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Los obispos católicos, ¿con los pobres y contra el PP?
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (15 de mayo de 2015)

La Conferencia Episcopal Española (CEE) aprobó el 24 de abril de 2015 el documento Iglesia, servidora de los pobres, que ha despertado el entusiasmo tanto de los sectores progresistas del catolicismo español como de otras personas y colectivos con sensibilidad social.


Aspectos positivos del documento

Hay no pocos aspectos del texto que resultan positivos:

Correcto análisis de algunas causas de la crisis: «Entre otras, la explosión de la burbuja inmobiliaria, un endeudamiento excesivo, y, también, la insuficiente regulación y supervisión que han conducido a efectuar recortes generalizados en los servicios, al asumir el endeudamiento público y privado, por lo que las pérdidas se han socializado, aunque los beneficios no se compartieron. […] Para algunos, apenas han cambiado las cosas» (nº 19). No llegan a decir que más que una crisis, se trata de una estafa promovida por el sistema, pero al menos señalan que «las propuestas de solución provenientes de la política económica se nos han presentado en un marco de funcionamiento económico inevitable, cuando, en realidad, ha sido el comportamiento irracional o inmoral de los individuos o las instituciones la causa principal de la situación económica actual», y denuncian que «ante este “mal funcionamiento”, la única solución aplicada ha sido la de las reformas y los reajustes» (20).

Condena de la idolatría del dinero: «La extensión ilimitada de la lógica mercantil se acaba convirtiendo en una “idolatría” que tiene consecuencias no sólo económicas, sino también éticas y culturales; en lugar de tener fe en Dios, se prefiere adorar a un ídolo que nosotros mismos hemos hecho» (21).

Denuncia de la tiranía de los mercados: «La ideología que defiende la autonomía absoluta de los mercados y de la actividad financiera instaura una tiranía invisible que impone unilateralmente sus leyes y sus reglas» (21; ver también los nos 15, 18, 41 y 52).

Cuestionamiento de dogmas capitalistas: «La propiedad privada no es un derecho absoluto e intocable sino subordinado al destino universal de los bienes» (26), afirma el texto, y ofrece los fundamentos bíblicos de este planteamiento (25). Apela además a «un reparto más justo de los recursos» (53).

Contra la deshumanización de la economía: «Un orden económico establecido exclusivamente sobre el afán del lucro y las ansias desmedidas de dinero, sin consideración a las verdaderas necesidades del hombre, está aquejado de desequilibrios que las crisis recurrentes ponen de manifiesto. El hombre no puede ser considerado como un simple consumidor, capaz de alimentar con su voracidad creciente los intereses de una economía deshumanizada» (15).

Apelación a la necesaria implicación de los poderes públicos: Los obispos defienden que la caridad ha de manifestarse «en propiciar las reformas necesarias para una razonable distribución de los bienes», y destacan la necesidad de «la universalización de la sanidad y la educación, protección social, pensiones y ayuda a la discapacidad» (44). Piden que «las Administraciones públicas, en cuanto garantes de los derechos, asuman su responsabilidad de mantener el estado social de bienestar» (49; ver también el nº 22). Ni siquiera el principio de subsidiariedad debe ser «un pretexto para descargar sobre ellas [las “organizaciones intermedias”] sus obligaciones eludiendo las responsabilidades que al Estado le son propias; fenómeno que está comenzando a suceder en la medida en que los organismos públicos pretenden desentenderse de los problemas transfiriendo a instituciones privadas, servicios sociales básicos» (31).

Llamado a profundizar en las causas de la pobreza: «La pobreza no es consecuencia de un fatalismo inexorable, tiene causas responsables. Detrás de ella hay mecanismos económicos, financieros, sociales, políticos…; nacionales e internacionales». Y citan a Francisco: «Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema» (48).

Superación del asistencialismo: Los obispos consideran que hay que llevar a cabo una primera asistencia (reparto de comida, ropa, pago de medicamentos…) porque es urgente; pero no es suficiente: además hay que promover «el acompañamiento y la promoción de la persona», así como la «erradicación de las causas estructurales de la pobreza» (49).

La caridad debe traducirse en acción: «Nuestra caridad no puede ser meramente paliativa, debe de ser preventiva, curativa y propositiva» (42).

Atención a la mujer: Expresan su preocupación por «las desigualdades que sufren las mujeres» (51). Hay referencias al aborto (28), pero, citando a Francisco, muestran una mayor sensibilidad que en otras ocasiones al poner el énfasis no tanto en el crimen de la mujer que aborta, sino en la necesidad de «acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras».

