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Gripe cochina (II): Que se vacune Trini
© Cordura
www.laexcepcion.com (31 de agosto de 2009). Publicado originalmente en El Blog de Cordura

Parte I: La gripe cochina: Terror fácil y hediondos intereses

«La vacunación en España la empezaremos en el momento en que recibamos las primeras vacunas por parte de los laboratorios.»

La trilateralista Trinidad Jiménez

El 29 de septiembre de 2005, David Nabarro, el entonces recién nombrado coordinador de la ONU para las gripes aviar y humana, advertía que aquella gripe podría matar entre 5 y 150 millones de personas. Llegó a comparar la extensión previsible con la del sida en África (ver también).

Ya desde el año anterior se venían disparando las alarmas por un brote de gripe aviar (virus H5N1). Pero la realidad es que, aunque millones de aves perecieron, entre enero de 2004 y abril de 2007 la cifra constatada de humanos fallecidos por esa gripe ha rondado los trescientos. Tras unos cuantos meses de pánico, muy pronto el tema empezó a diluirse, quedando como un fenómeno básicamente concentrado en Asia y que afectaba sobre todo a las aves.

A día de hoy, David Nabarro sigue siendo el coordinador de la ONU para las gripes aviar y humana (ver también), cargo para el que fue postulado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).


Gripe A: Refrescando la memoria

Va para cuatro meses que publicamos nuestro primer análisis sobre este asunto. Puede decirse que, a grandes rasgos, vienen cumpliéndose las expectativas más pesimistas en él reflejadas, al menos en cuanto a la alarma social se refiere. Como si todo se ajustase a un guión previo.

Desde entonces, hemos asistido a un cambio del nombre oficial: ya no es "gripe porcina" sino "gripe A (H1N1)", en alusión al virus correspondiente. Además, según los informes, el fenómeno se ha ido incrementando a un ritmo muy notable (cerdos y humanos aparte, afecta incluso a los pavos chilenos, según las autoridades sanitarias de ese país).

En nuestro anterior trabajo, fechado el pasado 2 de mayo, la gripe acababa de ser reconocida públicamente. Por aquellos días, los especialistas sanitarios norteamericanos, europeos y los de la OMS decían cosas como: «Hay que estar preparado para lo peor.» «"Entre un 40% y un 50% de la población europea" tendrá la nueva gripe.» «[La situación es] muy grave e impredecible». «Una vez declarada la fase de alerta prepandémica 5, pasar a la 6 es inevitable.» «La OMS señala que el virus H1N1 aún puede mutar, ser más fuerte y causar una pandemia» (ver también).

A la vista de la inexorabilidad asociada a la expansión de la gripe, de lo exótico que resultaba el virus implicado, y de ciertas declaraciones –denuncias incluidas–, que empezaban a conocerse, nos preguntábamos entonces qué podría haber detrás de toda esta historia. Parecía inevitable enmarcarla en el contexto de un mundo globalizado que además venía siendo sacudido por el salvaje "terrorismo internacional", la no menos feroz "Guerra contra el Terror" y la aguda crisis económica generalizada. Con el telón de fondo de una implacable voluntad hegemónica sobre todo el planeta.


¿Una pandemia prefabricada?

En su momento, recogimos las tempranas declaraciones de John Carlo, relevante funcionario de la Sanidad estadounidense, a quien pareció escapársele que la enfermedad era una «variante de la gripe porcina que ha sido cultivada en un laboratorio». Nos hacíamos eco también de unas denuncias previas de Siti Fadilah Supari, aún ministra de Sanidad de Indonesia, quien vinculaba el virus con un posible desarrollo de armas biológicas por parte del Imperio. Llegaba a firmar que «la conspiración entre superpotencias y organizaciones globales [evidente alusión a la OMS] no es una teoría, no es retórica, sino que es algo que he experimentado yo misma».

Unos diez días después de publicar nuestras modestas reflexiones, Adrian Gibbs, virólogo australiano jubilado, declaraba que la influenza que nos ocupa pudiera no haberse originado en cerdos sino en un laboratorio. Gibbs aludía a un posible error como causa de ello.

[Este tipo de testimonios, por cierto, daba la razón a algunos personajes usualmente tachados de "conspiranoicos", como el doctor Leonard Horowitz.]

