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Francisco (XVI): La visita a Cuba y los derechos humanos
© Simón Itunberri (laexcepcion@laexcepcion.com)
www.laexcepcion.com (12 de octubre de 2015)

La actitud de Bergoglio ante el gobierno cubano ha contrastado tanto con la que ha mantenido con los disidentes del régimen, que muchos admiradores del papa han encontrado difícil justificar su conducta.

Los grandes medios de comunicación han cubierto y analizado ampliamente la visita de Bergoglio a Cuba y Estados Unidos, destacando en especial su significación política. El esquema interpretativo más común se ha basado en asumir que Cuba es una terrible y cruel dictadura (de ahí que no pocos han visto las intervenciones del papa, y sobre todo sus silencios, como demasiado complacientes), mientras que Estados Unidos es una gran democracia (con algunas insuficiencias que Francisco ha tenido el valor de señalar). En este artículo y en el siguiente de la serie analizaremos si esta interpretación es correcta o no.


El régimen de Cuba

Para poder valorar el régimen cubano hay que tener en cuenta al menos los siguientes datos:

  • Cuba tiene un régimen de partido único (el comunista), sin elecciones libres.
  • El gobierno cuenta con comisarios políticos y confidentes que vigilan a la población.
  • Hay control gubernamental y censura en los medios de comunicación, en la cultura y en las expresiones populares, pero los medios del Sistema exageran frecuentemente sobre ello. No hay más que ver cómo la periodista disidente más popular, Yoani Sánchez, entra y sale libremente del país y lleva muchos años escribiendo en su blog desde Cuba (en el que publica propaganda anticastrista a veces comprobadamente mentirosa).
  • Siempre ha habido represión sobre los disidentes, pero esta ha disminuido significativamente con las reformas de Raúl Castro, que les permite viajar al extranjero. Las famosas Damas de Blanco (que reciben apoyo y financiación de sectores de extrema derecha, incluso terrorista, del exilio de Miami) han protagonizado múltiples acciones públicas de protesta sin ser siempre represaliadas.
  • Desde 1959 se ha desplegado el culto a la personalidad hacia las figuras de Fidel Castro y el Che Guevara.
  • Desde que triunfó la revolución en aquella fecha, Estados Unidos ha intentado invadir el país al menos una vez (Bahía Cochinos, 1961), derrocar su régimen por la fuerza y asesinar a Fidel Castro infinidad de veces, mediante todo tipo de actos terroristas e incluso mediante la guerra biológica (ver Acciones de la CIA contra Cuba).
  • Cuba ha sufrido durante décadas un bloqueo económico brutal, promovido por Estados Unidos (quien además ha presionado y chantajeado a otros gobiernos para que se sumen a su boicot), bloqueo que ha limitado enormemente sus posibilidades de desarrollo.
  • A pesar de ello, el régimen desde el principio implantó un sistema sanitario y educativo universal que consiguió sacar de la miseria y el analfabetismo a la gran mayoría de la población. Además, pese a sus grandes carencias económicas, la sanidad cubana tiene aspectos ejemplares tanto en el campo de la investigación médica como en el de la gratuidad (como el suministrar gratis la primera vacuna contra el cáncer de mama).
  • Cuba ofrece gratuitamente campañas y atención sanitaria en países empobrecidos, salvando y mejorando la vida de numerosas personas. Incluso ofreció su ayuda a Estados Unidos con ocasión del 11-S y del huracán Katrina.
  • Desde la caída de la Unión Soviética, Cuba se ha visto privada del apoyo económico de aquella superpotencia, lo cual ha propiciado la extensión de la miseria y de fenómenos como la prostitución, en teoría ilegal pero consentida por el régimen.
  • Tras el giro dado por el régimen en los años ochenta, hoy en día en Cuba subsisten algunas limitaciones a la libertad de las iglesias y organizaciones religiosas, en las cuales sigue habiendo infiltrados del gobierno, pero en general se disfruta de bastante libertad religiosa.
  • El último año en que en Cuba se aplicó masivamente la pena de muerte fue en 1971 (357 personas). Desde que en 2003 se ejecutó a tres personas no se ha vuelto a aplicar.


