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Funeral nacionalcatólico
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (30 de abril de 2015)

En lo relativo a la participación plural de las creencias y las increencias en la vida pública, hay cosas que no cambian en España; la alianza Iglesia Romana-estado sigue viva.

Muchos de los fallecidos en el accidente del avión de Germanwings ocurrido el 24 de marzo en los Alpes franceses eran españoles; por ello, el gobierno español decidió celebrar un funeral de estado en Barcelona (ciudad de la que partió el vuelo) el pasado 27 de abril. Y encargó al cardenal y arzobispo católico romano de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, la preparación del acto; Sistach aceptó, organizando un funeral católico (con la consiguiente misa), al que invitó a tres representantes de otras confesiones para que añadieran unas breves palabras.

Reproduzco algunas opiniones vertidas sobre estos hechos (pongo destacados en las citas), y añado alguna mía.


La excepción española

«Vergüenza. Siento vergüenza de mi país. Es el único país, no sólo de Europa, sino el único país democrático en el que se podría celebrar una ceremonia de Estado por las víctimas de un accidente como el de Germanwings, que fuera una ceremonia confesional. Tenemos varios ejemplos, incluso en países de mayoría musulmana, y en tantas ocasiones la celebración ha sido multiconfesional. La verdad es que no es un problema de andar contando, ni siquiera preguntando, por la confesión que tenían los fallecidos o sus familias, eso no es lo relevante, porque al final habrá de todo, al final lo que cuenta son las personas» (J. Llenas, Protestante Digital [P+D], 24.4.15).


Protestas protestantes

«La Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), que representa a 2.400 congregaciones protestantes con unos dos millones de fieles, rechaza enérgicamente que “este mal llamado funeral de Estado consista en un oficio religioso de una sola confesión”, y recuerda que la responsabilidad de organizar actos institucionales de este tipo no es del cardenal arzobispo, sino de los gobiernos de España y Cataluña.

»“Las instituciones del Estado han tenido una oportunidad única para dar ejemplo de respeto a la diversidad, no solo ante la ciudadanía española y catalana, sino también ante España y el resto del mundo, pero han cedido a las pretensiones anacrónicas de un sector de la Iglesia Católica, muy poderoso aún, atrincherado en la nostalgia de un tiempo y una España cuyos cambios se niegan a reconocer”, lamenta FEREDE.»

»El presidente y el secretario ejecutivo de FEREDE, José Luís Andavert Escriche y Mariano Blázquez Burgo, respectivamente, enviaron una carta el pasado 20 de abril a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, con copia a la Casa del Rey y a la Generalitat, solicitando que el acto en memoria de las víctimas fuese “una ceremonia institucional acorde con los principios de neutralidad y no confesionalidad contenidos en la Constitución”.

»Añadía que lo ideal sería celebrar un acto solemne de carácter civil, en un lugar civil y presidido por la autoridad civil, en el que haya también “una participación multiconfesional y representativa de las distintas creencias e ideologías de las víctimas”, de sus familiares y de “otras posibles sensibilidades culturales e ideológicas”» (P+D, 26.4.15).


¿Estado aconfesional?

Funeral de Estado, Germanwings«Lo relevante es que se trata de una ceremonia de Estado y el Estado es aconfesional.El Estado no tiene una creencia como tal, la tienen los ciudadanos en particular. Las creencias, la espiritualidad, es algo de las personas, no de los Estados. Los Estados de derecho se distinguen por su neutralidad en relación con las cuestiones de las creencias fundamentales. Un Estado de derecho nunca puede ser confesional» (J. Llenas, P+D, 24.4.15).


La grave responsabilidad del gobierno

«No se trata de que un acto católico se convierta en multiconfesional. La Iglesia Católica (como cualquier otra confesión) está en su total derecho de organizar los funerales que quiera dentro del marco legal como y donde considere conveniente. La cuestión es por qué el Estado hace dejación de funciones y permite que otra entidad (en este caso religiosa, católica y romana) sea la que prepare y decida cómo realizar un acto de Estado. ¿Quién gobierna en España, el trono o el altar? Es tan sencillo como que la Generalitat en este caso, el Gobierno de España en otros, sea quien tome la iniciativa de gestionar el contenido y protocolo de un evento que es de su única competencia» (editorial de P+D, 28.4.15).


Desvergüenza de políticos y de la ICR

«La desvergüenza es doble, es la de nuestros representantes políticos, que no son capaces de asumir lo que son, los representantes del pueblo, de todo el pueblo. Los representantes de un Estado que no tiene confesión como tal Estado, aunque sí la tienen sus ciudadanos. Y la desvergüenza de una confesión, la católica, que no debería permitir algo que su ética debería rechazar. No es por los demás, es por ellos mismos, por lo que la jerarquía católica no debería permitir un nuevo acto de Estado celebrado como una ceremonia católica. Los ciudadanos tienen sus convicciones. Cada uno de ellos puede luego celebrar un acto memorial, si no lo han celebrado ya, según sus creencias o sus increencias» (J. Llenas, P+D, 24.4.15).

