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Francisco (X): Su posición ante la homosexualidad
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (21 de septiembre de 2014)

El papa nunca dijo "¿Quién soy yo para juzgar a los gais?", como casi todo el mundo cree, sino algo diferente.

Uno de los "bombazos" más sonados que han provocado las palabras del papa Francisco fue su referencia a los gais en la inesperada entrevista concedida en el avión de regreso desde Brasil el 29 de julio de 2013. En entregas previas de nuestra serie ya analizamos la ambigüedad de sus declaraciones en aquella ocasión sobre el aborto (parte III) o sobre la comunión de los divorciados vueltos a casar (parte IV). También hemos visto que las posiciones reales del papa sobre la mujer en la iglesia y el celibato de los sacerdotes son diferentes a la impresión superficial que los medios ofrecen sobre estos asuntos (parte V).


¿Qué dijo exactamente?

Al ser las políticas sobre la homosexualidad uno de los temas estrella de nuestros días, la mayoría de los medios, al informar sobre aquella larga entrevista, destacaron en sus titulares las palabras sobre los gais en estos términos «¿Quién soy yo para criticar a los gais?» (p. ej., El País, 29.7.13). Desde entonces se cita una y otra vez esta frase, que no es literal, para demostrar que Francisco "también" ha revolucionado la posición de su iglesia con respecto a los homosexuales.

Leamos lo que dijo Francisco exactamente, en su contexto:

P. La historia de monseñor Battista Ricca [nombrado por el Papa para controlar el banco del Vaticano y en el centro de una polémica por un supuesto pasado de escándalos sexuales] ha dado la vuelta al mundo. Queríamos saber cómo va a afrontar este asunto y todos los relacionados con el supuesto lobby gay en el Vaticano.

R. Con respecto a monseñor Ricca, he hecho lo que el derecho canónico manda hacer, que es una investigación previa. Y esta investigación no se corresponde con lo que se ha publicado. No hemos encontrado nada. Pero yo querría añadir una cosa sobre esto. Yo pienso que muchas veces en la Iglesia –con relación a este caso o con otros–, se va a buscar los pecados de juventud. Y se publican. No los delitos, los delitos son otra cosa. Los abusos de menores son delitos. Me refiero a los pecados. Pero si una persona –laico, cura o monja– comete un pecado y luego se arrepiente, el Señor la perdona. Y cuando el Señor perdona, olvida. Y esto para nuestra vida es importante. Cuando confesamos, el señor perdona y olvida. Y nosotros no tenemos derecho a no olvidar. Luego usted hablaba del lobby gay. Se escribe mucho del lobby gay. Todavía no me he encontrado con ninguno que me dé el carnet de identidad en el Vaticano donde lo diga. Dicen que los hay. Cuando uno se encuentra con una persona así, debe distinguir entre el hecho de ser una persona gay y el hecho de hacer lobby, porque ningún lobby es bueno. Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para criticarlo? El Catecismo de la Iglesia Católica lo explica de forma muy bella. Dice que no se debe marginar a estas personas por eso. Hay que integrarlas en la sociedad. El problema no es tener esta tendencia. Debemos ser hermanos. El problema es hacer un lobby. De esta tendencia o el lobby de los avaros, de los políticos, de los masones... Tantos lobbys… Este el problema más grande. (Zenit, 30.7.13).


Interpretaciones católicas

Quienes no se limitan a leer los titulares entendieron perfectamente lo que decía el papa. En primer lugar, los católicos consecuentes e informados, como Luis Fernando Pérez:

«Vamos a ver, señores míos, ¿por qué en vez de fijarse en lo de "gay" no leen lo de que "busca al Señor y tiene buena voluntad"? ¿Y desde cuándo es noticia que la Iglesia diga que a los homosexuales hay que integrarles en la sociedad?

»Y ya que el Papa apela al Catecismo, ¿se han leído todos esos histéricos el artículo 2358 del mismo? El mismo afirma que los homosexuales "deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta".

»También dice el Catecismo en su artículo 2359: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana."

»Pues eso, si un homosexual –como un heterosexual– busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿cuál es el problema?» (InfoCatólica, 29.7.13)

O José Luis Restán, quien recuerda: «Ni él [el papa] ni la Iglesia pueden juzgar el corazón de una persona, sea homosexual o no, pero como explica en otro momento, sobre las relaciones homosexuales o sobre su equiparación con el matrimonio "la Iglesia tiene una doctrina clara… y mi postura es la de la Iglesia, yo soy hijo de la Iglesia". Recuerdo una hermosa entrevista al Cardenal Ratzinger pocos meses antes de ser elegido papa, en la que hablaba con gran delicadeza de "tantos homosexuales que buscan el modo de llevar una vida justa". Eso nadie lo destacó» (Páginas Digital, 30.7.13; ver también el editorial de la cadena Cope, 30.7.13. Ya en 1986 Ratzinger escribía: «Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen. Revelan una falta de respeto por lo demás, que lesiona unos principios elementales sobre los que se basa una sana convivencia civil. La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones»).