Enfoque espiritual: «En el origen de la actual crisis económica hay una crisis previa: “La negación de la primacía del ser humano”, […] consecuencia de negar la primacía de Dios en la vida personal y social» (15; ver también 33 y 34). Este planteamiento puede molestar a los no creyentes, pero no sólo es legítimo, sino ante todo coherente con una visión cristiana.

Superación del dualismo materia/espíritu: «Más de una vez, dentro de la Iglesia, hemos caído en la tentación de contraponer la vida activa y la contemplativa, el compromiso y la oración y, más concretamente, hemos considerado la lucha por la justicia social y la vida espiritual como dos realidades no sólo diferentes […], sino independientes y hasta contrarias, cuando no lo son en modo alguno, sino más bien complementarias y vinculadas entre sí» (37).

Apelación a la coherencia cristiana: «Si el Evangelio que anunciamos no se traduce en buena noticia para los pobres, pierde autenticidad y credibilidad» (35).

Llamado a la acción: «Tenemos, además, el reto de ejercer una caridad más profética. No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas, cuando se permite que los seres humanos no vivan con la dignidad que merecen. Debemos elevar el nivel de exigencia moral en nuestra sociedad y no resignarnos a considerar normal lo inmoral. […] La caridad social nos urge a buscar propuestas alternativas al actual modo de producir, de consumir y de vivir, con el fin de instaurar una economía más humana en un mundo más fraterno» (45). Para ello, es necesaria «la formación de la conciencia sociopolítica de los cristianos» (49).

Petición de perdón: «Pedimos perdón por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados» (56).


¿Es para tanto?

Es verdad que algunas formulaciones de este texto episcopal pueden resultar novedosas, pero lo cierto es que el grueso de las ideas expuestas en él procede de la llamada “Doctrina Social” de la Iglesia Católica Romana (ICR), que en materia económica hace décadas que se basa tanto en la crítica del capitalismo y su tiranía del mercado, como en el rechazo del socialismo y su tendencia a la intervención excesiva del estado.

Las novedades en el lenguaje se encuadran perfectamente en el “estilo Francisco”, que consiste más en un giro lingüístico y de imagen que en un replanteamiento ideológico (ver Francisco (VIII): ¿Giro doctrinal?). Treinta y una de las citas del documento corresponden a textos del actual papa (sobre todo de su “exhortación apostólica” Evangelii Gaudium), pero un total de veintitrés citas son de los dos papas anteriores (8 de Juan Pablo II y 15 de Benedicto XVI). De hecho, aunque se suele contrastar el ultraconservadurismo de ambos con el aperturismo de Bergoglio, lo cierto es que muchos de los planteamientos de este ya fueron presentados por Ratzinger, incluida la crítica al capitalismo, tal y como expone el curioso artículo 9 frases que muestran que el Papa «es progre», no como otros ;-).


Aspectos cuestionables del texto

Hay también en el texto algunos aspectos cuestionables, incluso alguno preocupante por la influencia que pueda tener el documento:

No profundiza en el fenómeno de la corrupción. El análisis que hace de este fenómeno se parece mucho a los votos de buenas intenciones que suelen exponer los propios partidos políticos en sus programas (añadiendo un toque espiritual en este caso): «Es de justicia reconocer que la mayoría de nuestros políticos ejerce con dedicación y honradez sus funciones públicas; por eso resulta urgente tomar las medidas adecuadas para poner fin a esas prácticas lesivas de la armonía social. […] Es necesario que se produzca una verdadera regeneración moral a nivel personal y social […]. Dicha regeneración nace de las virtudes morales y sociales, se fortalece con la fe en Dios y la visión trascendente de la existencia» (12).

No llama a las cosas por su nombre ni denuncia a los responsables concretos: Los obispos hablan de tiranía de los mercados, de idolatría del dinero, de la dañina especulación financiera… pero de una forma tan genérica que hasta muchos de los poderosos que dominan el Sistema podrían asentir con la cabeza. Porque el documento no se atreve a denunciar que no son simplemente las “fuerzas del mercado” las que han asolado la economía y la sociedad españolas, sino que estas fuerzas están encarnadas en las multinacionales, la mayoría de las grandes empresas (como las del IBEX-35), la banca, la Comisión Europea, las organizaciones internacionales al servicio del gran capital como el FMI…, por no hablar del conglomerado imperial-militar que sustenta todo el edificio (OTAN…). En esa misma línea, recordemos que Francisco se ha reunido con algunos de los máximos representantes de este gran conglomerado político-financiero (Merkel, Lagarde…), por supuesto sin pronunciar en aquellas ocasiones la más mínima crítica hacia lo que representan. Es lógico, cuando el propio Vaticano es propietario del IOR, que es una especie de banco (algunos ingenuamente consideran revolucionario que Bergoglio lo esté reformando… cuando la única revolución sería disolverlo).

