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Francisco (IV): La comunión de los divorciados
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (27 de marzo de 2014)

¿Habrá cambios importantes en la normativa de la Iglesia Católica Romana sobre la prohibición de la comunión a los católicos divorciados y vueltos a casar?

En nuestra entrega anterior explicamos la posición de Francisco ante el tema de aborto, un asunto especialmente grave según las normas católicas, pues comporta la excomunión de quien lo practica o lo propicia. Otro tanto ocurre con los divorciados que se han vuelto a casar, a quienes les está vedada la posibilidad de comulgar.

En abril de 2013, pocas semanas después de que Bergoglio fuera entronizado, el Pontificio Consejo para la Familia comunicó oficialmente que no tenía «ningún fundamento la noticia, difundida por algunos medios de comunicación de que se esté preparando un documento sobre la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar» (Zenit, 25.4.13).

En la entrevista a su regreso de Brasil, en la que tan esquivo se mostró con el tema del aborto, Francisco enunció con claridad la norma tradicional sobre los divorciados vueltos a casar, pero a la vez parecía abrir alguna puerta a nuevas soluciones, lo cual generó muchas expectativas: «En relación con el problema de la comunión a personas en segunda unión, porque los divorciados pueden ir a la comunión, no hay problema, pero cuando viven una segunda unión, no pueden. Creo que es necesario tener en cuenta esto en la totalidad de la pastoral del matrimonio. Y por eso hay un problema. Pero también –un paréntesis–, los ortodoxos tienen una práctica diferente. Siguen la teología de la economía, como lo llaman, y dan una segunda oportunidad, lo permiten. Pero creo que este problema –cierro el paréntesis–, debe ser estudiado en el marco de la pastoral del matrimonio» (Zenit, 30.7.13; añadimos negrita en las citas). En esa misma entrevista también dijo que habría que revisar el «problema judicial de la nulidad de los matrimonios», e indicó que una gran parte de ellos son nulos desde el punto de vista del derecho canónico.

En otras ocasiones Francisco se ha mostrado esquivo con este asunto: «La exclusión de la comunión para los divorciados que viven una segunda unión no es una sanción. Es bueno recordarlo. Pero no he hablado de esto en la exhortación [Evangelii Gaudium(Páginas Digital, 10.12.1).


Doble registro de intervención

El vaticanista Sandro Magister, de línea ratzingeriana, explica muy bien la estrategia papal en este asunto (Chiesa, 12.11.13): «Respecto a las cuestiones que se debaten en relación a la familia, el Papa Bergoglio es de una ortodoxia doctrinal indiscutible: “Conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia”, dijo escuetamente en la entrevista a La Civiltà Cattolica. Pero la exposición de la doctrina la deja a otros, y él se reserva el acercamiento misericordioso del médico de almas, que se inclina sobre los heridos como en un “hospital de campaña”».

Magister explica que se trata de un «doble registro de intervención» típico de Bergoglio. Cuando él habla del tema de los divorciados, «ama resaltar que “la Iglesia es madre y debe recorrer el camino de la misericordia”, suscitando con esto expectativas de cambio de la praxis vigente. Al mismo tiempo, sin embargo, ha confiado al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Gerhard Ludwig Müller, la tarea de confirmar, en todo y por todo, la enseñanza de la Iglesia sobre este tema y, por tanto, las razones del no a la comunión. […] El Papa ha considerado oportuno consolidar los pilares de la doctrina, acordando con Müller tanto la publicación del artículo [de Müller sobre este asunto] en L'Osservatore Romano, como su contemporánea difusión en varios idiomas.»