El papa ignora a los disidentes

Casi todos los medios de comunicación han destacado la “no noticia” sobre el papa en Cuba: no ha pronunciado palabras de condena del régimen ni de apoyo a los disidentes. En cuanto a estos, se encuentran dolidos porque el papa ni siquiera previó un encuentro con ellos. Además, un disidente llegó hasta el papamóvil, habló con el papa (quien lo “bendijo”) y lanzó al aire unos folletos con una oración por la Cuba oprimida; fue inmediatamente detenido por la policía (vídeo). Francisco no tuvo palabras ni gesto alguno en su defensa o preocupándose por él. Tres opositoras que habían sido invitadas por la Nunciatura para saludar al papa fueron detenidas por las autoridades, a las que hay que sumar el arresto domiciliario de entre cincuenta y cien disidentes más en todo el país.

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Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, lamentó que Bergoglio no hablara sobre derechos humanos y, cuidándose de no acusarlo directamente, dijo que «si no hay respeto a los derechos humanos, no se podrá cumplir lo que el Papa ha dicho en su homilía». Otra opositora explicaba que el papa «está tratando de abrir las mentes y los corazones de los dirigentes cubanos, para que haya un cambio en Cuba eso es fundamental», y añadía: «A otros nos toca el sacrificio de sufrir la represión» (ABC, 21.9.15). Por lo visto, no esperan que el papa haga ningún sacrificio…

En contraste con esa actitud, en su discurso al llegar a La Habana Bergoglio pidió a Raúl Castro que transmitiera «mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano Fidel» (Zenit, 19.9.15). Dos días después se reunía en privado con el revolucionario, con quien mantuvo un muy cordial encuentro.


Esquivando olímpicamente preguntas incómodas

En el avión que lo trasladó a Estados Unidos, los periodistas le preguntaron a Bergoglio sobre diversos aspectos de su visita a Cuba, y el papa se mostró esquivo (Religión en Libertad, 23.9.15). Ante la pregunta sobre su criterio personal acerca del bloqueo de Estados Unidos a la isla, contestó: «Respecto a la postura de la Santa Sede con respecto a los bloqueos, papas anteriores han hablado de eso. No solo de este, sino de otros casos de bloqueo. Hay doctrina social de la Iglesia al respecto, yo me refiero a eso. Es bien precisa». Si es tan precisa sería fácil explicarla, ¿no? Dicen que este papa no tiene pelos en la lengua y que afronta abiertamente las cuestiones difíciles; parece que no es así...

Otra periodista le recordó que «durante su viaje, cincuenta disidentes fueron arrestados fuera de la nunciatura cuando ellos buscaban tener un encuentro con usted». Bergoglio respondió: «No tengo noticia de que haya sucedido eso, no tengo ninguna noticia. Y no puedo decir sí, no; no sé, directamente no sé». No hay quien se pueda creer esta respuesta: el papa vio con sus propios ojos cómo detenían a un disidente que se acercó hasta él, y no sólo en el Vaticano sino especialmente en los viajes cuenta con servicios informativos que le ponen al día de todo. La agencia oficial del Vaticano informaba de estos hechos. Además, el propio periodista que hacía la pregunta le estaba dando noticia de esas detenciones, por lo que era absurdo negar los hechos. Esta respuesta esquiva fue tan descarada que hubo quienes, sin ser habitualmente críticos con el papa, lo acusaron directamente de mentiroso.

Respecto a las preguntas de si le gustaría tener un encuentro con los disidentes, y en caso de tenerlo qué les diría, calificó ambas cuestiones de “futuribles” y dijo: «A mí me gusta encontrarme con toda la gente. Considero que, primero, toda persona es hija de Dios y tiene derecho. Y, segundo, siempre el trato con otra persona enriquece. O sea, que el futurible lo respondo así». Y añadió: «Estaba bien claro que yo no iba a dar audiencias. Porque se pidieron audiencias de otros sectores, incluso de algún jefe de Estado. Y no, yo estoy en una visita, en un país, y no estaba previsto ninguna audiencia con los disidentes ni con otros». ¿Y el encuentro con Fidel qué fue sino una audiencia?