Tampoco se moja respecto a políticas concretas. Escribe el teólogo católico Bernardo Pérez Andreo, admirador de Bergoglio: «El documento debería indicar qué políticas han sido responsables de esta situación, para que los católicos orienten su voto en las elecciones, no sólo por cuestiones morales, sino por cuestiones también políticas y económicas. En la base del análisis está que las políticas aplicadas en España desde 1993 son las causantes de la burbuja de 1999 a 2008 y de la posterior crisis. […] Estas políticas criminales no pueden ser apoyadas con su voto por los católicos. Esto le falta decir a la Conferencia Episcopal. Al no decirlo, elimina la base del análisis y lo hace superfluo. Como Juan Bautista, hay que llamar al corrupto por su nombre, hay que denunciar las políticas y los políticos que aplican la injusticia, hay que hacer pública la oposición, aunque esto cueste la cabeza de quien lo hace.»

Autobombo eclesial: Como es habitual, los jerarcas católicos se postulan a sí mismos como una autoridad moral que posee miras que van más allá de las del resto de los mortales: «La Iglesia, maestra de humanidad, ha venido elaborando a lo largo de los siglos un corpus doctrinal cuyos principios nos orientan en la recta ordenación de las relaciones humanas y de la sociedad, y nos permiten formar un juicio moral sobre las realidades sociales» (23). Y a continuación ofrecen un listado de sus organizaciones orientadas a la promoción social.

Paternalismo: El texto también destila el característico paternalismo condescendiente de quienes se dotan a sí mismos de la categoría de “padres”; incluso se comparan a sí mismos con Dios: «“He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas”, dijo el Señor a Moisés (Ex 3,7). También nosotros Pastores del Pueblo de Dios hemos contemplado cómo el sufrimiento se ha cebado en los más débiles de nuestra sociedad. […] Las víctimas de esta situación social sois nuestros predilectos, como lo sois del Señor» (56).

Cuidado con el principio de subsidiariedad: Se trata este de un postulado característico de la ICR; el Compendio de la Doctrina Social de lglesia lo define como el principio según el cual «todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda […] respecto a las menores. De este modo, los cuerpos sociales intermedios pueden desarrollar adecuadamente las funciones que les competen, sin deber cederlas injustamente a otras agregaciones sociales de nivel superior» (186). Es cierto que el documento episcopal cita este principio para advertir de que no se tome como excusa para que el estado se desentienda de su deber asistencial (31); pero no hay que olvidar que la subsidiariedad, entendida al modo católico, en última instancia pretende otorgar a la ICR en cuanto “cuerpo social intermedio” una participación, un protagonismo y una representatividad decisivas, según un modelo organicista (ver el artículo de E. Cook sobre el tema).

¿Pulla a Podemos? Al hijo de la denuncia de la «tiranía invisible» de los mercados, advierten de que no hay que «caer en populismos estériles» (52), lo cual recuerda mucho algunas críticas que se vienen haciendo a Podemos (no vaya a ser que a los católicos se les ocurra votarles…).

¿Petición de perdón? Ya hemos visto cómo los obispos piden explícitamente perdón «por los momentos en que no hemos sabido responder con prontitud a los clamores de los más frágiles y necesitados» (56). Ahora bien, la propia doctrina católica establece que el propósito de enmienda debe ir precedido de un relato de los pecados concretos. ¿En qué circunstancias concretas los obispos no han respondido a los clamores de los necesitados? El documento no lo especifica…

Por un gobierno mundial: El texto apela a que «los depositarios del poder político» cooperen «en el pronto establecimiento de una autoridad política mundial, reconocida por todos y dotada de poder efectivo capaz de garantizar a cada uno la seguridad, el cumplimiento de la justicia y el respeto de los derechos y de la paz». Un viejo programa muy amenazante, y más procediendo de quien procede, como analizamos en el artículo El papado aboga por un gobierno mundial.