Homosexuales que leyeron bien… y mal

Aparte de los medios católicos, muy pocos destacaron su mensaje completo, y escasísimos analistas leyeron las declaraciones íntegras. Uno de ellos fue Shangay Lily, activista gay, en un contundente artículo: «En un prodigioso ejercicio de corta y pega disléxico, los medios han entresacado la frase "¿Quién soy yo para juzgar a un gay?" como si el Papa estuviese hablando de los gays y el matrimonio homosexual en general y no de una retorcida respuesta a una pregunta sobre el escandaloso tema de la "mafia gay vaticana" o "lobby gay vaticano"». Añade este autor: «Vamos a ver, lo que ha dicho este Papa tan dicharachero como liante (jesuita al fin) es exactamente lo mismo que viene diciendo la Iglesia en las últimas décadas». Y desde su posición combativa concluye: «No es difícil entender que todo ese circo populachero que está haciendo el jesuita (de algún sitio viene la expresión "es un jesuitín" como sinónimo de hipócrita retorcido) no es más que puro márquetin para encubrir lo de siempre. Cómo cambiar la botella de Coca-cola para seguir vendiendo el mismo refresco. Y en eso la colaboración de los medios capitalistas es muy importante» (Público, 31.7.13).

También algunos dirigentes de la comunidad homosexual argentina, comprendiendo el mensaje de Francisco, expresaron su rechazo hacia el mismo (InfoCatólica, 21.9.13). Y meses después el escritor Martín Caparrós recordó que todo el mundo estaba citando mal al papa, haciéndole decir lo que nunca había dicho (El País, 15.4.13).

Pero han sido la excepción. El activismo homosexual lleva muchos años clamando al Vaticano para que cambie su discurso sobre este asunto, por lo que ante estas expresiones algo novedosas, muchos han visto un giro en la actitud del papado. Incluso la revista gay de Estados Unidos The Advocate lo nombró persona del año (Semana, 18.12.13). Y la Confederación Española de Lesbianas, Gais, Bisexuales y Transexuales (Colegas) opone la posición de la jerarquía católica española a la del supuesto "nuevo evangelio del papa Francisco" (El País, 2.7.14).


Hijo de la iglesia

El propio Bergoglio confirmaba dos meses después el sentido de sus palabras en una entrevista a L'Osservatore Romano (27.9.13): «Durante el vuelo en que regresaba de Río de Janeiro dije que si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo. La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal. Una vez una persona, para provocarme, me preguntó si yo aprobaba la homosexualidad. Yo entonces le respondí con otra pregunta: "Dime, Dios, cuando mira a una persona homosexual, ¿aprueba su existencia con afecto o la rechaza y la condena?". Hay que tener siempre en cuenta a la persona. Y aquí entramos en el misterio del ser humano. En esta vida Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañar con misericordia. Cuando sucede así, el Espíritu Santo inspira al sacerdote la palabra oportuna».

En línea con su habitual estilo comunicativo, Francisco adorna su posición real usando referencias a la tolerancia y la misericordia. Más adelante, reitera su idea de que la práctica homosexual es un pecado inaceptable, pero evita decirlo así remitiendo una vez más a las posiciones oficiales, sin llegar a expresarlas: «No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar».

Esta estrategia comunicativa resulta muy eficaz en un contexto mediático basado en los titulares, los eslóganes y los tuits. Ya hemos visto que con estos recursos Francisco en seguida se convirtió en El papa de los progres. A la vez, los católicos conservadores, que normalmente saben leer y escuchar bien las palabras papales, comprenden perfectamente que Bergoglio no ha cambiado un ápice el fondo de ningún asunto que afecte a su iglesia. Eso sí, de vez en cuando muestran cierta inquietud por su forma de expresarse: «La Iglesia entera, lo cual incluye al propio Papa, debe de plantearse de una vez por todas el mejorar la política informativa para evitar que determinadas declaraciones no sean ocasión para crear confusión entre fieles y no fieles. Sabemos que los medios de comunicación "mundanos" buscan dar titulares espectaculares. Si se lo ponemos difícil, tanto mejor para todos» (Luis Fernando Pérez, InfoCatólica, 21.9.13; negrita en el original). En su celo papista no son capaces de ver que las palabras del papa están muy medidas y calculadas precisamente para generar esos titulares, sabiendo que con ellos atrae a la progresía sin llegar a repeler a los conservadores. Ahí reside la maestría secular del Vaticano.