La OMS se apresuró a tomar cartas en el asunto y anunció que había empezado a investigarlo, a la vez que uno de sus portavoces, Gregory Hartl, declaraba: «Aún es muy pronto para sacar conclusiones.» Prudente afirmación que no impidió que, al día siguiente, nuestro viejo conocido Keiji Fukuda, director adjunto de tan insigne organismo dependiente de la ONU, concluyera que «el virus A/H1N1 no ha sido creado en un laboratorio». «Surgió de forma natural.» Según se informó, llegaron a esta conclusión «tras muchos análisis».

Lo que había dado mayor credibilidad al testimonio de Gibbs era el hecho de que éste fuera uno de los creadores del antiviral que más se viene usando para combatir la gripe A: el Tamiflu, fármaco cuya acción consiste en evitar la diseminación del virus por el organismo infectado.

Entonces se recordó además que, según algunos científicos, el último brote global de gripe porcina, surgido en Rusia en 1977, podría haber salido de un laboratorio. (Ver también).

Es curioso señalar, por otra parte, que el 24 de febrero de 2009 la influyente agencia de noticias financieras Bloomberg publicaba un breve informe según el cual la poderosa compañía farmacéutica Baxter había enviado, supuestamente por error, el virus de la gripe aviar a laboratorios europeos. (Ver también). El escándalo cobraría nueva actualidad, aunque no muy resonante, una vez estallado el brote de gripe porcina.

Casualmente, es la misma Baxter que ahora, en carrera con otras cuatro o cinco empresas de la competencia, está involucrada en la producción de vacunas para la gripe A. De hecho, ya ha enviado, por ejemplo, unas 200.000 dosis de la vacuna al Reino Unido. Es la misma Baxter, también, «que un año antes de que se hubiese publicado ningún caso de H1N1 […] presentase una patente para la vacuna contra el virus H1N1: Baxter Vaccine Patent Application US 2009/0060950 A1» (destacado añadido).


La pandemia, declarada

El 11 de junio de 2009, tal como se venía anticipando desde casi el principio, la OMS clasificó la gripe en el nivel de alerta seis, declarando pues la pandemia (por cierto, sin esperar a que el virus mutase). Había sido como una "crónica de una pandemización anunciada".

En buena parte de su declaración, Margaret Chan Fung Fu-chun, directora general de esa entidad, hacía un auténtico ejercicio de "unas de cal y otras de arena". Por un lado, subrayaba que, dada la rapidez con que había sido detectado el fenómeno, «el mundo puede cosechar ahora los beneficios de las inversiones que ha realizado durante los últimos cinco años preparándose para la pandemia. Salimos desde una posición destacada, y ello nos fortalece». Por otro lado, indicaba que todo podía «cambiar muy deprisa». Y eso que «tenemos buenas razones para considerar que, a escala mundial, la gravedad de esta pandemia, al menos en sus primeros días, será moderada». De hecho, afirmaba, «no se prevé un aumento súbito y espectacular del número de casos graves o letales», sin perjuicio de que, como señalaba más adelante, «una característica de las pandemias es que se propagan rápidamente por todo el mundo». Informaba, además, de que «muchos casos graves, pero no todos, se han dado en personas que ya sufrían alguna afección crónica», para añadir a párrafo seguido que, «por otra parte, es importante señalar que entre un tercio y la mitad, aproximadamente, de los casos graves o mortales se han dado en personas jóvenes y de mediana edad que estaban sanas».

En fin, dadas estas ponderadas "matizaciones", ¿resulta extraño que concluyera insinuando la necesidad de la vacunación general, «dada la susceptibilidad casi universal de la población mundial a la infección»? «La OMS ha mantenido un estrecho diálogo con los fabricantes de vacunas contra la gripe. Tengo entendido que la producción de vacuna contra la gripe estacional se ultimará dentro de poco y que se dispondrá de capacidad plena para asegurar el mayor suministro posible de vacuna antipandémica en los próximos meses.»

Entretanto, como desde el principio del brote mediático, seguía anunciándose –casi se daba por hecho– que el virus podría mutar hacia formas más agresivas.


En las puertas de la vacunación, crecen las alarmas frente a la pandemia

Con meticuloso afán, los periodistas del Sistema nos recitan el goteo de muertes por la gripe. Así, en España, ya prácticamente a diario, conocemos detalles de las víctimas como su edad, las circunstancias de su muerte y, de haberlas, sus patologías previas.