Los aperturistas se empeñan en resaltar la oposición entre Bergoglio y Müller, pero lo cierto es que éste fue designado cardenal por el propio Francisco, quien además ha prologado un libro suyo. Además, según Magister, está fuera de toda duda que «hay pleno acuerdo entre el Papa y su prefecto de doctrina. Pero esto no es óbice para que […] Francisco siga expresándose a su manera, con esa elección de palabras que es el secreto de su popularidad, pero también el origen de equívocos interpretativos y de un exceso de expectativas». Otro tanto ocurre con las sibilinas referencias “entre paréntesis” por parte de Francisco al segundo matrimonio permitido por las Iglesias ortodoxas (opción rechazada explícitamente por su colaborador Müller) y con la «oscilación comunicativa» en relación a los procesos canónicos de verificación de la nulidad de un matrimonio.

Concluye Magister: «Piloto y co-piloto. Acelerador y freno. La guía del Papa Bergoglio está hecha así». Es lo que algunos venimos denominando Principio de Sí Contradicción, una característica esencial de la praxis y la comunicación papales al menos desde el Concilio Vaticano II, típicamente jesuítica, mediante la cual se consigue fomentar las expectativas entre los aperturistas (que generalmente se conforman con vivir de ilusiones) y a la vez contener a los conservadores.

Esto queda perfectamente ilustrado en estas declaraciones del cardenal Meisner: «En mi última visita al Papa Francisco […] le dije que cuando habla en forma de entrevistas y breves discursos se quedan algunas preguntas abiertas, que para los no iniciados deberían en realidad precisarse más. El Papa me miró fijamente y me dijo que le mencionara un ejemplo. Y mi respuesta fue entonces que a su regreso de Río a Roma, mientras viajaba en el avión, se le mencionó el problema de los divorciados vueltos a casar. Entonces el Papa simplemente me respondió: “Los divorciados pueden comulgar, pero no así los divorciados vueltos a casar. En la Iglesia Ortodoxa se pueden casar dos veces”. Hasta ahí su declaración», explica Meisner.

Y continúa: «Luego habló de la misericordia que, sin embargo, a mi modo de ver, y así se lo dije, en este país siempre se interpreta como un sustituto de todas las posibles faltas del hombre. Y el Papa me respondió muy enérgico que era un hijo de la Iglesia Católica, y que él no dice otra cosa que lo que la Iglesia enseña. Y la misericordia debe ser idéntica a la verdad, de lo contrario no merece el nombre de la misericordia. Y, por lo demás, él me dijo expresamente que cuando ciertas cuestiones teológicas se mantienen abiertas, entonces la importante Congregación para la Doctrina de la Fe está ahí, para aclarar y formular detalladamente» (InfoCatólica [IC], 27.12.13).

Fernando Sebastián, nombrado cardenal por Francisco recientemente, declaró: «Los divorciados vueltos a casar que sufren de verdad por no recibir la eucaristía no son muchos porque si uno desea recibir la eucaristía sabe muy bien lo que tiene que hacer» (IC, 28.2.14). Significativamente, ni siquiera un ultraconservador como él se atreve a explicar qué deben hacer, que según la doctrina católica sería confesarse, arrepentirse y dejar de convivir con su pareja actual (con la cual está adulterando, de acuerdo con la enseñanza católica). Y esto seguramente Francisco y su equipo no lo cambiarán, aunque buscarán fórmulas para contentar a la feligresía, aunque sólo sea con esperanzas.

Mientras tanto, los medios aperturistas destacan palabras del papa que, bien leídas en su contexto, no dicen nada de cambios en la normativa, pero despiertan grandes ilusiones: “Francisco pide ‘acompañar’ a los divorciados: ‘¡No condenéis! Caminad con ellos’” (Religión Digital, 28.2.14).


El fondo del asunto

El sínodo de obispos que se celebrará el próximo octubre en el Vaticano será monográfico sobre la familia; en él se concretarán las posiciones del papa y de la jerarquía romana. Recientemente el cardenal Kasper, sin duda con aprobación del papa, ha adelantado algunas de las líneas que marcarán la posición sobre este asunto (Chiesa, 1.3.14).

