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Francisco (XII): Su estrategia comunicativa
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (17 de junio de 2015)

¿Se contradice el papa con respecto a cuestiones delicadas como las de temática familiar o sexual? ¿Se le malinterpreta por parte de los medios de comunicación?

Sandro Magister es uno de los vaticanistas más documentados. Firme defensor de la línea conservadora representada por Ratzinger, en más de una ocasión ha mostrado su malestar ante algunos gestos y palabras de Bergoglio, en especial en relación con permitir comulgar a los divorciados vueltos a casar. En su artículo “Los dos Francisco, el de los medios de comunicación y el real” (Chiesa, 15.5.15) expone que «del papa Francisco hay ahora dos versiones cada vez más distantes entre ellas: el Francisco de los medios de comunicación y el verdadero, el real». El primero se muestra como «un Papa amigo del mundo, de quien ya se alaba la inminente encíclica sobre el “desarrollo sustentable” antes incluso que se vea qué se ha de escribir». Pero esto no es algo que haya ocurrido por casualidad, sino que, según Magister, «el Francisco de los medios de comunicación es un poco creación también suya, genial, que en el curso de una mañana ha revertido milagrosamente la imagen de la Iglesia Católica, de opulenta y decadente a “pobre y para los pobres”».


¿Revolución en la Iglesia Católica Romana?

Los tradicionalistas como Magister suelen ser los que mejor entienden las estrategias del papado (pero no por ello desarrollan una posición crítica hacia la institución, ni mucho menos…). Y comprenden el papado porque no caen, como los demás (en especial los aperturistas), en la trampa de creer que se está llevando a cabo una “revolución en la Iglesia” o una “renovación del catolicismo”. Escribe Magister: «Pero si sólo se toca con la mano qué ha aportado verdaderamente de nuevo el pontificado de Francisco, la cosa cambia. La vieja curia, tan detestada con razón o sin ella, está todavía allí entera en su totalidad. Nada ha sido desmantelado o sustituido. […] Los diplomáticos de carrera, que el Concilio Vaticano casi llegó a abolir, están más en el poder que antes, también allí donde se esperaba encontrar a los “pastores”, como a la cabeza del sínodo de los obispos o de la Congregación para el Clero. Para no hablar del “círculo interior” en contacto directo con el Papa, carente de roles definidos pero muy influyentes y con penetrantes ramificaciones en los medios de comunicación».

En cuanto a «las cuestiones candentes, que apasionan y dividen mucho más a la opinión pública» (el divorcio, la homosexualidad…), Bergoglio «ha querido que se discutiera abiertamente y lo hizo él primero, con pocas, estudiadas y eficacísimas frases impactantes, como la de “¿quién soy yo para juzgar?”, la cual se convirtió en la marca identificatoria de su pontificado, dentro y fuera de la Iglesia». Efectivamente, un análisis de estas frases del papa lleva sin duda a la conclusión de que son «pocas, estudiadas y eficacísimas» (véase nuestro artículo Francisco (IV): La comunión de los divorciados).


Mensajes intencionalmente contradictorios

A continuación Magister explica la estrategia de Francisco: «Durante meses y meses, entre los dos veranos de su primer y segundo año como Papa, Bergoglio ha dado espacio y visibilidad a los hombres y a las corrientes favorables a una reforma de la pastoral de la familia y de la moral sexual. Pero cuando en el sínodo del pasado mes de octubre verificó que entre los obispos las resistencias a esta reforma eran mucho más fuertes y extensas que lo previsto, corrigió el tiro y desde allí en más no ha dicho […] una sola palabra de apoyo a los innovadores. Más bien, ha vuelto a martillar sobre temas controvertidos –el aborto, el divorcio, la homosexualidad, la anticoncepción– sin separarse jamás ni un milímetro de la rígida enseñanza de sus predecesores Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI».

Así es. Pero no es que Bergoglio “corrigiera el tiro”, sino que ha jugado muy hábilmente con el Principio de Sí Contradicción característico de la institución que gobierna: primero una etapa de frases llamativas, aparentemente espontáneas pero muy medidas, pronunciadas en contextos que las llevarían a las portadas de los medios. Bergoglio vendía así una imagen de un papa abierto, tolerante, comprensivo, hasta el punto de contradecir la propia tradición de su iglesia. Desde entonces se ha reproducido hasta la saciedad, como si él la hubiera pronunciado una frase, que él jamás dijo en esos términos: “¿Quién soy yo para juzgar a los gays?” (ver Francisco (X): Su posición ante la homosexualidad). Otro tanto ha ocurrido con el asunto de la administración de la eucaristía a los divorciados.