Otros mediadores que no son Jesucristo: Aunque se exalta a Cristo a lo largo del documento, una vez más la invocación final no es para él, sino para Teresa de Jesús y, sobre todo, para María: «Que santa María, Virgen de la Esperanza y Consoladora de los afligidos, ruegue por nosotros hoy y siempre. Que ella consiga que no nos falte nunca en el corazón la necesaria y urgente solidaridad con los más pobres» (59). Este énfasis mariano, de ningún modo bíblico y típicamente papal, es muy propio de Bergoglio.


La clave: el contexto

Para comprender este texto episcopal no podemos limitarnos a leer lo que dice; también hay que preguntarse qué no dice, quién lo ha escrito y por qué.

¿Les interesa a los obispos que se difunda el documento? El periodista católico de línea aperturista José Manuel Vidal elogia el documento, pero considera que será papel mojado si no va acompañado de una buena estrategia comunicativa, que hasta ahora los obispos no han desarrollado, sino todo lo contrario. Escribe Vidal: «¿Cómo es posible que decidiesen presentar este documento episcopal histórico en la misma rueda de prensa en la que se daba cuenta de los asuntos de la Plenaria y, por tanto, abierta a las cuestiones de actualidad? O no lo pensaron o lo hicieron aposta». Quizá fue esto último…

Siempre han estado en connivencia con el poder. La Conferencia Episcopal Española es la voz de la jerarquía católica romana en nuestro país. Durante años, a pesar de los conflictos puntuales que hayan podido tener con los gobiernos del Partido Popular (especialmente en la época de Aznar), en sus famosas pastorales preelectorales, supuestamente neutrales, han ofrecido siempre una evidente lectura entre líneas favorable al PP (ver un análisis de lo que ocurrió en 2008: El jefe del Vaticano quiere ver al PP en el gobierno). En cualquier caso, y a pesar de que las trifulcas por el aborto, el matrimonio gay o la asignatura de Educación para la Ciudadanía pudieran dar a muchos la impresión de que Zapatero hizo una política “anticatólica”, lo cierto es que ese presidente colmó de privilegios a la ICR (acceder aquí a los enlaces a varios artículos que así lo evidencian).

Poli malo, poli bueno. Entre 2005 y 2008 el presidente de la CEE fue Ricardo Blázquez. Aun siendo el favorito de los sectores aperturistas, bajo su mandato se mantuvo una línea quizá más suave en el lenguaje, pero políticamente tan dura como la lleva a cabo por su predecesor y sucesor Rouco. Una muestra de ello fue el mantenimiento durante varios años más de Jiménez Losantos como voz destacada de la cadena episcopal COPE con el voto unánime de todos los obispos (ver COPE: La prueba de Blázquez).

Apoyando el capitalismo. Las cadenas COPE y 13TV, de las que es propietaria la CEE, llevan años apoyando al PP, tanto cuando estaba en la oposición, como desde que llegó al gobierno en 2011. La COPE no sólo ha desplegado innumerables editoriales laudatorios hacia sus políticas económicas (las que supuestamente critica el documento que ahora analizamos), sino que además todos sus principales locutores, y casi todos sus contertulios y “expertos economistas” son explícita y/o implícitamente defensores del capitalismo más salvaje y “neoliberal”. Y todos estos programas los ve y los oye mucha más gente que la que leerá el documento de la CEE.

Y hoy siguen defendiendo la política económica del PP. Dos semanas después de publicarse el documento, un editorial de COPE del 5 de mayo se alegraba por el buen dato del paro, y defendía la necesidad de «una segunda generación de reformas, que no de recortes», dando por válida la primera. El editorial del día siguiente asumía nuevamente que el gobierno de Rajoy ha hecho una buena labor económica, y dice que «aún queda mucho por hacer» y que se debe afianzar «el proceso de curar las heridas personales y sociales que ha producido la crisis económica»; en esta «buena racha de la economía», «como ha señalado Luis de Guindos», «la senda parece correcta». Ese mismo día otro editorial advierte sobre el peligroso programa electoral de Podemos, entre otras razones por su «concepción intervencionista del Estado con la que peligra la iniciativa y la libertad individual». ¿Pero no han escrito los obispos que «las Administraciones públicas, en cuanto garantes de los derechos», deben «asumir su responsabilidad de mantener el estado social de bienestar»? Y el 13 de mayo añaden otro editorial sobre la intervención de Aznar en la campaña del PP: «Cuando el expresidente del Gobierno se refiere a un nuevo contrato del PP con los votantes está haciendo una invitación a la recuperación de la confianza».

