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Francisco (III): ¿Qué pasa con el aborto?
© Guillermo Sánchez
www.laexcepcion.com (23 de marzo de 2014)

¿Hay alguna diferencia entre la posición de Francisco sobre el aborto y la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica Romana?

Preocupa mucho la posición oficial de la Iglesia Católica Romana (ICR) sobre asuntos como el papel de la mujer, la homosexualidad, el aborto y el divorcio; a los católicos practicantes, por razones obvias; a la sociedad en general, por cómo la influencia de la jerarquía de esta iglesia pueda afectar a las leyes civiles.

Si se hiciera una encuesta a la población en general sobre la posición de Francisco en cuestiones de sexualidad, aborto y divorcio, es muy probable que muchos de los encuestados destacaran que este papa se caracteriza por haber situado en un segundo plano estos asuntos, poniendo más énfasis en temas como la justicia social o el amor de Dios. Sin duda, muchos también trazarían un contraste entre cómo ha abordado estos temas Bergoglio y cómo los trataba su predecesor Ratzinger. Si la comparación se hiciera entre el papa y la jerarquía católica española, la población seguramente percibiría un contraste todavía mayor.

Pero quien no se deje guiar sólo por los titulares de la prensa, sino que tenga por costumbre leer lo que el papa escribe y pronuncia, sabrá que el discurso de Bergoglio sobre el matrimonio y la sexualidad es idéntico al de sus predecesores: en diversas declaraciones ha dicho que se debe «testimoniar la naturaleza auténtica del matrimonio y de la familia, la santidad y la dignidad inviolable de la vida humana, la belleza y la verdad de la sexualidad humana» (La Razón, 10.8.13). Los jóvenes están invitados «a comprender y valorar la importancia “de la pureza y de la virginidad”, a través del ejemplo de Santa Agueda, virgen y mártir, y a los recién casados se les sugiere entender “el papel de la mujer en la vida familiar”» (La Razón, 5.2.14). La familia «es la célula básica de la sociedad humana. El Creador ha bendecido desde el principio al hombre y a la mujer para que fueran fecundos y se multiplicaran sobre la tierra […]. Hoy, la familia es despreciada, es maltratada» (InfoCatólica [IC], 20.2.14).


El papa esquivo

En la entrevista a su regreso de la Jornada Mundial del Papa, se le preguntó: «En Brasil han aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y ha permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no ha hablado sobre esto?». Una ocasión ideal para formular con contundencia la doctrina católica sobre el asunto, que no considera al aborto como un pecado más. En cambio Francisco respondió: «La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso. No era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé sobre la estafa o la mentira, u otras cosas, en las cuales la iglesia tiene una doctrina clara». La periodista insiste: «Pero es un asunto que interesa a los jóvenes…», y él contesta: «Sí, pero no era necesario hablar de eso, sino de las cosas positivas que abren camino a los chicos, ¿no es cierto? Además los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia». «¿Cuál es la postura de su Santidad, puede hablarnos?», insiste ella. Y el papa concluye: «La de la Iglesia. Soy hijo de la Iglesia» (Zenit, 30.7.13; añadimos negritas en las citas).

Esta entrevista, en la que Francisco abordó abiertamente diversos temas polémicos, fue portada de los diarios de todo el mundo. Es obvio que el papa quería transmitir un mensaje aperturista que cautivara a los colectivos discrepantes con el Vaticano, de modo que evitó afirmaciones tajantes sobre las cuestiones que preocupan a la mayoría de la sociedad. Esto lo evidencia la referencia de Francisco, totalmente fuera de lugar, a la estafa y la mentira, pues obviamente son temas acerca de los cuales no hay debate social, y la posición oficial del catolicismo es básicamente la misma que la del conjunto de la sociedad y la de todas las leyes. Además, la ICR no condena en la misma medida a los estafadores y los mentirosos que a los que practican y propician el aborto, pues el derecho canónico establece para estos la pena de excomunión, una medida que esta iglesia aplica prevé para muy pocos pecados.

