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Francisco (XXI): Protector de los encubridores de pederastia
© Simón Itunberri (@SItunberri / laexcepcion@laexcepcion.com)
www.laexcepcion.com (13 de abril de 2016)

En sus tres años de reinado, Francisco se ha enfrentado a numerosos casos de pederastia que, gracias a la movilización de las víctimas y la presión de algunos medios de comunicación, van aflorando. ¿Cuál ha sido su comportamiento como máximo responsable de la Iglesia Católica Romana (ICR)?

En artículos anteriores ya hemos analizado la responsabilidad de los últimos papas, incluido Francisco, en el encubrimiento de la pederastia en su iglesia: Los papas y la pederastia, Los legionarios del papa y Francisco (XX): Pederastia, una realidad aún vigente. Analizaremos ahora algunos casos más que conciernen directamente a Bergoglio.


El caso Romanones

En agosto de 2014 un joven granadino que había sufrido abusos por parte de clérigos recibió una llamada del papa Francisco en la que le pedía perdón en nombre de su iglesia por los males sufridos y le prometía que todo se resolvería. En noviembre la prensa tuvo noticia de esa llamada, y empezó a informar de una trama de sacerdotes pederastas que habían actuado durante años, el conocido como “clan de los Romanones” (denominado así porque el líder del grupo se llama Román Martínez).

En octubre el obispo de Granada, Javier Martínez, suspendió a divinis a tres de los diez sacerdotes investigados como presuntos autores de los abusos, pero no adoptó ninguna medida contra los otros siete a pesar de que él mismo reconocía que se habían convertido en cómplices.

Martínez viajó a Roma; se llegó a creer que el papa le obligaría a dimitir, pero ocurrió todo lo contrario, volvió reforzado en su cargo. Martínez se negó reiteradamente a enviar al juez la copia íntegra de las actuaciones realizadas por la Iglesia Católica, pretextando que estaban bajo secreto pontificio, algo que en ningún momento ratificó (ni desmintió) la Congregación para la Doctrina de la Fe (Andaluces.es, 3.8.15). Mientras tanto, los obispos andaluces publicaron una nota apoyándolo (Zenit, 21.1.15).

Siendo que según la justicia civil los supuestos delitos han prescrito, siete de los diez sacerdotes acusados siguen ejerciendo en sus parroquias, a la espera de que se les aplique un proceso canónico por parte de su iglesia. En cuanto al obispo Martínez, se especula que podría ser ascendido por el papa al cargo de secretario de la Congregación para las Iglesias Orientales (Religión Digital [RD], 22.1.16).

La llamada de teléfono del papa al joven granadino tuvo mucho impacto mediático, pero de momento no ha facilitado la actuación de la justicia; es más, se está obstaculizando. La cuestión no es hacer llamadas simbólicas a unas pocas víctimas, sino poner medios para que todos los pederastas y sus encubridores sean juzgados. Y eso no se está haciendo.


Abusos en colegios católicos españoles

En diciembre de 2014 Bergoglio envió una postal de apoyo a una familia cuyo hijo supuestamente había sufrido abusos por parte de un profesor en un colegio del Opus Dei en Leioa (Vizcaya). Pero las investigaciones eclesiásticas concluyeron que no había habido abusos (Zenit, 12.10.15).

La abogada de la familia declara: «Estamos asombrados porque no ha habido ninguna investigación. La única información que recibimos fue la carta escrita de puño y letra del Santo Padre diciendo que ponía el caso en manos del Tribunal para la Doctrina de la Fe. Yo lo que hice fue solicitar que me dejaran a asistir a mí y a la familia en condición de letrada, necesitaba una habilitación especial para ello y todavía no me han contestado si me habilitan o no» (RD, 12.10.15). La familia espera que no se cierre el caso y confía en el papa, que parece haberse desentendido del asunto. Mientras tanto, el profesorado del centro ha apoyado la inocencia del acusado, y la familia ha respondido acusándoles de mentir (RD, 22.3.16).

En Barcelona se ha denunciado por abusos a once profesores, tanto religiosos como seglares, de un colegio de Maristas (El Periódico, 10.3.16).


Sacerdotes amenazados en Oaxaca

«Nueve sacerdotes católicos de Oaxaca acusan haber sido amenazados de muerte y al menos dos de ellos han sido suspendidos del sacerdocio por pedir a su obispo y al Vaticano su intervención en el caso de un párroco que ha abusado de unos cien niños indígenas en Oaxaca, sureste de México», informa Religión Digital (10.3.16).

Un sacerdote denuncia que tuvo un accidente porque le sabotearon el coche, y apunta hacia el arzobispo José Luis Chávez. También ha recibido amenazas de muerte a él y a su familia (Vanguardia, 29.3.16).