¿Grandes cambios? Tras seis años de presidencia de Rouco, el “moderado” Blázquez es de nuevo presidente de la CEE desde 2014. ¿Qué cambios sustanciales se han producido en la ICR española? Ninguno, realmente:

  • Al tomar posesión de su cargo en 2014, Blázquez afirmó que exigirían que se respeten los derechos de todas las confesiones religiosas; pero ni él ni ninguno de los miembros de la CEE han movido un dedo para que el arzobispo y cardenal Sistach renunciara al funeral nacionalcatólico celebrado en abril por las víctimas del accidente de Germanwings.

  • La ICR española, que es propietaria de un gigantesco patrimonio acumulado durante los siglos en que tuvo el monopolio religioso y fue un apéndice del estado, no se conforma con él y durante los últimos años ha venido acaparando propiedades públicas y populares mediante el sistema de las “inmatriculaciones”. Dos semanas después de publicarse este documento en el que los obispos dicen estar al lado de los pobres, el arzobispo de Sevilla anunció que están concluyendo ese gran proceso de apropiación. Por supuesto, ningún obispo ha mostrado la más mínima intención de devolver a la sociedad esos bienes.

  • El arzobispo de Madrid, Osoro, al que algunos consideran un “Francisco español” aperturista y compasivo, quiso dejar bien claro que de ningún modo se aceptará la más mínima revisión de los abusivos Acuerdos con la “Santa” Sede de 1979. Es evidente que el papa tampoco va a propiciar cambios en este sentido. Aumentarán sus privilegios, pero no renunciarán a los obtenidos.

  • Gil Tamayo, portavoz de la CEE, defendía en marzo el mantenimiento de la asignatura de religión católica en el sistema público con todos sus privilegios, invocando altivamente la superioridad histórica de su iglesia en España con respecto a otras organizaciones. Además, por supuesto, los obispos defienden y defenderán, como siempre, la presencia en espacios y edificios públicos de sus símbolos confesionales (ver Cristo contra el crucifijo).

  • Conclusiones

    Considerado aisladamente, el documento episcopal recoge ideas auténticamente evangélicas. Habrá quienes se sientan inspirados por ellas, y estimulados a un compromiso social activo; estupendo. Pero lo cierto es que en materia de solidaridad los obispos, más que liderar al pueblo católico, van a remolque de los sectores más comprometidos de este: los creyentes y las organizaciones de base que cada día toman parte por los desfavorecidos. Aquí la CEE simplemente se ha hecho eco de esas corrientes.

    Por lo demás, parece evidente que el texto se trata de una muestra más de la “estrategia Francisco”, consistente en modular astutamente el lenguaje y el estilo, sin que ningún cambio sustancial tenga lugar (ver nuestra serie de artículos sobre Bergoglio). El cardenal Cañizares, nombrado obispo de Valencia por Francisco en 2014 (y por tanto corresponsable del documento), lo quiere dejar claro: «No es un viraje a la izquierda ni una adaptación a “nuevos aires eclesiales”». Estos mismos días el cardenal participaba en un encuentro de empresarios católicos, en el que se defendieron las políticas del PP (ReL, 6.5.15).

    No hay que descartar en los obispos cierto giro oportuno ante los movimientos de protestas populares por la estafa-crisis y los recortes en derechos económicos y sociopolíticos consiguientes; la jerarquía católica española querría mostrar una cara simpática ante la ciudadanía. Y podrían incluso estar tomando posiciones de cara a probables cambios en el panorama político español tras las elecciones generales de finales de 2015, cuando el PP puede perder el gobierno. En cualquier caso, ya apoyaron a Pedro Sánchez en la primarias del PSOE; y también pudimos ver al líder de Podemos aplaudiendo a Bergoglio en el Parlamento Europeo. De modo que no cabe esperar que ni siquiera la izquierda (real o nominal) vaya a implantar la separación ICR-estado en nuestro país.

    Ante el alborozo con que algunos han recibido este documento porque entienden que significa una implicación social de la jerarquía de la ICR española, no hay que olvidar que lo más grave en nuestro país no es que esa jerarquía se desentienda de la sociedad y la política, sino que se interese demasiado por ellas, buscando mantener, y aumentar, un protagonismo y un papel director que no le corresponde. La prueba es que, por mucho que digan estar al servicio de los pobres, no parece que vayan a renunciar a los numerosos privilegios que detentan, y mediante sus hechos, sus medios de comunicación y su condición de poder fáctico seguirán aspirando a sus objetivos supremacistas tradicionales.

    Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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    Imágenes: Religión Digital y El Diario.

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