Además, los titulares no dejan de mantener bien alto el nivel de alarma:

• 1.7.09: Alerta sanitaria. La nueva gripe ya ha causado más muertes que la variante aviar
• 16.7.09: Reino Unido cree que la cifra de muertes por Gripe A podría ascender a 65.000
• 24.7.09: El Vaticano, dispuesto a suspender los eventos masivos a causa de la gripe A
• 30.7.09: Recomiendan la vacunación masiva contra la gripe A en Estados Unidos

Un comité asesor de la Casa Blanca ha recomendado vacunar a la mitad de los más de 300 millones de estadounidenses.

• 10.8.09 (en plena crisis económica): La gripe A puede elevar el absentismo laboral hasta el 50% de la plantilla
• 30.8.09: Todos quieren la ansiada vacuna contra la gripe A

Las estadísticas, cada vez más aterradoras, muestran el imparable crecimiento de casos, con cada vez más países donde los contagiados se cuentan por millares y los muertos por centenares.

Mientras, en los últimos días, nuestra amiga Chan Fung Fu-chun, la "ministra de Sanidad" planetaria, no se olvida de nosotros, advirtiéndonos de que «lo peor» de la pandemia aún puede estar «por llegar», ya que podría haber «una segunda, o incluso una tercera oleada del virus».

No contenta con eso, su organización comunica que la gripe A ya está más extendida que la estacional. Con este énfasis se eclipsa el hecho, no menos cierto, de que esta última causa cada temporada muchas más muertes de las que la influenza porcina (y no se olvide que el hemisferio Sur está en pleno invierno) ha causado en estos meses (ver 1, 2 y 3). En cualquier caso, anuncia que la extensión de la pandemia amenaza con «desbordar los hospitales».


¿La mutación ya está aquí?

Por si lo anterior fuera poco, de repente la OMS nos advierte ahora sobre la aparente presencia de una variante más agresiva de la enfermedad. Se trata, al parecer, de «una forma muy severa» que ataca también a «personas saludables, lo que es extraño en el caso de las infecciones por gripe estacional». Añade que «en esos pacientes, el virus directamente infecta el pulmón, causando insuficiencia respiratoria severa».

De nuevo la propia Chan, nuestra fiel protectora, informa que «este virus viaja a una velocidad increíble, inédita. En seis semanas ha recorrido la misma distancia que otros virus en seis meses». A un ritmo tal, «hasta el 30 por ciento de los habitantes de países con una fuerte densidad de población corren el riesgo de infectarse». Así que, aunque suene ambiguo, los estados deberán «prepararse para lo peor y esperar lo mejor». A fin de cuentas, subraya, estas pandemias son «altamente imprevisibles».

¿Altamente imprevisibles? Quizá no para vosotros, responsables sanitarios mundiales, que ya nada más brotar este fenómeno sanitario predijisteis que se convertiría en pandemia, que el virus mutaría (lo que aún está por ver) y, con tales pretextos, empezasteis a encargar las vacunas a las ávidas compañías farmacéuticas. Eso sí, según comentas, los nada menos que novecientos millones de dosis contra el virus de la gripe A que están por producirse «no serán suficientes».


Negocio pingüe y sin riesgos

En Estados Unidos el gobierno de Obama, a través de su secretaria de Salud (ministra de Sanidad), Kathleen Sebelius, firmaba el pasado mes de junio un documento por el cual se exoneraba de toda responsabilidad sobre daños producidos por la vacunación tanto a las compañías fabricantes de las vacunas como a los propios funcionarios oficiales (incluida ella misma, claro). Esto se hacía para prevenir un aluvión de demandas por daños como el que tuvo lugar en 1976, en otro episodio de gripe porcina quizá no tan bien preparado como el actual. La inmunidad legal así obtenida es tanto más relevante por cuanto, según observan no pocos expertos, con la excusa de la acelerada extensión de la pandemia, la campaña de vacunación se iniciará de manera rápida (léase: precipitada), sin haber realizado antes, ni con mucho, suficientes tests para averiguar todos los posibles efectos secundarios.

De este modo las farmacéuticas ven garantizadas las mayores ganancias sin apenas riesgos. Poco parecen importarle al presidente Obama, el seductor de imagen benéfica y renovadora, las protestas de algunos sectores. Para éstos, como ya se evidenciara en aquel episodio de hace más de treinta años, las vacunas pueden ser más letales que la propia gripe, por sus peligrosos efectos secundarios. Tampoco parece conmoverle que el Centro Nacional de Información sobre las Vacunas (NVIC, por sus siglas en inglés), especialmente preocupado por evitar perjuicios a los niños, se desgañite exigiendo «sólidos mecanismos de escrutinio, registro, supervisión y notificación de la seguridad de la vacuna, así como de compensación económica por las posibles lesiones debidas a ésta».