El caso es que la prensa en general recibió entusiasmada el talante del nuevo papa. Se aventuraron elucubraciones sobre importantes cambios doctrinales, o como mínimo se agradeció que el papa, aun conservando la doctrina, manifestara una actitud más abierta y no condenatoria. A la vez los conservadores, aunque algo inquietos por las evasivas, podían aferrarse a que el papa remitía a “la enseñanza de la Iglesia”, con lo cual no introducía nada nuevo. Y tenían razón. Pero lo que caló en la sociedad fue el “cambio”.

Unas semanas después Francisco concedió una entrevista a varias revistas de los jesuitas; en ella  insistía en dar una imagen aperturista sobre los divorciados vueltos a casar, las parejas homosexuales y «otras situaciones difíciles». Los medios destacaron mucho estas palabras suyas: «No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar».

Pero en general la prensa pasó por alto que la solución que ofrece Francisco para estas conductas, que obviamente considera graves pecados, es acudir al confesonario, una práctica poco popular en la sociedad: «Esta es la grandeza de la confesión: que se evalúa caso a caso, que se puede discernir qué es lo mejor para una persona que busca a Dios y su gracia. El confesionario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo mejor que podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?» (L'Osservatore Romano, 27.9.13). Observemos que el papa, aunque se preocupa por la situación psicológica y espiritual de la joven abortista, en absoluto rebaja con sus palabras la concepción pecaminosa del aborto.


El horror de los “sacrificios humanos”

Posteriormente en varias ocasiones Francisco ha expresado con claridad la enseñanza papal sobre el aborto: ha invitado a los fieles a defender la vida «ya desde el vientre materno» (La Razón, 12.8.13); ha dicho que «cada niño que no ha nacido, pero injustamente condenado a ser abortado, tiene el rostro de Jesucristo» (IC, 20.9.13) y que hay que defender la vida «desde el vientre de la madre hasta el fin en esta tierra» (La Razón, 3.2.14). Como apoyo a una marcha antiabortista, Francisco envió el siguiente tuit: «Rezo por la Marcha por la Vida en Washington. ¡Qué Dios nos ayude a respetar siempre la vida, especialmente la de lo más débiles!» (Zenit, 24.1.14). También bendijo una marcha similar en París (Zenit, 28.1.14). Al conocer las cifras de abortos en España, dijo que se quedó «helado» (IC, 28.2.14). Y ha denunciado: «Por desgracia, objeto de descarte no es sólo el alimento o los bienes superfluos, sino con frecuencia los mismos seres humanos, que vienen descartados como si fueran cosas no necesarias […]. Por ejemplo, suscita horror sólo el pensar en los niños que no podrán ver nunca la luz, víctimas del aborto» (ABC, 13.1.14), palabras que suscitaron el entusiasmo y agradecimiento de los sectores más conservadores (IC, 13.01.14).

Francisco llegó a hablar del aborto en términos muy duros y gráficos, cuando en una alocución comparó la globalización con la imposición de cultos paganos; dijo que el mundo sufre una «uniformidad hegemónica», «el pensamiento único, que es fruto de la mundanidad» promovida por «el demonio, príncipe de este mundo». Entonces preguntó: «¿Vosotros pensáis que hoy no se hacen sacrificios humanos? ¡Se hacen tantos, tantos! Y hay leyes que los protegen» (ABC, 18.11.13). Una referencia obvia al aborto, más dura que las pronunciadas por Ratzinger o Rouco, pero evitando el uso de la palabra “aborto”. Los conservadores, contentos por la contundencia; los aperturistas, felices por la delicadeza de evitar una condena muy explícita.