Añadió Bergoglio: «De la nunciatura se hicieron llamadas telefónicas a algunas personas que están en ese grupo de disidentes y se les comunicó que yo con gusto cuando llegara a la catedral los saludaría. Eso sí existió, pero como ninguno se identificó como tal yo no sé si estaban o no estaban. Yo saludé a los enfermos, que estaban en sillas de ruedas, pero ninguno se identificó como disidente. Y ¡ay hija! no sé qué le diría, les desearía cosas buenas como a todo el mundo, pero no lo que uno dice le viene en el momento…».

El papa habla como si él no pudiera haber hecho nada por encontrarse con los disidentes, como si el viaje lo organizaran otros y él se limitara a desplazarse donde le indican. Pero sus poderes en tanto monarca vaticano son absolutos. Y como punto de contraste, valga recordar que al secretario de Estado estadounidense John Kerry el gobierno de Cuba le permitió reunirse con una treintena de disidentes cuando visitó Cuba unas semanas antes para la reapertura de la embajada. Por mucho que algunos lo atribuyan a la Curia, todo el mundo sabe que el papa no se reunió con disidentes porque no quiso.

Otra periodista le preguntó: «Durante los años que ha estado en el poder Fidel Castro la Iglesia ha sufrido mucho. ¿Usted en su encuentro con Fidel tuvo la percepción de que él se ha arrepentido?», a lo que Bergoglio respondió: «El arrepentimiento es una cosa muy íntima. Una cosa de conciencia», lo cual es obvio y correcto, pero también lo es, y el papa lo sabe, que si ha habido crímenes públicos, el arrepentimiento ha de serlo también.

Como ya hemos explicado, muchos de los disidentes cubanos no son las organizaciones democráticas que los medios nos quieren hacer ver. Además, la posición pública de algunos de ellos es totalmente contraria al reciente acuerdo entre Estados Unidos y Cuba, y al levantamiento de las sanciones y el bloqueo por parte del primero (un acuerdo que precisamente ha promovido Bergoglio), hasta el punto de que han enviado una carta al Congreso estadounidense solicitando el mantenimiento de dicho bloqueo.

El hecho de que la posición vaticana resulte incómoda en una circunstancia así pone en evidencia que, por mucho que revista su figura de “servidor de la humanidad” y líder espiritual, Francisco es ante todo un político, un jefe de estado que realiza un juego de equilibrios de acuerdo a unos intereses de prevalencia de su organización en el contexto mundial. Es decir, el papa es algo muy distinto a ese profeta valiente y sin pelos en la lengua que pone la ética en primer lugar, imagen que venden sus partidarios. Como agudamente escribe H. E. Schamis: «“Hagan lío”, Bergoglio acostumbra decir a los jóvenes. Esta vez olvidó seguir su propio consejo» (El País, 27.9.15).


Anticastristas irritados, pero comprensivos con Francisco

El contraste entre la simpatía hacia el régimen y el desprecio a los disidentes ha irritado a todos los anticastristas. Pero al papa se le perdona todo; ya se hizo cuando Ratzinger visitó Cuba en 2012 y también ignoró a los disidentes, poniendo en aprietos a muchos papistas (ver Pedir cuentas al papa). Esta vez también los medios del sistema y la derecha han encontrado todo tipo de explicaciones exculpatorias hacia Bergoglio. Según El País (21.9.15), «la actitud de Bergoglio hacia los disidentes está resultando, como mínimo, chocante»; y «extraña que un Papa que predica cercanía con los que sufren haya pasado por La Habana sin nombrar siquiera a los disidentes ni poner un pero al régimen de Fidel y Raúl Castro». Es “chocante” y “extraña”, pero, por lo visto, no es condenable; como es el papa, tendrá sus razones para algo que en otros sería despreciable…

Según ABC (21.9.15), el regalo del papa a Fidel contenía un “sutil mensaje”: se trata del libro de un jesuita que en los años 40 fue profesor de Castro y que después de la revolución le instó a arrepentirse de sus pecados. Un biógrafo de Francisco interpreta así el regalo: «No puedo más que pensar que el Papa Francisco está invitando a Fidel Castro a hacer las paces con su pasado».