Una 'movida' del diablo

Como muy bien se encargan de recordar destacados conservadores católicos (o autoridades como en su día Martínez Camino), a las famosas palabras que acabamos de analizar hay que añadir otras pronunciadas por el propio Bergoglio, como las que expresó cuando era cardenal en una carta a monjas carmelitas argentinas: «El pueblo argentino deberá afrontar, en las próximas semanas, una situación cuyo resultado puede herir gravemente a la familia. Se trata del proyecto de ley sobre matrimonio de personas del mismo sexo […]. Está en juego la identidad, y la supervivencia de la familia: papá, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones […]. No se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (éste es sólo el instrumento) sino de una movida del Padre de la Mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios» (InfoCatólica, 8.7.10). Dirigió otra carta similar a un dirigente del laicado católico argentino (Chiesa, 15.11.13).

En aquel tiempo tocaba contundencia; ciertamente ahora su estilo es menos combativo.

En una ocasión el papa Francisco habló de que los hijos de parejas homosexuales son un "desafío educativo" para su iglesia (ABC, 4.1.14). Sus palabras en seguida se interpretaron como permisivas, pero el portavoz de Francisco aclaró su verdadero sentido (Zenit, 5.1.14), obvio para quien lea atentamente y no se deje llevar por el sensacionalismo periodístico.

El cardenal Nolan se ha sumado a este lenguaje más comprensivo al explicar que el papa quiere "estudiar" las uniones homosexuales para "entender" las razones que han llevado a algunos países a legalizarlas; pero puntualizó que eso no quiere decir que el papa esté a favor del matrimonio homosexual, sino que busca "comprender" en lugar de "condenar rápidamente" (Religión Digital [RD], 9.3.14). Es decir, primero comprender, luego condenar.

La posición oficial del Vaticano es apoyar a las organizaciones que ayudan a que los homosexuales católicos vivan en castidad (Zenit, 15.7.14).

Algunos medios informaron de que un joven católico homosexual francés, percibiendo un estilo diferente en este papa, le había escrito una carta contándole cómo había sufrido discriminación desde la infancia por ser gay. Según el joven, Francisco le llamó por teléfono y le dijo: «Tu homosexualidad no es importante. Hay que continuar siendo valientes, continuar creyendo, rezando y comportándose bien». Según la noticia, el portavoz del Vaticano ni confirmó ni desmintió la información (ABC, 6.9.14); según otra fuente, "desmintió absolutamente" que el papa llamara por teléfono al joven (RD, 6.9.13). Estas informaciones confusas y contradictorias ofrecen apoyo a los dos sectores del catolicismo (y de la sociedad en general): a quienes promueven un replanteamiento del asunto homosexual, y a quienes defienden la posición tradicional. Ambos ven en Francisco a su aliado.


El papa excomulgó a un sacerdote pro gay

Significativamente, una noticia importante en relación con el tema pasó muy desapercibida: Francisco excomulgó a un sacerdote australiano que se había manifestado en reiteradas ocasiones a favor del matrimonio homosexual y la ordenación de mujeres. El cura había "dimitido" como párroco en el año 2011 y fue suspendido de su ministerio por su arzobispo, a pesar de lo cual prosiguió celebrando misa públicamente y fundó un grupo llamado Inclusive Catholics. La Congregación para el Clero le abrió un proceso canónico que concluyó con su excomunión, aprobada específicamente por Francisco, el 31 de mayo de 2013 (InfoCatólica, 24.9.14). El dato fue destacado por medios católicos conservadores, con el fin de confirmar el rechazo papal hacia la homosexualidad.

Pero también es cierto que en esta decisión se tuvieron en cuenta aspectos como el que ese cura celebrara misa sin autorización, o que, por lo visto, ofreciera la forma consagrada a un perro en un encuentro de su grupo, lo cual implicó la acusación de herejía y de uso sacrílego de la hostia (The Telegraph, 27.9.13).


¿Aprueba Francisco la adopción por homosexuales?