Mientras tanto, en contextos menos mediáticos Francisco mantenía las posiciones tradicionales de la iglesia, algo sobre lo que los conservadores iban tomando buena nota, conscientes de que el papa no les traicionaría, aunque a veces temblaban por encontrarlo demasiado osado o imprudente (sin llegar a concluir que todo esto es algo calculado).


El discreto “giro conservador” de Francisco

Magister explica que «desde octubre hasta hoy, Francisco ha intervenido sobre tales cuestiones [familia y sexualidad] no menos de cuarenta veces, atacando pesadamente sobre todo a la ideología de “género” y a su ambición de colonizar el mundo» […]. Pasando de las palabras a los hechos, ha negado el plácet al nuevo embajador de Francia, porque es homosexual. También sobre el divorcio Francisco se ha endurecido mucho. “Con esto no se resuelve nada”, dijo recientemente respecto a la idea de dar la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar».

Concluye Magister: «Sabe que en esta materia las expectativas son altísimas y sabe que él mismo las ha alimentado, pero ahora ha tomado distancia de ellas. Las define como “expectativas desmesuradas”, sabiendo que no puede satisfacerlas, porque luego de haber anunciado tanto un gobierno más colegial de la Iglesia, del Papa junto con los obispos, es necesario que Francisco se alinee al querer de los obispos, en gran mayoría conservadores, y renuncie a imponer una reforma rechazada por la mayoría. A pesar de todo, los medios de comunicación siguen vendiendo el relato del Papa “revolucionario”, pero el verdadero Francisco está cada vez más lejos».


Reparto de papeles

Un ejemplo del juego que desde el Vaticano se traen con estos asuntos es el reparto de papeles entre Bergoglio y el cardenal Kasper, representante del ala más aperturista en estos asuntos: desde hace tiempo Kasper ha propuesto que se habilite alguna vía para que los divorciados vueltos a casar puedan celebrar la comunión. Tras el Sínodo de la Familia de octubre de 2014 incluso aseguró que el papa estaba de acuerdo con esta posición; Francisco, hábilmente, se abstuvo de pronunciarse sobre el tema. Toda la progresía se ilusionó con los cambios que en esta materia se avecinaban. Ahora Kasper matiza diciendo que su planteamiento fue «una pregunta» y no una propuesta, y que el papa, frente a lo que explicó entonces, «no aprobó mi propuesta. El Papa quiso que yo ponga la pregunta, y, después, en una forma general, ante todos los cardenales, expresó su satisfacción con mi discurso, pero no el fin, no en el… no diría que aprobó la propuesta, no, no, no» (InfoCatólica, 7.6.15).

Por supuesto, los grandes medios que llevan a sus portadas cada palabra de Bergoglio que pueda parecer “revolucionaria” no han recogido estas importantísimas declaraciones de Kasper; de modo que los aperturistas seguirán con su ilusión de cambio. Pero los medios católicos conservadores sí las han destacado, de manera que estos sectores también respiran tranquilos. Hay un mensaje de esperanza para todos, y Roma sigue ganando prestigio y liderazgo mundial.


¿Se malinterpreta al papa?

En una entrevista reciente, Francisco se lamentaba de la forma en que los medios de comunicación «toman una palabra y por ahí la descontextualizan», y ponía como ejemplo la manera en que se informó sobre unas palabras suyas referentes a su salud (ReL, 25.5.15). Pero ese ejemplo no tiene nada que ver con los grandes asuntos sobre los que él ha llamado la atención con declaraciones chocantes. Respecto a estos, si cree que los medios han entendido mal alguna frase suya, no tiene más que afirmar públicamente, y repetir si es necesario hasta que los grandes medios se hagan eco de ello, cuál es su posición real. Nadie concita hoy mayor atención mediática que él, así que lo tiene muy fácil. Pero no lo hará, porque la esencia del papado es jugar a todas las bandas (y ganar siempre).

Bergoglio y los tradicionalistas saben que ni siquiera el papa puede cambiar los dogmas y las doctrinas de su iglesia, especialmente desde que en 1870 Pío IX aprobara la infalibilidad papal, un dogma confirmado por el Vaticano II y jamás cuestionado por Bergoglio, ni mucho menos (tampoco sus entusiastas seguidores aperturistas le han pedido que lo derogue, lo cual sería una contradicción tan palpable que cuestionaría la seriedad del papado). El propio papa está atado a la tradición, y no puede cambiar cosas que están sólidamente establecidas, como la doctrina sobre el matrimonio o sobre la comunión. Bergoglio lo sabe, pero como la mayoría ignora estos asuntos, el papa da a entender que se harán cambios significativos, aunque en lo esencial todo permanecerá igual. Con estas falsas expectativas la ICR atrae a los sectores aperturistas, a los católicos laxos y a las masas no católicas que no aceptan o no entienden su visión del matrimonio y la sexualidad.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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Imagen: boletinargentino.com

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