Pero, ¿por qué pasa por ese aro el gobierno del país más poderoso de la tierra, comprometiendo así su prestigio en una crisis sanitaria como la que puede estar al caer? ¿Acaso las farmacéuticas son tan influyentes? Se trata, sin duda, de compañías poderosas, pero ellas no son las únicas instancias, ni mucho menos, que marcan la agenda a los gobernantes oficiales del Imperio. Hay, de hecho, otras empresas (petroleras, financieras, automovilísticas…) con ingresos mucho mayores aún (ver tabla "La economía mundial: ¿quién detenta el poder?"). Lo cual, de nuevo, nos hace pensar que si se consienten riesgos de tal envergadura para la salud de tanta gente es porque: 1. Los grandes poderes están de acuerdo. 2. Frente a lo que muchos críticos piensan (ver el convincente pero incompleto vídeo "Operación Pandemia"), el plan subyacente desborda ampliamente la cuestión sanitaria y el negocio farmacéutico, y más bien tiene que ver con las ya citadas macrotendencias de nuestro tiempo enloquecido.

Archivo:Trinidad Jiménez 2.jpgDe hecho, ya la gripe aviar se presentó, en su momento, como un asunto de seguridad nacional en Estados Unidos, incluyendo la posible militarización de la campaña de control. Desde entonces, en el marco de la legislación restrictiva que viene implantándose a raíz del 11-S, se han aprobado leyes para el uso de las fuerzas armadas en "Grandes Emergencias Públicas" (ver documentado informe aquí). Espantado, el célebre congresista (y médico) Ron Paul se preguntaba ya en los albores de la crisis porcina: «¿Cómo se metió el Departamento de Seguridad Nacional en los asuntos médicos?», después de comentar: «Parece prácticamente como si nos hubiesen atacado con armas nucleares.»

Mientras, en España, Zapatero garantiza vacunas para proteger a 16 millones de españoles de la pandemia, a la vez que se anuncia que «los grupos de riesgo se establecerán el lunes». Como quien da una buena y esperada noticia (ver vídeo adjunto), nuestra ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, anuncia con pose competente que la vacunación se iniciará en otoño, «en el momento en que recibamos las primeras vacunas por parte de los laboratorios». La OMS y los poderes planetarios (incluidos sus amigos de la Trilateral), de los que es mera correa de transmisión, deben de sentirse orgullosos de contar con una ministra tan modosa y aplicada.


Recapitulando

Volvamos un momento a la gripe aviar de hace unos cuatro años y preguntémonos: ¿Fue un primer intento, fallido, de producir la crisis sanitaria presente? ¿Un ensayo, tal vez con "globo sonda" incorporado, para medir reacciones y, de paso, lucrarse "un poquito"?

Entonces, aunque alguna farmacéutica hizo negocio con los antivirales, no se llegó, ni de lejos, a preparar una vacunación general. La primera vacuna aprobada por el gobierno estadounidense sólo se dio a conocer en abril de 2007, cuando ya casi todo el mundo se había olvidado de la gripe.

En la actualidad, parece que las farmacéuticas y quienes actúan concertadamente con ellas están teniendo mucho más éxito. Enseguida, con la OMS en cabeza, se encargó la producción de vacunas y la campaña de inyección ya está a las puertas. Todavía sólo hace cuatro meses que el brote porcino estalló en los medios.

La experiencia de la gripe aviar debería servirnos como elemento comparativo. ¿Por qué ahora todo se hace mucho más rápido que entonces? ¿Es sólo porque, según se informa, la gripe actual se ha extendido mucho más velozmente? Sin duda, el número de afectados y de fallecidos, según las estadísticas oficiales, es mucho mayor (aunque hay expertos que cuestionan los métodos de medición e incluso los tests de diagnóstico). Con todo, no deja de ser cierto que, al menos hasta la prevista mutación del virus, las víctimas de la gripe A son mucho menos numerosas que las de la gripe estacional típica (¿quizá contribuiría ese hecho a que la OMS dejase de ofrecer estadísticas sobre aquélla?).

Conviene resumir aquí el meollo del análisis previo:

• Nos encontramos ante una gripe de la que nos han convencido, gracias a un imparable bombardeo mediático, sobre su temible carácter. En sus presentaciones del asunto, los portavoces de la OMS han venido incluyendo siempre, siquiera como hipótesis realista (recordemos la declaración de pandemia), el peor escenario posible. Es como si, con ello, se buscase contrarrestar las evidencias empíricas disponibles, que hablan de un fenómeno mucho más leve. Eso sí, a la vez tales comunicaciones parecen astutamente presentadas combinando la "cal" y la "arena".