«El Vaticano absolvió al abusador mientras los sacerdotes suspendidos temen por su integridad y la de sus familias. “La mayoría de los sacerdotes que hemos impulsado esta causa en Oaxaca estamos siendo objeto de amenazas, persecución y hostigamiento de parte del arzobispo y de su equipo”». Tanto ellos como la madre de una de las víctimas escribieron en noviembre de 2015 al papa Francisco pidiendo ayuda, pero no han recibido respuesta (RD, 10.3.16).


El cardenal Danneels, encubridor premiado por Francisco

El vaticanista Sandro Magister explica que Bergoglio «dice de sí mismo que es inflexible con los obispos que encubren dichas fechorías y a algunos, efectivamente, los ha despedido. Pero al mismo tiempo se muestra misericordioso en exceso con un cardenal, gran elector suyo en el cónclave, el belga Godfried Danneels, que en 2010 intentó ocultar los abusos sexuales del entonces obispo de Brujas, Roger Wangheluwe, de los que fue víctima un joven sobrino del propio obispo. El escándalo fue público, pero no resulta que afectara al Papa Francisco el cual, más bien al contrario, ha puesto dos veces a Danneels en cabeza de la lista de los padres sinodales que él ha nombrado personalmente, señal de gran estima, y ha promovido como nuevo arzobispo de Bruselas precisamente al pupilo del cardenal» (Chiesa, 4.12.15).


Law, el cardenal de ‘Spotlight’

El cardenal de Boston Francis Law, que promovió el silenciamiento de los casos de pederastia y protegió sistemáticamente a los abusadores (como muestra fidedignamente la película Spotlight), reside tranquilamente en el Vaticano. Se publicó que el papa Francisco dijo que no quiere verlo ni que frecuente la basílica de la que es arcipreste, pero el Vaticano desmintió esa información. En cualquier caso, el papa no ha tomado ninguna medida para que se enfrente a la justicia por sus crímenes, y por supuesto Law sigue siendo arcipreste emérito de la basílica de Santa María la Mayor, arzobispo emérito de Boston y cardenal (Clases de Periodismo, 7.3.16).


El cardenal Pell

El cardenal Pell, designado por Francisco “ministro” de Finanzas del Vaticano y miembro del grupo de nueve asesores cercanos al papa, declaró en un juicio sobre abusos cometidos en los años 70 y 80 en territorios bajo su jurisdicción en Australia. Pell reconoció que su iglesia había cometido «errores enormes» (así llamó al encubrimiento de abusos, algo que en realidad no es un error, sino un pecado y un crimen). Declaró que había escuchado algunas voces en los años sesenta y «llegué a la conclusión de que se referían a comportamientos inadecuados» (Zenit, 29.2.16). «Pell reconoció que no tomó medidas cuando un niño denunció las actividades pederastas del religioso Edward Dowlan en 1974, aunque justificó que esta queja fue “casualmente mencionada” y el menor no le pidió que actuara» (20minutos, 3.3.16).

Durante el juicio, un grupo de víctimas australianas se desplazó hasta Roma (desde donde declaró Pell por motivos de salud) para exigirle responsabilidades. Ellos lo tienen claro: «El cardenal Pell es muy astuto y un hombre muy brillante. ¿Cómo puede decir que no sabía?». «O es culpable o es un bufón ignorante», dicen.

Pell se reunió con Francisco y al salir declaró que tenía «total respaldo» del papa (RD, 1.3.16), quien ha mantenido silencio sobre el tema. Las víctimas solicitaron ser recibidas por el papa (Zenit, 2.3.16), pero este no les concedió audiencia. «Los portavoces de las víctimas aseguraron en reiteradas ocasiones que estaban haciendo todas las gestiones para poder ser recibidos» por Francisco (RD, 4.3.16), pero el portavoz papal dijo que no había habido llegado «la petición formal y correcta para un encuentro». Es decir, que el papa que toma la iniciativa de llamar por teléfono a un joven que ha sufrido abusos, el papa espontáneo que improvisa gestos con las masas y con personas concretas, sólo atendería a un grupo de quince víctimas que llevan varios días en Roma clamando públicamente por una audiencia relacionada con un cardenal de la máxima confianza del papa, si este grupo eleva una petición “formal”. En ocasiones como esta se puede ver el auténtico rostro del papa Francisco.

Pell sí se reunió con las víctimas, y se comprometió a “trabajar” por ellas (3.3.16). Una víctima explicó: «Hablamos sobre el futuro, de cómo apoyar a las víctimas, no sobre el pasado» (Huellas, 3.3.16). Lo de siempre: prevención sí, pero justicia para con los culpables no, sino impunidad.