Las explicaciones del portavoz papal, el también jesuita Lombardi, resultan de lo más patético (Religión Digital [RD], 21.9.15). Según él, hubo un intento “fallido” para que algunos disidentes pudieran saludar “de pasada” a Bergoglio. Al preguntársele si sabía Francisco que se habían producido detenciones de disidentes que querían hablar con él, Lombardi dijo: «No tengo ninguna respuesta... de parte de la Santa Sede». No quiso aclarar si el papa se refería al régimen cuando pidió en la misa de Holguín a superar «nuestras resistencias al cambio», y explicó: «Sus discursos tienen muchas dimensiones, cuando habla de cambiar esto puede tener muchas direcciones. La primera cosa es que cada uno de nosotros tiene que cambiar». Jesuitismo en su más pura esencia. Y se quedó tan tranquilo. Y los periodistas también.

El arzobispo de Toledo opinó que el viaje papal «es muy difícil porque la situación de este país no es fácil de entender desde aquí» y comentó que Bergoglio «actúa en la manera que le dejan actuar». Según él, el hecho de que «el papa tenga que ir con palabras que a algunos les podrían parecer tímidas contra el régimen cubano» no significa que «él no vea y conozca toda la profundidad del problema» (RD, 22.9.15).

Otros, como la Cadena Cope, se escudaron en que, como había destacado el propio papa, su viaje era eminentemente pastoral y no político… “olvidando” que el viaje lo hizo como jefe de estado (ver El papa, ¿”agente político” o “testigo del evangelio”?).

Quizá el intento de justificación más rocambolesco fue el del Partido Popular español. El parlamentario Teófilo de Luis, de origen cubano, declaraba: «El Papa ha hecho un gran servicio a la causa magnificando la opresión, la mano dura y la inmovilidad del régimen de los Castro». Señaló que dicho viaje había sido «manejado de forma magistral» por los servicios secretos del régimen. «El Papa con su viaje ha dejado muy claro que en Cuba todo se hace según dispone el régimen». Para él, Francisco había efectuado un «ejercicio de humildad muy grande sometiéndose a esos dictados» (RD, 23.9.15). O sea, que la mejor forma de denunciar una dictadura es sometiéndose a sus dictados y luego, incluso fuera del país, evitando cualquier comentario mínimamente crítico hacia ella...

Hasta José María Aznar, presidente de honor del PP, que lamentó que el papa no hubiera «mencionado la palabra “libertad”, ni las palabras “derechos humanos” ni la palabra “prisioneros”», se guardó mucho de criticar abiertamente a Francisco: «Estoy definiendo un hecho, no estoy dando una opinión» (RD, 5.10.15).

En los medios laicos del Sistema hubo algunas leves críticas hacia la cobardía del papa, pero ampliamente compensadas por los elogios: «Es posible que haya faltado más comprensión hacia quienes luchan por la libertad del pueblo cubano, pero hay analistas que consideran que, en esta ocasión, el Vaticano ha preferido no colocar nuevos obstáculos en la vía de apertura emprendida por Cuba que probablemente va a llevar al desmoronamiento del régimen […] Su figura como líder moral sale reforzada de un viaje que ha sido analizado con lupa en todo el mundo» (editorial de El Mundo, 27.9.15). El País, cuya línea editorial sobre Cuba parece (¿está?) dictada por Washington y la extrema derecha del exilio cubano, esta vez se mostró también muy comprensivo en su editorial sobre el viaje del papa.

* * * * *

¿Por qué ha actuado así Bergoglio? Y, lo que es más importante, ¿cómo deberíamos comparar su conducta en Cuba con la que mantuvo en Estados Unidos? Lo analizaremos en nuestro siguiente artículo: Francisco (XVII): La visita a Estados Unidos y los derechos humanos.

Para escribir al autor: laexcepcion@laexcepcion.com
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Nota: Las negritas de las citas son siempre añadidas, excepto en el editorial de El Mundo.

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Fuente de la imagen: konzapata.com

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