Efectivamente, doble culpa: el gobierno no debería haber encargado el funeral a una confesión concreta. Y una vez que lo hizo, si realmente la Iglesia Católica Romana (ICR) defendiera el pluralismo y la libertad religiosa, Sistach se tendría que haber negado a celebrar esa ceremonia, y debería haber solicitado al gobierno que celebrara un acto plural. Y no se puede alegar que los no católicos podían haber convocado otra celebración en otro lugar, porque esta habría quedado completamente marginada y eclipsada por la católica, al no tener carácter “de estado”, y por tanto no contar con la presencia de los representantes de la ciudadanía.


Monopolio católico romano

«La Iglesia Católica española elige la fe de los recién nacidos por ellos, asume los muertos como suyos, y gobierna sobre los vivos y se sigue aupando por encima de la democracia.

»Ver de nuevo a reyes y gobernantes asistiendo sumisos al dominio sobre vivos y muertos de la jerarquía católica española es toda una imagen de quién sigue controlando el poder en esta nación en la que (hay que recordarlo) todos han sido a la fuerza reyes católicos, y el alcalde que no va a la procesión de su pueblo pierde las elecciones.

»En este país el altar sigue imponiendo su poder al trono y al Congreso, pese a quien le pese, y gobierne el partido que gobierne. Y así nos va» (editorial de P+D, 28.4.15).


¿Un funeral debe ser católico? Es más, ¿debe ser religioso?

«Algunos de los jaleadores del cardenal de Barcelona han argumentado, por analfabetismo, que no es comprensible un funeral que no sea religioso, e, incluso, que no sea católico. Grave ignorancia. La palabra funeral, de origen latino, significa mucho más, en concreto la solemnidad con que se realiza un entierro (el diccionario de la RAE dice: “Perteneciente o relativo al entierro y a las exequias”). Desde esa definición, un Estado auténticamente laico debería organizar en estos casos ceremonias civiles, oficiadas en espacios civiles, inclusivas y al margen de las creencias particulares de cada fallecido o de sus familiares, quienes podrán organizar antes o después el funeral religioso, o no, que cada cual tenga por conveniente realizar. Quiso legislar al respecto, con este criterio, el Gobierno Zapatero, con una redacción novedosa de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa, de 1980, pero se arrugó por presiones de los obispos a cambio de una paz religiosa siempre cuestionada» (Juan G. Bedoya, El País, 27.4.15).


Las minorías religiosas, de palmeros

Ante el papel secundario al que se sometió a representantes de evangélicos, judíos y musulmanes durante la celebración en la Sagrada Familia de Barcelona, FEREDE «considera la participación de las minorías “marginal y humillante”.“La concesión indulgente, por parte del cardenal arzobispo, a que las minorías tengamos una participación marginal una vez finalizada la misa, supone una humillación inaceptable que nos sitúa ante la disyuntiva de tener que rechazarla por indigna, o aceptarla por deferencia a las víctimas y a sus familiares” [opción que finalmente se tomó]. FEREDE espera “que sea la última vez que se nos obligue a afrontar esa disyuntiva”, y para ello vuelve a pedir un protocolo oficial para los actos de Estado» (P+D, 28.4.15).

«Siento vergüenza de que para acallar la mala conciencia, sabiendo todos que está mal lo que estamos haciendo como país, colocamos a unos pobres musulmanes, a unos pobres judíos y a unos pobres evangélicos a que actúen de palmeros, a ser la comparsa, a funcionar como justificación y muleta de la insensibilidad y de la desvergüenza, a legitimar lo ilegitimable» (J. Llenas, P+D, 24.4.15).

«Si yo estuviera en la piel de los que tuvieran que tomar la palabra al final de la ceremonia, me negaría. Y me negaría por respeto a las víctimas y a su familiares» (Ignacio Simal, Lupa Protestante, 24.4.15).


El significado de un funeral católico

Según uno de los portavoces de la Generalitat que intentaron convencerle de que organizara un acto interconfesional, el cardenal Sistach respondió que «la Iglesia Católica cree en la eficacia de las misas celebradas por los difuntos, cosa en la cual no creen ni protestantes, ni judíos ni musulmanes» (J. G. Bedoya, El País, 27.4.15).

Así es. Para esta iglesia, un funeral no es un acto conmemorativo; en él necesariamente deben celebrar la eucaristía, que tampoco se limita a ser una conmemoración de la muerte de Jesús, sino que constituye un sacramento, en el que se realiza un sacrificio incruento pero real de Cristo (transubstanciado en la hostia). Y los sacramentos confieren la gracia y son eficaces (Catecismo, nº 1127).

Además en un funeral católico se invoca la mediación de los muertos. Como escribimos en su día: «El Catecismo de la Iglesia Católica, citando el Concilio Vaticano II, afirma que los difuntos que están en el cielo“no dejan de interceder por nosotros ante el Padre. Presentan por medio del único Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, los méritos que adquirieron en la tierra” (nº 956). Curiosamente, se cita la Biblia, según la cual hay un solo mediador (1 Timoteo 2: 5), para justificar que se añadan millones de mediadores ante Dios; se considera que su santidad, al estar en gloria, es mayor que la de los que permanecen en la tierra. Pero lo más sorprendente es que a continuación el Catecismo insta a ofrecer «por ellos oraciones». Nos hallamos por tanto ante la flagrante contradicción de que un mismo difunto intercede ante Dios, pero a la vez necesita que los mortales supliquen a Dios por su alma: “Nuestra oración por ellos puede no sólo ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor” (nº 958).