Pell se niega a renunciar, y pasa la patata caliente a un (de momento) ausente papa: «No, no voy a renunciar. Eso sería tomado como una admisión de culpa», dijo, y añadió: «Si el Santo Padre me lo pide, le diría eso, pero haré todo lo que me pida». RD informa de que el Vaticano defendió al cardenal australiano (5.3.16).


El cardenal Barbarin

El cardenal francés Philippe Barbarin está siendo investigado por supuesto encubrimiento de un sacerdote abusador. Aunque él mismo declaró que ya había sido puesto al corriente de los comportamientos de este sacerdote entre 2007 y 2008, el Vaticano le ha ofrecido su apoyo, diciendo que gestionó la causa «con mucha responsabilidad» (El Mundo, 4.3.16 y El País, 15.3.16).

«Las múltiples víctimas no pueden comprender» ese apoyo, escribieron en una carta al papa. «Quieren comprender cómo un hombre pudo perpetrar esos actos abominables contra niños sin que su jerarquía» reaccionara para evitar que hubiera otras víctimas ni «diera cuenta a la justicia» (RD, 14.3.16). Sorprendentemente, las víctimas «no le piden [al papa] la destitución del arzobispo», y dicen: «Al encerrarse en el silencio, nuestro cardenal ha perdido toda credibilidad. Esa es la razón de que hagamos hoy un llamamiento al papa Francisco, que tiene nuestra confianza. Para nosotros, es la referencia moral suprema» (RD, 15.3.16). Como en tantas otras ocasiones, para muchos el prestigio y las simples palabras de Bergoglio valen más que sus hechos

De momento no han recibido respuesta de su referencia moral suprema.


El fundador del Sodalicio de Vida Cristiana

Alessandro Moroni, superior del Sodalicio de Vida Cristiana (una institución que dirige colegios y universidades privadas en Perú), declaró que en la organización consideran culpable de abusos sexuales a menores al fundador de la organización, Luis Figari. Moroni ha solicitado personalmente al papa Francisco «que se decrete su inmediata separación de nuestra comunidad y finalice su insostenible retiro espiritual en nuestras instalaciones». Como informa RD (5.4.16), «el Tribunal Eclesiástico de Lima y el Vaticano recibieron en 2011 las denuncias de tres víctimas de abuso sexual, pero a la fecha no habían obtenido respuesta.»


Los Legionarios de Cristo y el cardenal Rivera

En el artículo Los legionarios del papa ya expusimos cómo Francisco no sólo no ha disuelto la organización Legionarios de Cristo, fundada por el pederasta Maciel y auténtico poder fáctico poseedor de un imperio económico, sino que además la ha premiado con una indulgencia plenaria. Además, durante la visita a México estuvo acompañado públicamente por el cardenal Rivera, uno de los protectores de Maciel durante décadas.


El caso Karadima/Barros y los “zurdos” (según el papa)

Fernando Karadima es un sacerdote chileno sobre el que recaen acusaciones de pederastia tan graves que el Vaticano «lo sancionó en 2011 con la orden de llevar una vida de “penitencia y oración”. Se le prohibió oficiar misa en público, escuchar confesiones o brindar orientación espiritual, así como mantener contacto con sus antiguos parroquianos. Una jueza chilena desestimó un juicio penal porque el caso había prescrito, pero determinó que las denuncias de abusos eran veraces» (RD, 22.2.14).

El 10 de enero de 2015 el papa Francisco nombró a Juan Barros como obispo de la diócesis de Osorno (Chile), decisión que provocó una oleada de protestas por los fieles de la región, pues Barros fue encubridor de Karadima durante muchos años (RD, 14.7.15).

En octubre se publicó un vídeo del papa Bergoglio en mayo de 2015. Es necesario ver este vídeo, de 1:20 minutos:

En él, Bergoglio, con un mal humor que no es frecuente ver en sus intervenciones, dice que la iglesia de Osorno «perdió la libertad dejándose llenar la cabeza por políticos, juzgando a un obispo sin ninguna prueba, después de veinte años de ser obispo. O sea, que piensen con la cabeza, y no se dejen llevar de las narices de todos los zurdos que son los que armaron la cosa. Además, la única acusación que hubo contra ese obispo fue de-sa-cre-di-ta-da por la corte judicial, así que por favor no pierdan la serenidad. Osorno sufre, sí, por tonta, porque no abre su corazón a lo que Dios dice, y se deja llevar por las macanas que dice toda esa gente. Yo soy el primero en juzgar y castigar a alguien que tiene acusaciones de ese tipo, pero en este caso ¡ni una prueba!, al contrario. De corazón se lo digo. […] Pero que no se dejen llevar de las narices de estos que buscan lío, que buscan calumnias» (Cadena Chile, en Youtube, 2.10.15).

A muchos les ha chocado la agresividad con que el papa ha defendido a alguien sobre quien recaen evidencias de delitos tan graves.

