transformador ya está sólidamente fijada, y toda la información proporcionada por los grandes medios se debe ajustar a esta imagen. Por eso declaraciones-bomba como las recogidas en este artículo, que sitúan a Francisco en el vértice de la pirámide de encubrimiento de la pederastia, siempre quedarán en un segundo o tercer plano y nunca serán portada.

@SItunberri / laexcepcion@laexcepcion.com
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Nota: Las negritas de las citas son siempre añadidas.

Imagen: Peter Saunders con Bergoglio en 2015 (www.smh.com.au)

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