Según informa Religión Digital (17.3.13), el famoso teólogo liberacionista Leonardo Boff dice «que aunque en muchos aspectos –como lo referente a los anticonceptivos, el celibato y la homosexualidad– Bergoglio como cardenal siguió una línea conservadora, eso se debió tan sólo a la presión del Vaticano y sostiene que hay elementos que indican que el nuevo papa es mucho más liberal. "Hace un par de meses por ejemplo aprobó expresamente que una pareja de homosexuales adoptara un niño. Tiene contacto con sacerdotes que han sido repudiados por la iglesia oficial por haberse casado"».

No sabemos de dónde habrá sacado Boff estas informaciones. En cambio tenemos testimonios directos de que su posición es la contraria. Ante el proyecto de ley que permitiría adoptar niños a los gais, el obispo auxiliar de Malta indicó que cuando habló con el papa sobre esa ley, Francisco se sintió «conmocionado» (algunas fuentes hablan de «shock») y le «alentó a hablar», con el objetivo de oponerse a ella (Infovaticana, 7.1.14).

El Instrumentum laboris elaborado por el Vaticano a partir de consultas a obispos, diócesis e instituciones católicas de todo el mundo como preparación para el sínodo sobre la familia que se celebrará en octubre de 2014, clasifica a las uniones homosexuales entre las «situaciones contrarias al dictado tradicional de la ley natural» (nº 23). El documento insiste en la «compasión» hacia los gais, pero dictamina que «no existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia» (110) y ataca a la ideología de género que, «detrás de la idea de eliminación de la homofobia, en realidad propone una subversión de la identidad sexual» (114). «El gran desafío será desarrollar una pastoral que logre mantener el justo equilibrio entre acogida misericordiosa de las personas y acompañamiento gradual hacia una auténtica madurez humana y cristiana» (118). Es decir, lo que ya dijo Francisco: «Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad…».

El documento también afirma que «las respuestas recibidas se pronuncian en contra de una legislación que permita la adopción de niños de parte de personas en unión del mismo sexo, porque ven en riesgo el bien integral del niño, que tiene derecho a tener una madre y un padre, como ha recordado recientemente el Papa Francisco (cfr. Discurso a la Delegación de la Oficina internacional católica de la infancia, 11 de abril de 2014)». Ahora bien, los niños adoptados por gais pueden ser bautizados y deben ser acogidos «con la misma atención, ternura y solicitud que reciben los otros niños» (120).


Conclusiones

La aprobación legislativa del matrimonio homosexual, en la que España fue pionera, provocó hace unos diez años una gigantesca ofensiva contra este cambio legal, liderada por la Iglesia Católica Romana (ICR). Esta institución ejerció entonces una enorme presión, erigiéndose una vez más en "guardián de la moral social" (ver La polémica sobre el matrimonio homosexual).

En estos tiempos en que la aceptación social de la homosexualidad y del matrimonio gay se han generalizado significativamente, la estrategia comunicativa del papado con respecto a estos temas ha variado. Para eso el colegio cardenalicio eligió a Francisco: para ofrecer una sensación de cambio, incluso de revolución, sin modificar nada sustancial, con el fin de ganar prestigio y liderazgo mundial. Esta estrategia comunicativa está resultando de lo más hábil y eficaz (ya lo hemos analizado en relación con otros asuntos que preocupan a la sociedad: la pederastia, el aborto, los divorciados, la mujer, el celibato, el poder de la ICR…). La prueba es que con sus gestos y declaraciones Francisco mantiene contentos a prácticamente todos los sectores de su iglesia y de la sociedad.

El papa nunca dijo que no era nadie para "juzgar a los gais"; lo que dijo, tomando como referencia el Catecismo de su iglesia, fue que no podía criticar al homosexual que busca a Dios y tiene buena voluntad; ni dijo que Dios aprueba la homosexualidad, sino que aprueba con afecto la existencia de cada persona, aunque sea homosexual. Se ha mostrado en contra de la adopción por parte de parejas homosexuales y ha alentado a sus subalternos a que combatan, como hizo él siendo arzobispo, las leyes de matrimonio gay.

Es evidente que en este asunto ni ha habido ni habrá ninguna modificación significativa con respecto a las posiciones tradicionales de su iglesia; esto es algo que los católicos conservadores saben bien, y por eso apoyan a Francisco. Por su parte, gran parte del activismo gay, tradicionalmente antipapista, ahora concentra grandes esperanzas en el papa renovador. Y los "progres", católicos o no, seguirán conformándose con los gestos de Bergoglio; y cuando finalmente nada cambie seguirán pensando que fue un revolucionario, porque al menos lo intentó.

Nota: Salvo indicación de lo contrario, las negritas de las citas son siempre añadidas.

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Fuentes de las imágenes: semana.com y m.diarioveloz.com.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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