»Esta contradicción puede escucharse en todos los funerales católicos, en los que por un lado se reza a Dios por el alma del difunto, y por otro se celebra el que los allegados a él cuenten con una voz más intercediendo por ellos desde el cielo. Pero hoy en día no se suele explicar que la oración por los difuntos se realiza por si estos se encontraran en el Purgatorio, una creencia oficial pese a lo que algunos creen» (G. Sánchez, La Excepción, 2.11.2007). De hecho, el papa Francisco ha hecho referencia a esa doctrina (ACI, 2.11.13).

Por tanto, si se realizan oraciones y misas por los muertos es «para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia a favor de los difuntos» (Catecismo, nº 1032). Y cobra dinero por cada misa, que no es sólo conmemorativa, sino que supone un sufragio por el alma del difunto. Quizá muchos católicos que encargan y pagan esas misas no piensan en que sus seres queridos puedan estar en el Purgatorio; pero ese es el significado y el sentido de tales celebraciones. De ahí que E. Monjo denomine al (supuesto) Purgatorio «el mayor campo de concentración de toda la historia» (P+D, 4.5.14).


Un funeral católico para no católicos

Sistach faltó el respeto a los no católicos cuando aceptó celebrar un funeral, porque de ese modo bloqueaba la posibilidad de una representación plural; pero todavía lo faltó más al celebrar la misa, porque en ella invocó sobre “las almas” de todos los difuntos las mediaciones en las que cree su iglesia. Es más, la mayoría de los demás creyentes no sólo no creen en estas invocaciones, sino que las consideran blasfemas e idolátricas. Sistach recalcó que ese día se celebraba «la fiesta de la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña» y pidió «mirar a María, como Madre de Misericordia». «A ella confiamos especialmente nuestros hermanos que murieron en aquel vuelo aéreo que terminó en los Alpes franceses y le pedimos que sea realidad lo que el poeta Jacint Verdaguer pedía a la Virgen de Montserrat en su Virolai: “Guíanos hacia el cielo”» (Zenit, 27.4.15).

Así, en un acto oficial encargado por el gobierno y monopolizado por una iglesia, el jerarca católico, como es habitual, extendió su cosmovisión a numerosas personas que no la comparten. A los muertos en el accidente, que ya no pueden pronunciarse sobre esta mediación cardenalicia, y a sus familiares y amigos, que tuvieron que aceptar una ceremonia conformada por una confesión concreta.

Alguien puede pensar que las buenas intenciones del cardenal al mediar por las almas de todos los difuntos excluyen cualquier ofensa hacia los que no creen lo mismo que él. No es así; para entenderlo mejor, imaginemos que el gobierno hubiera encargado el funeral a una persona o entidad no creyente, y que durante el servicio la persona que dirigiera la palabra hubiera hecho referencia a que los fallecidos se han extinguido completamente, a que ni están en el más allá ni resucitarán, y hubiera pronunciado un discurso humanista sobre la pervivencia de los seres queridos solamente en la memoria de los vivos. Sin duda, habría sido visto como inapropiado por los creyentes.

Lo correcto es que cada cual hable sobre “sus” muertos, por respeto a las convicciones de los fallecidos y de sus seres queridos. De ahí la necesidad de hacer funerales plurales con participación igualitaria, o simples ceremonias civiles en recuerdo de las víctimas, dejando las celebraciones religiosas en el ámbito privado.


Siguiendo el modelo del papa Bergoglio

El 7 de septiembre de 2013 Jorge Bergoglio celebró una jornada de ayuno y oración para pedir la paz en Siria, en Oriente Medio y allí donde hubiera guerras. Invitó a participar en ella no sólo a los católicos, sino también a las personas de cualquier religión o, simplemente, “de buena voluntad”. Ciertamente, él era el convocante, y lo celebró “en casa”. Pero este papa supuestamente tan aperturista y ecuménico no tuvo el más mínimo miramiento hacia los no católicos asistentes. Las cuatro horas del acto estuvieron teñidas de elementos específicamente católicos, inaceptables para otros creyentes: rezo del rosario, adoración de la eucaristía, bendición eucarística impartida por él mismo y entronización del icono mariano de la “Salus Populi Romani”, que veneró con devoción y que situó como punto de referencia de toda la vigilia, al lado del altar (S. Magister, Chiesa, 12.9.13).

La jerarquía católica romana siempre actúa de este modo; nunca favorece una participación igualitaria, sino que el protagonismo tienen que tenerlo siempre ellos (en especial el papa, que se considera a sí mismo un sumo sacerdote universal). Incluso en los actos específicamente interreligiosos ocurre así: en Asís, en 1986, Juan Pablo II ocupó un papel presidencial, cobrando, como siempre, el máximo (casi único) protagonismo.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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Imágenes: Protestante Digital, ivemo.org

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