Resulta muy interesante que Kasper compare la situación actual con la que se dio en el Concilio Vaticano II, cuando «existían sobre la cuestión del ecumenismo o de la libertad religiosa, por ejemplo, encíclicas y decisiones del Santo Oficio que parecían excluir otras vías». Aunque la percepción general es que aquel Concilio dio un giro radical en la concepción de la Iglesia Católica Romana sobre estos temas, el caso es que consiguieron aprobar las nuevas resoluciones «sin violar la tradición dogmática vinculante» (ver Ecumenismo y autoridad). Igualmente parece que hoy con el tema de los divorciados se buscará una fórmula de apaño, muy propia del Principio de Sí Contradicción.

Kasper, con la aprobación del papa, lo plantea de forma muy radical: «Necesitamos un cambio de paradigma», y propone dos fórmulas con las que algunos divorciados puedan participar de un modo u otro de la comunión: una contempla la «generosa ampliación del procedimiento de nulidad del matrimonio», pero Kasper reconoce el riesgo de que esta vía ofrezca «la peligrosa impresión de que la Iglesia procede de manera deshonesta concediendo lo que en realidad son divorcios». Entonces abre otra vía que también reconoce que «no sería una solución general»: «que los divorciados vueltos a casar no pueden recibir la comunión sacramental, pero pueden recibir la espiritual». Y a continuación trata de explicar las sutilezas de tal solución.

Como la inmensa mayoría de los periodistas y del público en general no tiene formación en asuntos religiosos, simplifican las cuestiones ajustándose a la tópica dicotomía “progresismo versus conservadurismo”. En este caso, parecería que favorecer la comunión a algunos divorciados sería un progreso. El problema es que las soluciones que plantean Francisco y Kasper no se basan en absoluto en el evangelio, sino en dos pilares tradicionales e inamovibles del catolicismo romano, ambos relacionados con la concepción sacramental del matrimonio y de la comunión.

Uno de estos pilares es el derecho canónico, el cual, con tal de negar el divorcio en absolutamente todos los casos (frente a lo que dijo el propio Jesús sobre el tema), establece el recurso de la “anulación del matrimonio”, un planteamiento antibíblico que ya explicamos en Un desprecio al matrimonio.

El otro pilar es la concepción sacramental de la comunión. Si, eventualmente, el papado ingeniara alguna solución a la imposibilidad de que los divorciados vueltos a casar comulguen, eso desde luego podría traer consuelo a las conciencias de sinceros católicos que se encuentren en esa situación, y se interpretaría como un avance; pero la concepción de la eucaristía (que es el fondo la cuestión) seguirá siendo la misma de siempre: un sacrificio incruento del cuerpo real de Cristo, presente en la hostia por medio de la consagración que hace el sacerdote. No es un avance mantener enseñanzas tan contrarias a la Escritura.


Contentando a todos

Lo que hasta ahora es obvio es que en sus declaraciones directas el papa mantiene su imagen reformista; pero encarga a otros que comuniquen la posición real de su iglesia. Francisco sabe mejor que nadie, pero la gente en general no lo tiene en cuenta, que el papado se debe a su historia, su tradición y sus formulaciones dogmáticas y doctrinales. Además, tampoco puede permitirse perder fieles “por la derecha” con cismas del estilo del de Lefevbre. Desde posiciones conservadoras ya hay críticas, muy bien fundadas y argumentadas, a las propuestas de Kasper, como la del sacerdote Javier Olivera quien, como siempre, carga toda la responsabilidad del desastre sobre Kasper y exculpa a Francisco (Que No Te La Cuenten, 7.3.14).

Por eso nada sustancial cambiará. Pero mediante un lenguaje muy calculado y sopesado (que muchos ingenuamente consideran espontáneo) y mediante sutilezas canónicas y ambigüedades normativas, Francisco y su equipo logran magistralmente que al final todos, bien por identificarse con su “confirmación de la fe” tradicional, bien con la esperanza de que haga reformas profundas, tengan al papa como principal referente espiritual y moral. Pues esa es la cuestión, ni más ni menos.

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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