En la exhortación Evangelii Gaudium (213-214) Bergoglio escribe: «Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. Frecuentemente, para ridiculizar alegremente la defensa que la Iglesia hace de sus vidas, se procura presentar su postura como algo ideológico, oscurantista y conservador. Sin embargo, esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano. […] La sola razón es suficiente para reconocer el valor inviolable de cualquier vida humana, pero si además la miramos desde la fe, “toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre”» […]. No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión. Quiero ser completamente honesto al respecto. Éste no es un asunto sujeto a supuestas reformas o “modernizaciones”. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es verdad que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy duras, donde el aborto se les presenta como una rápida solución a sus profundas angustias, particularmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como producto de una violación o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de comprender esas situaciones de tanto dolor?». Condena claramente el aborto como crimen, pero a la vez sitúa al final del pasaje el toque compasivo. Puro estilo Bergoglio.

Para mayor confusión, ha habido hasta “errores” de traducción en una entrevista con el papa (ver IC, 26.9.13). Confusión que, paradójicamente, contribuye, una vez más, a satisfacer a todos.


Conclusiones

Francisco tardó varios meses en hablar sobre el aborto. Sus primeras declaraciones, en una entrevista que suscitaba una gran expectación, fueron intencionalmente ambiguas y esquivas, pues así se marcó una imagen aperturista que los medios recibieron con entusiasmo. Como se puede comprobar, son muchas más las veces en que Francisco ha hablado de forma clara y contundente en contra del aborto, considerándolo un pecado y un crimen horrendo. Pero los medios de masas, empeñados en no estropear la imagen “revolucionaria” de Francisco, no las han publicado en las portadas y apenas se han hecho eco de ellas (excepto los medios católicos más conservadores, bastante minoritarios).

Por supuesto, la ICR, como cualquier otra organización, tiene toda la legitimidad para exponer públicamente su posición sobre este tema y cualquier otro. Algunos de los argumentos que aportan para defender la vida del feto y su condición de ser humano son serios y documentados, dignos de tenerse en cuenta. Pero lo que más nos preocupa a muchos es el carácter dogmáticamente intransigente que a veces muestran, tratando de imponer todos los extremos de sus doctrinas a los legisladores en los países en que gozan de un peso político destacado, cuando la cuestión es más compleja y delicada de como ellos la presentan.

En cualquier caso, hay que destacar la coherencia, incluso el valor, de los católicos que defienden los principios de su confesión religiosa sobre el tema. Muchas veces exigiendo desesperadamente esa misma coherencia en la jerarquía de su iglesia (p. ej., pidiendo la excomunión explícita, y no sólo implícita, de los abortistas), y dándose de bruces con una incongruencia y una ambigüedad que no entienden. Eso sí, si el papa no actúa según ellos entienden que debería actuar, siempre atribuirán a otros este pecado, exculpando al responsable máximo (ver p. ej. algunos artículos de Luis F. Pérez en InfoCatólica: 15.10.10, 20.5.11, 21.6.11, 27.11.11). No entienden que la jerarquía de su iglesia no pocas veces instrumentaliza políticamente el tema de aborto en interés propio

Por ejemplo, en 2001 Juan Pablo II ofreció la comunión personalmente a Francesco Rutelli, que había sido uno de los defensores más activos de la ley del aborto en Italia. Otro ejemplo: durante la campaña electoral estadounidense de 2004 el entonces cardenal Ratzinger emitió un documento 166_PapalNuncio.jpg - 69469 Bytessobre la «dignidad para recibir la Sagrada Comunión», en el que se admitía que un político que defendiera la pena de muerte y la guerra «no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión»; pero no podría recibirla, sin embargo, si defendiera el aborto y la eutanasia. De esta forma el Vaticano apoyó al antiabortista protestante Bush y desaprobó al católico Kerry. Pero en 2006 Kerry, sin dejar de ser pro aborto, recibió la comunión de manos del nuncio del ya entonces papa Ratzinger (Tradition in Action, 17.7.06). Y ese mismo papa recibió con los brazos abiertos a Tony Blair cuando se convirtió al catolicismo, a pesar de ser firme promotor del aborto (ver nuestra apostilla; otro ejemplo de instrumentalización: Cofradías y aborto: nueva victoria de la jerarquía eclesiástica).

¿Se puede considerar que lo del aborto sea un principio no negociable para la ICR?

Para escribir al autor: guillermosanchez@laexcepcion.com
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