Obviamente, estas declaraciones papales han levantado protestas entre los católicos de Osorno, una diócesis que además es mayoritariamente conservadora, por lo que las acusaciones de dejarse arrastrar por los “zurdos” (izquierdista radicales) están todavía más fuera de lugar

«Según los laicos que protestan en Osorno, Barros no tiene cargos en su contra porque el Vaticano sólo apunta a los “autores” de delitos, y en el caso de la justicia penal, un posible encubrimiento se encontraría prescrito, igual que los delitos de Karadima» (BBC, 7.10.15). Pero, como es habitual, la máxima acusación que los “tontos” de Osorno se atreven a lanzar sobre Francisco es la de estar “mal informado” o “mal asesorado”. Es tal la aureola de reformador e incorruptible que hay en torno a él, que muy pocos son capaces de entender que la conducta de este papa, como la de todo jerarca, por mucho que dé bonitos discursos de renovación, siempre tenderá a reforzar la institución frente a las personas. Así ha sido siempre y así seguirá siendo, por mucho que se disimule.

El caso es que Karadima tiene apoyos en la alta jerarquía romana, como el cardenal Sodano (RD, 5.10.15). Pero sobre todos ellos está la voluntad absoluta del papa, un rasgo de la Iglesia Católica Romana que, si no sirve para poner orden en casos como este, ¿para qué sirve sino para reforzar la estructura dictatorial de la organización? Y así ocurre, de hecho.

Fieles de Osorno han escrito a Bergoglio en estos términos: «A nuestro hermano en la fe el Papa Francisco le pedimos, lo exhortamos y le exigimos que públicamente en un acto de arrepentimiento y de buen cristiano, nos envíe un comunicado, donde pueda reconciliarse con toda la comunidad osornina» (RD, 12.10.15). Una exigencia básica por parte de los insultados; pero Francisco no ha respondido y, lamentablemente, con toda probabilidad, si no accede a arrepentirse de sus palabras, los ofendidos encontrarán mil razones para “comprender” a su líder máximo

Una víctima de Karadima, Juan Carlos Cruz, quiso hablar en Roma ante la comisión contra la pederastia establecida por el papa. «Cruz dijo que había traído una carta para ser entregada al papa que estaba firmada por una veintena de laicos de Osorno, Chile, para pedirle que reconsiderara el nombramiento del obispo Barros» (RD, 7.2.16). Pero dos cardenales chilenos, Ricardo Ezatti y Francisco Javier Errázuriz, miembros del G9 (grupo de nueve cardenales designados por Francisco como asesores cercanos suyos), se movieron para bloquear el nombramiento de Juan Carlos Cruz como miembro de la comisión, tal y como se ha sabido por unos vergonzosos correos que desveló la prensa. «Mañana lunes a primera hora me instalo en las oficinas del Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe para impedir el mal del cual me escribes. Si no lo acepta, hablaré con el Santo Padre», escribe Errázuriz en un correo. «Ya está claro que ese nombre no será miembro de la comisión», confirma finalmente en otro.

Por supuesto, el papa, que ha sabido tener gestos mediáticos como llamar por teléfono a un joven que recibió abusos o escribir una postal a los padres de una víctima, no tuvo a bien ni recibir a Cruz personalmente, ni hacer que acuda a una comisión que depende enteramente de él. Y estos dos siniestros cardenales siguen perteneciendo al grupo exclusivo con el que Francisco pretende llevar a cabo la supuesta “reforma” de su iglesia.

Las víctimas siguen apelando a Francisco (RD, 8.2.16), aunque ha demostrado repetidamente que no va a hacer apenas nada a favor de ellas.

El papa dijo: «Un obispo que cambia a un sacerdote de parroquia cuando se detecta una pederastia es un inconsciente y lo mejor que puede hacer es presentar la renuncia. ¿Clarito?» (El País, 18.2.16). Sí, clarito. Pero, ¿acaso esa es la única forma de quitar de en medio a un encubridor, esperar a que renuncie porque el papa ha dicho de forma genérica que así se haga? ¿Y acaso con la renuncia acabaría todo? No, porque encubrir es un delito, y habría que denunciarlo ante las autoridades para que sea procesado. Pero eso no entra en los esquemas papales. Y, como siempre, una cosa son las palabras del papa, otra sus hechos: hay infinidad de jerarcas encubridores que no han renunciado, y a quienes el papa tampoco ha destituido, teniendo plena potestad para hacerlo.

Ha quedado claro: Francisco es el gran protector de los encubridores de la pederastia clerical.

@SItunberri / laexcepcion@laexcepcion.com<
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Nota: Las negritas de las citas son siempre añadidas.

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Fuente de la imagen: arzobispodegranada.es

 

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