• El precedente de lo acontecido con la gripe aviar quizá debería aconsejar mayor cautela a los responsables públicos y un escepticismo general ante la presente gripe porcina. Pese a ello, se ha logrado que esta vez la psicosis sea general (¿no es frecuente ya evitar darnos la mano o besarnos con personas de nuestro entorno "por si acaso"?).

• Resulta muy llamativo que, tras venirse constatando el impacto generalmente leve de la influenza porcina, la OMS aparezca de repente, como hemos visto, informando de la aparición de una variante más agresiva (aunque sin certificar la mutación del virus).

• Aún más llamativo, al punto de resultar descarado, es el supernegocio que la industria farmacéutica se está asegurando con esta historia. Y todo ello, con la decisiva colaboración de los gobiernos y organismos internacionales responsables («Un reciente estudio de la OMS de los principales productores de vacunas concluyó que el mejor escenario es la producción potencial de 4.900 millones de dosis de vacuna H1N1 al año»). Sin olvidar que el gobierno más poderoso ha concedido la inmunidad legal a las farmacéuticas (y a sus propios funcionarios) en caso de daños colaterales derivados de la vacunación masiva.

• Parecen existir altas probabilidades de que el virus de esa gripe fuera fabricado en un laboratorio.

• El observador mínimamente atento no puede evitar la impresión de que todo el proceso está orquestado con unos fines predeterminados. En particular, destaca la sensación de que la campaña de vacunación se está organizando deprisa y corriendo.

En función de todo ello, la lógica que arroja luz sobre los fabricantes de sombras debe extraer conclusiones prácticas. Así, respecto a la campaña de vacunación en ciernes, sólo puede concluir: Que se vacune Trini (bueno, y también Fung Fu-chun).


Perspectivas

Hace cuatro meses, con cierto énfasis, nos preguntábamos, y no por primera vez: «¿Qué está pasando aquí? ¿No perseguirá [tanta crisis, tanto miedo inducido] encaminarnos, al fin, hacia un gobierno mundial, objetivo acariciado por quienes anhelan controlarnos a todos y estandarizarnos ya de manera definitiva?»

Pero, cuando se recuerda lo acontecido desde el 11-S y, acto seguido, se concentra la atención en lo que viene ocurriendo de uno o dos años a esta parte, quizá no cabe sino concluir que las hipótesis ahí apuntadas se quedan cortas.

Estando aún reciente el engaño genocida contra Irak, siendo evidentes las presentes patrañas sobre Irán que buscan el mismo fin, desprestigiado el Imperio por la chulería del texano a quien ahora le sucede el sonriente mulato, ya es clamoroso preguntarse cómo han podido proceder impunemente los gobiernos occidentales a saquear las arcas públicas para entregarles sus fondos a los banqueros. Pero ahora, en una vuelta de tuerca aún más delirante, la pregunta adicional, la gota que requetecolma el vaso, es: ¿Cómo pueden promover las instancias del poder que todo el mundo se vacune contra la gripe que seguramente ellas mismas han creado en un laboratorio?

Semejante descaro sólo puede obedecer a una motivación: se sienten muy seguros. Quizá incluso definitivamente blindados.

Acostumbrados a no oír, a no leer, apenas quejas, que además deberían ser estridentes e imposibles de acallar, no nos damos cuenta del tremendo salto cualitativo que supone todo esto. Olvidamos que lo normal sería que altas instancias supuestamente morales pusieran el grito en el cielo contra tanto montaje criminal. El hecho es que callan, pero justamente porque callan no nos percatamos de que lo que está en juego es el paso definitivo al Estado Globalitario.

Dicho de otro modo: es IMPOSIBLE, de puro inverosímil, que eso lo esté llevando a cabo solamente un gobierno, o un superclub, de magnates criminales relacionados con la política y las finanzas. Tiene que haber alguien más que lo respalde. Alguien que, dotado de una "autoridad moral" reconocida, en lugar de denunciar los oscuros manejos de aquéllos, les asegure esa tranquilidad de ánimo de la que vienen alardeando. Alguien que, en uso de ese prestigio, se postula cada vez más, aunque todavía sutilmente, como "autoridad mundial" que enderece el rumbo del planeta en medio de las crisis.

Dicho con otras palabras: el gobierno mundial ya está aquí, aunque de momento sólo en la sombra.

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